En estadios tempranos (ET) de la enfermedad de Chagas (ECh)
crónica se comprobó un estado protrombótico. La viscosidad
sanguínea total (hse),
plasmática (hp)
y relativa (hR), podría
afectar a la clásica tríada de Virchow implicada en el proceso
trombótico. El objetivo de este trabajo fue estudiar las variaciones
de la hse, hp y hR en ET del período crónico (cr) de la ECh, clase funcional Ib y
II de Puigbo, al compararlos con voluntarios sanos (VS). Se reclutaron 42 chagásicos
cr: 12 varones (V) y 30 mujeres (M) con edad promedio (EP) de 32,5±6,7
años y 21 VS (10 V y 11 M) con EP de 24,2±5,6 años. Se
extrajo sangre venosa con EDTA disódico para estudiar hse,
y con citrato trisódico al 3,13% (dilución 1/9) para determinar hp. Para medir hse se utilizó un viscosímetro de plato cono (Brookfield) a velocidad
de corte (grado de cizallamiento de 23 seg-1).
La hp se valoró
con viscosímetro de Harkness. El valor de hR se obtuvo con la fórmula: hR=hse/hp.
Las determinaciones se realizaron a 37°C ajustando el hematócrito
al 40% (similar condición a la basal). Las medias (0), desvíos
estándar (DE), valor máximo (Max), mínimo (Min) e intervalos
de confianza (IC 95%) se expresan en centipoise. El análisis estadístico
utilizó el test U de Mann Whitney, con p significativa < 0,05. No
hubo modificaciones en la viscosidad sanguínea hse, hp y hR en estadios Ib y II de la ECh crónica.
Rev Fed Arg Cardiol 2003; 32: 500-505
La enfermedad de Chagas es una afección parasitaria,
hística y hemática, producida por el protozoo flagelado Trypanosoma
cruzi, un hematófilo que anida y se reproduce en los tejidos.
Esta infección es trasmitida por insectos hemípteros, hematófagos
de la subfamilia triatomidae, siendo el más frecuente en el ciclo nosogénico
en la Argentina el Triatoma infestans, adaptado
y fijado ecológicamente en la vivienda humana. A la vía de contaminación
vectorial sigue, en orden de importancia, la vía transfusional que constituye
la forma más frecuente de contagio en los grandes centros urbanos [1-3]. Esta patología depende epidemiológicamente de la
presencia del parásito, del agente vector y del huésped (hombre,
animales domésticos y silvestres).
De acuerdo con lo constatado por la Organización Mundial
de la Salud (OMS), la enfermedad de Chagas es la enfermedad tropical más
frecuente en América Latina. Existen alrededor de 90 millones de personas
expuestas al riesgo de padecer la infección por habitar zonas endémicas
en convivencia con el agente vector, y se calcula que 24,7 millones están
parasitados por el Trypanosoma cruzi [1-3].
La enfermedad de Chagas se limita al continente americano y está ampliamente
difundida en América Latina. Su distribución geográfica
se extiende desde el paralelo 40° de latitud norte (al sur de Estados Unidos
de América) hasta el paralelo 45° de latitud sur (Argentina y Chile) [4]. En Argentina, con una población estimada
en 33 millones de habitantes [5], 6,3 millones
de personas viven en áreas de alta endemicidad [6] expuestos al contagio, y se estiman en alrededor de 3 millones los habitantes
infectados [1]. En nuestro país, donde la
lesión visceral más frecuente afecta al corazón, existe
la probabilidad de que 750.000 enfermos desarrollen alteraciones cardíacas
de diverso grado a lo largo de su vida, con una incidencia de 60.000 casos nuevos
por año [1].
La etiopatogenia de esta enfermedad es multifactorial, sin que
ninguno de los factores involucrados explique por sí mismo el inicio
y progresión de las lesiones orgánicas. En su evolución
natural se distinguen un estadio agudo oligosintomático, un estadio indeterminado
o precoz del estadio crónico asintomático, y un estadio crónico
avanzado sintomático [7]. En el estadio
avanzado de la enfermedad son frecuentes las complicaciones tromboembólicas
pulmonares y eventualmente sistémicas por embolia paradójica,
que se producen por desprendimientos de émbolos provenientes de trombos
formados a nivel central en zonas disquinéticas y/o en aneurismas de
las cavidades cardíacas derechas, como así también de émbolos
que se desprenden de trombosis localizadas generalmente en el territorio venoso
de la vena cava inferior, causantes de considerable morbimortalidad [8-12].
En términos fisiopatológicos, en el proceso trombótico
se han implicado una serie de factores, clásicamente resumidos en la
tríada de Virchow:
a) estasis y alteración del flujo sanguíneo;
b) lesión del endotelio;
c) presencia de potencialidades trombóticas [6,13,14].
El objetivo de este trabajo fue estudiar las variaciones de
la viscosidad sanguínea total (hse),
plasmática (hp)
y relativa (hR) en estadios
tempranos del período crónico de la enfermedad de Chagas, clase
funcional Ia, Ib y II de la clasificación de Puigbo y colaboradores [15],
y compararlos con voluntarios sanos.
MATERIAL Y METODO
Desde marzo de 1996 hasta marzo de 2003 fueron reclutados 42 chagásicos
crónicos (12 varones y 30 mujeres) con edad promedio de 32,5±6,7
años, y se los comparó con 21 voluntarios sanos (10 varones y
11 mujeres) con edad promedio de 24,2±5,6 años. El estudio fue
aprobado por el Comité de Docencia del Hospital Centro de Salud "Zenón
J. Santillán" de Tucumán. Previo su ingreso al estudio se
obtuvo el consentimiento informado de los pacientes y controles. Ninguno de
ellos había recibido tratamiento antiparasitario. Dieciséis pacientes
(38%) provenían de zonas rurales y 26 (62%) residían en el área
urbana.
El grupo control fue seleccionado en base a un muestreo accidental
de voluntarios estudiantes del último año de Medicina de la Universidad
Nacional de Tucumán. Se les aplicaron las mismas pruebas que a los chagásicos.
Los datos demográficos y las pruebas realizadas en ambos grupos se presentan
en la Tabla 1.

Criterios de inclusión
Los pacientes debían ser serológicamente positivos a dos reacciones
para detectar IgG, valor de corte (VC) para ambas >1:32 y estar en clase
funcional Ia, Ib o II de la clasificación de Puigbo y colaboradores [15] (Tabla 2). Para evaluar la disfunción autonómica del aparato
cardiovascular en la enfermedad de Chagas crónica se tomó como
modelo el protocolo denervatorio para la investigación de trastornos
autonómicos propuesto por la FEDERACIÓN ARGENTINA DE CARDIOLOGÍA
(FAC), aplicando los valores de referencia de Ewing [16].

Criterios de exclusión
- Presencia de trombosis venosa profunda diagnosticada por
flebografía radioisotópica bilateral por criterios internacionales [17] y/o presencia de embolia de pulmón
por patrón gammagráfico ventilación/perfusión
(V/Q) anormal diagnosticada utilizando los criterios convencionales del PIOPED [18], realizadas con gammacámara Spect
Elcint modelo SPx4.
- Presencia de insuficiencia venosa profunda constatada por
flebografía radioisotópica bilateral utilizando también
criterios internacionales [17].
- Presencia de imágenes compatibles con trombos intracavitarios
detectados por ecocardiograma Doppler (Vingt-Med 800) [19].
- Coagulograma anormal evaludo por:
a) recuento de plaquetas, valor de referencia (VR) 150.000 a 400.000/µL
(método directo de Brecker y Cronkite);
b) tiempo de sangría, VR < 4 min 30seg (método de Ivy);
c) tiempo de tromboplastina parcial activado, VR 35 a 50seg (método
de Bell y Alton);
d) tiempo de protrombina, VR 70 a 120% (método de Quick);
e) tiempo de trombina, VR 18 a 22seg (método de Hougie).
- Presencia de otra enfermedad de base con o sin medicación.
- Laboratorio de rutina anormal evaluado por:
a) hemograma completo con índices hematimétricos (con contador
hematológico Coulter AcT-10);
b) eritrosedimentación (método de Wetergreen);
c) urea (método enzimático colorimétrico);
d) creatinina (método de Hare);
e) transaminasa glutámico oxalacética (TGO), transaminasa glutámico
pirúvica (TGP) y fosfatasa alcalina (FA) (método cinético
optimizado);
f) glucemia, colesterolemia y trigliceridemia (métodos enzimáticos);
g) orina completa.
- Evidencia de proceso patológico intercurrente 30 días
previos al estudio con o sin medicación.
- Presencia de factores de riesgo no trombofílicos para
enfermedad tromboembólica venosa:
a) edad mayor 40 años;
b) presencia de várices según la clasificación del CEAP [20];
c) antecedentes personales de enfermedad tromboembólica venosa;
d) índice de masa corporal > 30 kg/m2;
e) cáncer;
f) terapia oncológica;
g) inmovilización prolongada (mayor de 4 días);
h) infarto de miocardio;
i) insuficiencia cardíaca;
j) accidente cerebrovascular;
k) síndromes mieloproliferativos;
l) síndrome nefrótico;
m) embarazo y puerperio;
n) estrogenoterapia (sustitutiva o terapéutica).
- Fibrilo-flutter auricular crónico.
Del análisis de los criterios de inclusión y exclusión
aplicados en este trabajo surge claramente que fueron limitantes del tamaño
de la muestra.
Se extrajo sangre venosa con EDTA disódico para estudiar hse y con citrato trisódico
al 3,13% (dilución 1/9) para determinar hp.
Para medir hR se utilizó un viscosímetro plato cono (Brookfield)
con una velocidad de corte (grado de cizallamiento de 23 seg-1).
La hp se valoró
con viscosímetro de Harkness de flujo por capilaridad a un vacío
constante. El valor de hR se obtuvo con la fórmula: hR=hse/hp.
Las determinaciones se realizaron a 37°C, ajustando el hematócrito
al 40% (similar condición a la basal).
Para determinar los valores del fibrinógeno se empleó
el método de Claus, promedio de tres determinaciones.
Análisis estadístico
Los datos demográficos y las pruebas utilizadas para clasificar a los
chagásicos crónicos y a los controles se describen mediante su
frecuencia, con excepción de la edad, para la cual se emplea la media
(0) y la desviación estándar (DE).
El análisis estadístico utilizó el test
U de Mann Whitney. En la significación de las diferencias se tuvo en
cuenta un valor de p<0,05.
RESULTADOS
Los valores obtenidos en las mediciones de las viscosidades se expresan en centipoise,
tanto en el grupo de chagásicos crónicos como en el grupo control
(Tabla 3).

La viscosidad normal en sangre entera es 4 centipoise respecto
del agua; la viscosidad plasmática normal es 1,8 centipoise respecto
del agua; la viscosidad relativa es 2,2.
DISCUSION
En la historia natural de la enfermedad de Chagas generalmente no existen fenómenos
trombóticos [21] en los estadios tempranos
del período crónico; los mismos se producen con frecuencia en
el estadio avanzado sintomático de esa patología, correlacionándose
a nivel central con la presencia de alteraciones contráctiles segmentarias,
aneurismas e insuficiencia cardíaca, y a nivel periférico con
factores de riesgo trombótico [7]. Sin embargo,
nuestro grupo de trabajo, a través de marcadores de trombosis, demostró
la existencia de un estado protrombótico [22] que avala el inicio de una activa trombogénesis.
Se entiende como estado hipercoagulable a la presencia de potencialidades
trombóticas que activan al endotelio y a los elementos formes de la sangre,
principalmente a las plaquetas, que favorecen la cinética plasmática
que lleva a la formación de trombina, que perturban la actividad fibrinolítica
y que producen alteraciones hemorreológicas con fenómenos de turbulencia
que predisponen a la formación del trombo [23].
Para ser consideradas como un factor de riesgo, dichas potencialidades trombóticas
deben cumplir con los criterios de causalidad de una variable [24].
Los factores de riesgo trombótico generalmente no son similares para
cada lecho vascular, arterial o venoso, ya que cada uno de ellos tiene una expresión
morfológica y funcional diferente aunque existen factores comunes para
ambos [23].
El aumento de la viscosidad sanguínea es una potencialidad
trombótica y su posible rol en la etiopatogenia de la enfermedad tromboembólica
venosa ha sido exhaustivamente investigado desde los clásicos trabajos
de Dormandy [25]. Sin embargo, la relación
existente entre el incremento de la viscosidad sanguínea total, plasmática
y relativa con la trombogénesis venosa aún no es del todo conocida [26,27].
Las teorías aceptadas actualmente son las que conceden
a las características del flujo sanguíneo y a su interacción
con el endotelio y la pared vascular un papel relevante en la génesis
trombótica [28].
El comportamiento no "newtoniano" de la sangre y,
por lo tanto, su variación en función de las tensiones a las que
se ve sometida, hacen que la viscosidad sanguínea se incremente conforme
disminuye la tensión de cizallamiento [29].
En condiciones de estasis, la tensión de cizallamiento en el árbol
venoso es menor, incrementando la viscosidad sanguínea y la agregabilidad
eritrocitaria lo cual, a su vez, enlentece aún más el flujo, creando
un círculo vicioso [30]. También
el disturbio hemorreológico ha sido relacionado con lesiones microcirculatorias
ligadas al estasis [31-33]. La microangiopatía
venular con dilatación y aumento de la permeabilidad capilar y los fenómenos
inflamatorios endotelio-parietales condicionarían la liberación
del fibrinógeno y de citoquinas inflamatorias que favorecen el estasis
e incluso podrían promover anomalías de la fibrinólisis [32], aunque la fleboinflamación en la enfermedad
tromboembólica venosa es un hallazgo controvertido [34].
Se ha sugerido la existencia de viscorreceptores vasculares
cuya disfunción incrementaría la viscosidad y la resistencia periférica,
aunque la existencia de tales viscorreceptores aún no ha sido demostrada
cabalmente [35]. Por lo tanto, las anormalidades
hemorreológicas tienen un origen multifactorial en el cual participan
fenómenos sanguíneos, plasmáticos, endotelio-parietales
y hemodinámicos.
Nuestro grupo de trabajo, sin embargo, demostró con un
modelo experimental de pletismografía hidráulica que la distensibilidad
venosa en estadios tempranos de la enfermedad de Chagas crónica no se
encontraba alterada [36]. También señalamos,
con estudios de microscopía electrónica, que en condiciones similares
no existía lesión endotelial ni fenómenos inflamatorios
en la pared venosa [37]. Además, al evaluar
el estado protrombótico con marcadores específicos de la fibrinólisis,
demostramos que no existían alteraciones en la misma [22].
La viscosidad plasmática depende de la concentración,
estructura y peso molecular de sus componentes, particularmente de las proteínas [38], y al ser el fibrinógeno la glicoproteína
más importante del plasma sanguíneo, es factor dominante de la
viscosidad y cofactor de la agregación plaquetaria [39].
El fibrinógeno es un componente sanguíneo lábil cuya concentración
plasmática se modifica, particularmente con elevación de su concentración
en relación con: incremento de la edad, nutrición cualitativamente
deficiente, hábito de fumar, índice de masa corporal, inactividad
física, valores plasmáticos elevados de LDL y Lpa, incremento
del recuento leucocitario (particularmente de monocitos) y menopausia. Los incrementos
pueden ser fijos o progresar, como ocurre en la diabetes y sus complicaciones,
o ser circunstanciales luego de traumatismos, quemaduras extensas y cirugía
mayor reciente. Surge como reactante de fase aguda en infecciones sistémicas
(bacterianas o virales), algunas discrasias sanguíneas y en los blastomas [40]. Por lo tanto, ante cualquier comprobación
de hiperfibrinogenemia se impone analizar la posible confluencia de factores
pertinentes para poder detectar el causante prevalente y descartar o tomar en
cuenta aquellos simplemente condicionantes.
La variable edad es un factor de riesgo trombótico a
partir de los 40 años; por lo tanto, la diferencia de edad encontrada
entre chagásicos crónicos y controles fue desestimada. El predominio
del sexo femenino entre los integrantes de la muestra también fue desestimado
porque el sexo per se no sería un factor
de riesgo trombótico independiente en mujeres jóvenes, premenopáusicas
y que no reciben terapéutica hormonal de ninguna índole. La viscosidad
sanguínea y plasmática no difiere en hombre y mujeres jóvenes [26].
Según un reciente metaanálisis de importantes
estudios prospectivos, el fibrinógeno aumenta el riesgo de enfermedad
cardiovascular, incluida la trombosis venosa, con un índice de probabilidad
patogénico (odds ratio 2,3; IC 1,9-2,8),
es decir, con una correlación absolutamente ratificada [40].
Storino y colaboradores [40], en
una cohorte de pacientes chagásicos en períodos iniciales de la
patología que nos ocupa, encontraron un aumento significativo de los
niveles de fibrinógeno respecto de los controles. Estos hallazgos no
se correlacionan con los del presente trabajo en el cual la determinación
promediada de fibrinógeno fue 314,1mg/dL en los pacientes chagásicos
y 299,5mg/dL en los voluntarios sanos, diferencia estadísticamente no
significativa (p = NS).
CONCLUSIONES
En nuestro trabajo no se detectaron incrementos de la viscosidad sanguínea
total, plasmática y relativa en los estadios tempranos (Ib y II) de la
clasificación de Puigbo y colaboradores de la enfermedad de Chagas crónica,
lo cual sugeriría que dicha variable no intervendría precozmente
en la etiopatogenia de las complicaciones tromboembólicas venosas.
SUMMARY
BLOOD VISCOSITY IN EARLY STAGES OF CHRONIC CHAGAS' DISEASE
In early stages of chronic Chagas's
disease a prothrombotic state was proved. Total blood viscosity (h tb) as well as the plasmatic (hp)
and the relative (h R)
ones, could affect the Virchow triad involved in the thrombotic process.
Objective. To study the variations of the h tb, h p and h R in early stages (functional class Ia, Ib and II) of the chronic period
of Chagas' disease (Puigbo et al), and compare them with healthy volunteers.
Material and methods. We included 42 chronic Chagas' disease patients (32.5±6.7
years), 12 men and 30 women, and 21 healthy volunteers (24.2±5.6 years), 10
men and 11 women. We used venous blood samples treated with EDTA to study h tb, and with trisodic citrate at 3.13% (1/9 dilution) to determine hp.
To assess hR we used a
Brookfield conical plate viscosimeter at a sheer stress of 23 sec-1.
To assess the hp values,
we applied the Harkness method and we used the h R = h tb/h p formula to evaluate h R. The tests were carried out at a 37°C temperature and with an hematocrit
value of 40%, similar to the basal one.
Results. All the values are stated in centipoise: mean (0), standard deviation
(SD), maximum (Max), minimum (Min) and confidence interval (CI). For the statistical
analysis we applied the Mann Whitney's U test (significant p < 0.05).
Conclusions. There were no modifications in blood viscosity (h tb, h p and h R) in the Ib and II stages of chronic ChD.
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