1024x768


ISSN 0326-646X

f Editores
f Ejemplar actual
f Ejemplares anteriores
f Búsqueda de Artículos
f Instrucciones para autores
f Suscripción a la edición electrónica
f Actualice sus datos para recibir la Revista
f Contacto

 

Publicaciones > Revista > 06V35N3             f             

Hipotiroidismo y el sistema cardiovascular

Gabriela Brenta

Adscripta Servicio de Endocrinología y Metabolismo
Hospital Francés. La Rioja 951. 1221
Buenos Aires. Argentina.

Correo electrónico

Summary

Versión en PDF - Versión para imprimir Imprimir sólo la columna central

 

El rol de las hormonas tiroideas sobre el sistema cardiovascular es crucial. La ausencia de las mismas desencadena una caída del volumen minuto debido a una falta de acción directa sobre el miocardio y sobre la vasculatura. El hipotiroidismo a su vez se halla asociado con aterosclerosis. Esto se podría explicar por la presencia, en pacientes hipotiroideos, de dislipidemia e hipertensión así como por la de nuevos marcadores de riesgo cardiovascular tales como elevación de los niveles séricos de PCR y homocisteína, alteraciones de la coagulación, disfunción endotelial, etcétera. La forma más prevalente de hipotiroidismo sin embargo no es la clínica sino la subclínica. Con respecto a esta última, si bien no existe aún un estudio de intervención con levotiroxina a gran escala, se cuenta con numerosos estudios poblacionales que parecerían vincular a la forma leve de hipotiroidismo con enfermedad cardiovascular. En esta revisión también se ha incluido un breve análisis del síndrome de T3 baja en patología cardíaca así como del potencial terapéutico de nuevos análogos de las hormonas tiroideas en pacientes con insuficiencia cardíaca.

Rev Fed Arg Cardiol 2006; 35: 164-175

 

 

Fue el médico irlandés Robert Graves quien, durante el siglo XIX, señaló por primera vez la estrecha relación que existe entre el corazón y la tiroides. Confrontado a varios casos similares de mujeres con bocio, exoftalmos y taquicardia, describió los primeros casos de tirotoxicosis pero atribuyó a la patología un probable origen “cardíaco” [1].

La acción de las hormonas tiroideas (HTs) sobre las células cardíacas y las del músculo liso vascular se ejerce mediante la unión de la triiodotironina (T3 ) a su receptor (TR), regulando de esta forma la síntesis de diversas proteínas. Por otro lado, se ha descripto un efecto no genómico de las HTs caracterizado por la activación de numerosos canales iónicos. Las modificaciones hemodinámicas resultantes de la exposición a HTs incluyen:
1) disminución de la resistencia periférica,
2) aumento del retorno venoso y
3) aumento de la contractilidad cardíaca. A consecuencia de estos cambios hemodinámicos, se observa un aumento del volumen sistólico que junto con el incremento de la frecuencia cardíaca determinan un mayor volumen minuto [2,3].

El déficit de acción de las HTs sobre el miocardio y la vasculatura produce modificaciones hemodinámicas y de la contractilidad miocárdica [4] que se traducen en un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular. A su vez, factores proaterogénicos, desde los más tradicionales como la hipertensión arterial [5] y la dislipidemia [6] , hasta los que se han descripto recientemente, como la disfunción endotelial [7], la elevación de la homocisteína [8], la proteína C reactiva [9], las modificaciones de la coagulabilidad [10], etcétera, también han sido vinculados al hipotiroidismo.

Sin embargo, la mayor parte de la población de pacientes con hipotiroidismo sólo tiene un déficit parcial de HTs. Por lo tanto, la vasta mayoría de los estudios epidemiológicos concernientes al efecto de las HTs sobre el sistema cardiovascular se refiere a pacientes con hipotiroidismo subclínico [11].

Por otro lado, así como el déficit de HTs altera al sistema cardiovascular, cuando el mismo se halla descompensado, como sucede en la insuficiencia cardíaca, también existiría una repercusión sobre el eje hormonal tiroideo, conocido como síndrome de T3 baja [12]. Basados en los efectos cardiotónicos de las HTs, algunos autores han postulado su uso para revertir los cambios asociados a dicho cuadro [13]. En la actualidad se hallan en desarrollo compuestos con acciones selectivas tiromiméticas con potencial terapéutico en este tipo de pacientes [14].

Hipotiroidismo: causas y epidemiología. Progresión de hipotiroidismo subclínico a franco
La elevación de la tirotrofina (TSH) es el hallazgo bioquímico cardinal del hipotiroidismo o déficit de HTs. Los niveles circulantes de tiroxina libre (T4 libre) por debajo del valor de referencia en combinación con una TSH elevada definen lo que se conoce como hipotiroidismo manifiesto, también denominado clínico o franco debido a la aparición de signos y síntomas en el paciente. Si, en cambio, la T4 libre es normal, el hipotiroidismo se rotula como subclínico o leve dado que el cuadro suele ser poco sintomático [15] .

Las causas de déficit de HTs se pueden dividir de acuerdo a su origen en hipotiroidismo primario, central, o por resistencia periférica a HTs [16] . (Ver Tabla 1)

La prevalencia del hipotiroidismo manifiesto es de alrededor del 1,5%, sin embargo la forma subclínica es casi 10 veces más frecuente y ronda, de acuerdo a las diferentes series, un 9,5%. La amplia variación en la prevalencia de hipotiroidismo subclínico reportada se debería en parte a los diferentes niveles de corte de TSH empleados para su definición que irían desde 2,5 uUI/mL hasta >7 uUI/mL. Cabe mencionar que con la edad y en el sexo femenino, las probabilidades de padecer un hipotiroidismo subclínico aumentan y una mujer de 60 años podría tener una posibilidad de hasta 20% de presentarlo [17]. Por otra parte, se debe tomar en cuenta que muchas veces el origen de un hipotiroidismo subclínico se debe a un hipotiroidismo franco insuficientemente tratado.

La progresión desde hipotiroidismo subclínico a hipotiroidismo manifiesto [18,19], evaluada en mujeres con TSH > 6 uUI/mL y anticuerpos antitiroideos positivos es de alrededor del 4,3% por año o sea 38 veces superior a la de mujeres con TSH normal y anticuerpos neg ativos. El número a tratar para prevenir dicha progresión se hallaría entre 4,3 y 14,3 [20], razón por la cual muchos autores proponen el tratamiento precoz con L-T4 .

Todos estos datos confirman que el hipotiroidismo subclínico es muy frecuente lo cual justificaría el screening para poder detectarlo y tratarlo. Sin embargo la falta de estudios prospectivos a gran escala que demuestren una menor morbimortalidad con el tratamiento, han impedido que los expertos en el tema se expidan a favor de programas de detección de la enfermedad en la población general.

 

Acciones de las hormonas tiroideas sobre el sistema cardiovascular. Alteraciones en hipotiroidismo franco y subclínico
La mayor parte de los efectos de las HTs es ejercida por medio de su unión a receptores nucleares específicos (TR), que se distribuyen en forma diferencial entre los diversos tejidos del organismo. El gen TR a codifica para diversas proteínas, pero sólo la isoforma a 1 es activa. El locus del gen TR b expresa dos variantes, TR b [2] y TR b [1], ambas capaces de lograr una respuesta a T3 [21-23]. Ha sido reportado que inversamente a lo que ocurre con otros órganos como la pituitaria o el hígado en donde TR b prevalece, TR a es el receptor más abundante en el corazón [24]. Los estudios en ratones knockout (KO) han contribuido a esclarecer estos hallazgos [25]. Se ha demostrado que todos aquellos ratones con ausencia de TR a presentan bradicardia [26], quedando de esta forma confirmada la hipótesis de que la mayoría de los efectos de las HTs sobre la función cardíaca están mediados por la unión a este tipo de receptor.

La acción cardiovascular de la triiodotironina (T3) se ejerce a diferentes niveles [27]. A nivel del cardiomiocito el efecto puede ser tanto genómico como no genómico. El efecto genómico se caracteriza por el aumento o disminución de la síntesis de proteínas estructurales y regulatorias. El no genómico o extranuclear, entre otros, por la modificación de canales de sodio, potasio y calcio. Entre los diversos genes cuya transcripción es regulada por las HTs figuran algunos que aumentan la contractilidad miocárdica y otros que aumentan el cronotropismo. Entre los primeros se encuentran la cadena pesada de la amiosina (a MHC), que codifica para una importante proteína miofibrilar del cardiomiocito y la ATPasa Ca ++ dependiente del retículo sarcoplasmático (SERCA2), cuya proteína es la encargada de incorporar calcio al retículo sarcoplasmático desde el citoplasma acelerando la diástole. Entre los que modulan el cronotropismo figuran los genes HCN2 y HCN4. Ambos codifican para la proteína del canal I f que tiene rol de marcapaso en la fase 4 del potencial de acción. Todos estos genes son regulados en forma positiva por las HTs. Por otro lado, la cadena pesada de la bmiosina (bMHC) y el fosfolambán son regulados por las HTs en forma negativa. Se postula que las HTs también tendrían un efecto directo a nivel de las células del músculo liso vascular aunque aquí el mecanismo de acción no está del todo claro 28 .

Las modificaciones hemodinámicas resultantes de la exposición a HTs incluyen a) disminución de la resistencia periférica, b) aumento del retorno venoso y c) aumento de la contractilidad cardíaca [3]. La disminución de la resistencia periférica por las HTs se ejerce en forma directa sobre los vasos sanguíneos provocando vasodilatación. Por otro lado, en forma indirecta, por medio de la termogénesis y el aumento del consumo de oxígeno periférico inducido por las HTs, también disminuye la resistencia periférica y existe una caída de la tensión arterial. Esto favorece la activación del sistema renina angiotensina aumentando la volemia y de esta forma también el retorno venoso. Al aumentar el retorno venoso, aumenta el volumen de fin de diástole produciendo un incremento de la precarga cardíaca. A su vez, como hemos mencionado previamente, las HTs actuando sobre su receptor a T3 en el miocardio, estimulan la expresión de proteínas regulatorias y estructurales que determinan una mayor contractilidad. A consecuencia de estos cambios hemodinámicos (disminución de la resistencia periférica, aumento del retorno venoso y aumento de la contractilidad cardíaca) se observa un aumento del volumen sistólico que junto con el efecto cronotrópico inherente a las HTs, determinan un mayor volumen minuto.

El paciente hipotiroideo puede manifestar desde una leve disnea de esfuerzo hasta, aunque infrecuentemente, signos claros de insuficiencia cardíaca. El impacto clínico de la caída del volumen minuto característica del hipotiroidismo, se vería mitigada por los bajos niveles de consumo de oxígeno periférico. Esto explicaría porqué rara vez los pacientes entran en falla de bomba. Los hallazgos más comunes al examen físico son la bradicardia y una leve elevación de la tensión arterial con una presión de pulso pinzada. La presentación más habitual es con hipertensión, fundamentalmente diastólica, intolerancia al ejercicio, y en un 30% de los casos, con alteraciones del ECG. El derrame pericárdico, si presente, no ocasiona en general un cuadro de taponamiento cardíaco [29].

Los estudios en pacientes con hipotiroidismo franco han demostrado una marcada disminución del volumen minuto [30-32]. Dicha alteración se debe fundamentalmente a una menor relajación del ventrículo izquierdo con la consecuente disfunción diastólica y a un aumento de la postcarga, a su vez determinada por el aumento de la resistencia vascular periférica. La disminución en la expresión de SERCA2 y el aumento del fosfolambán, su proteína regulatoria, son los principales factores que explicarían la disfunción diastólica del hipotiroidismo, generando un cambio en el fenotipo cardíaco normal [33]. Al disminuir la SERCA2 se produce un retardo de la entrada de calcio al retículo sarcoplasmático que resulta en una prolongación de la diástole. Con respecto a la resistencia periférica, se ha postulado que en el hipotiroidismo ésta se vería aumentada debido a mecanismos directos e indirectos. El mecanismo directo estaría reflejado por una menor síntesis de óxido nítrico, un poderoso vasodilatador, provocando un estado de disfunción endotelial. Se ha reportado que las células del músculo liso vascular expresan iodotironina deiodinasa tipo II (que interviene en el pasaje de tiroxina (T4 a T3 ), así como receptor a T3, sugiriendo una acción local directa de las HTs [34]. Como ya ha sido mencionado, una menor termogénesis junto con la disminución del metabolismo periférico, por mecanismo indirecto, también colaborarían en la menor dilatación vascular periférica.

El aumento de la resistencia periférica en pacientes hipotiroideos, de hasta un 50% [35], suele revertir cuando se instituye tratamiento con HT. Por otro lado, se ha observado que la tensión arterial en dichos pacientes se halla aumentada 5 y que el 20% de los mismos son hipertensos. Las causas probables como hemos visto, serían, al inicio, una disfunción endotelial que desemboca en una resistencia arterial aumentada, y por otro lado, como también ha sido reportado, un aumento de la rigidez de las grandes arterias [36] (Figura 1). Si bien el tratamiento con L-T4 en la mayoría de los pacientes normaliza la cifras de tensión arterial, no lo hace en todos los casos. Esto probablemente se deba a que ya se ha creado un nivel de rigidez arterial muy importante y se requiere de la adición de un agente hipotensor para normalizarla por completo [37] .

Para el estudio de la función cardiovascular del hipotiroidismo se han empleado diversas metodologías no invasivas. Al inicio se usó el fonocardiograma que junto con el electrocardiograma permitía analizar los intervalos de tiempo sistólico. La prolongación de los mismos reflejaba una peor función sistólica del ventrículo izquierdo. Crowley y colaboradores [38] en 1977 fueron los primeros en demostrar el acortamiento de los tiempos sistólicos a medida que se restituía la función tiroidea con L-T4. Por otro lado, la función diastólica también se ha visto alterada en forma reversible tanto en estudios con ventriculograma radioisotópico como por ecografía [30,39]. Dichos hallazgos estarían relacionados con la alteración del flujo de calcio durante la relajación cardíaca ante la falta de HT.

El hipotiroidismo subclínico, que como mencionamos antes, según las distintas series es alrededor de diez veces más frecuente que el hipotiroidismo manifiesto, también ha sido objeto del estudio del funcionamiento cardiovascular. Al principio, se empleó el fonocardiograma. Posteriormente surgieron estudios en donde se utilizaron el eco Doppler y el ventriculograma radioisotópico, así como nuevas técnicas como la videodensitometría o la tomografía por emisión de positrones (PET). Los estudios de la función sistólica en hipotiroidismo subclínico no son unánimes. Se ha demostrado que en reposo la función sistólica puede hallarse ya sea conservada o disminuida. Sin embargo los investigadores están de acuerdo en que la función sistólica de esfuerzo se hallaría deteriorada [40]. Kahaly y colaboradores [41] demostraron la menor capacidad aeróbica y tolerancia al ejercicio de los pacientes con hipotiroidismo subclínico por medio de la utilización de tests cardiopulmonares. Con respecto a la función diastólica, los distintos autores están todos de acuerdo: tanto en reposo como frente al ejercicio, ésta se vería disminuida y se recupera luego del tratamiento con HT. El grupo de Biondi y colaboradores [42] demostró la prolongación del tiempo de relajación isovolumétrica en reposo y su corrección con L-T4 por medio del uso de eco Doppler. Monzani y colaboradores [43] también emplearon el eco Doppler en reposo para estudiar 20 pacientes con TSH por encima de 3,6 uU/mL (rango 3,8-12, edad promedio 32 años) y obtuvieron resultados similares. Mediante ventriculografía radioisotópica, Brenta y colaboradores 4 estudiaron la función cardiovascular tanto en reposo como en ejercicio, de un grupo de 10 pacientes comparada con 14 controles, antes y después de seis meses de L-T4. Dichos pacientes tenían un promedio de edad de 50 ± 8,7 años, aproximadamente una década mayor que la de los dos estudios previamente mencionados. Los resultados mostraron una prolongación del tiempo al pico de llenado, parámetro de función diastólica, con respecto al grupo control y al de post tratamiento, tanto en reposo (Figura 2) como en ejercicio. Además, se observó que la fracción de eyección, parámetro de función sistólica, en ejercicio, era menor que la del grupo control. Si tenemos en cuenta que a partir de los 60 años la prevalencia de insuficiencia cardíaca a predominio diastólica se equipara con la de origen sistólico [45] y que a su vez con las décadas, la posibilidad de detectar hipotiroidismo subclínico en la población general es mayor, la menor relajación del ventrículo izquierdo presente en el hipotiroidismo subclínico debería quizás ser un argumento a favor de iniciar tempranamente un tratamiento de reemplazo con L-T4 .

Con respecto a la tensión arterial, existen estudios tanto en hipotiroidismo subclínico como clínico, que han demostrado cifras de tensión arterial diastólica superiores a los controles [46]. También se ha observado una disminución de la resistencia vascular periférica y de la tensión arterial diastólica en respuesta a L-T4 [47]. A su vez, también se ha reportado disfunción endotelial en hipotiroidismo subclínico [7], lo cual refleja que aun frente a un leve déficit de HT, el vaso ha perdido la capacidad de relajarse y de tener paredes con propiedades antitrombóticas dado que no es capaz de sintetizar suficiente óxido nítrico. Se ha demostrado que ya a partir de 2,5 uUI/mL, a medida que la TSH aumenta, los valores de vasodilatación mediada por flujo disminuyen señalando la presencia de disfunción endotelial [48]. Entre las posibles causas de la misma, se encontrarían la dislipidemia o la presencia de sustancias inflamatorias que actuarían en forma indirecta generando disfunción endotelial, aunque también, como se ha aclarado previamente, la T3 tendría un efecto directo sobre el vaso 35 . Justamente, se ha demostrado que en pacientes hipotiroideos subclínicos, independientemente de los niveles de colesterol, la respuesta vasodilatadora a acetilcolina no es bloqueada por un antagonista de la óxido nítrico sintetasa (NOS) [48]. Esto estaría señalando la existencia de una disminución de la disponibilidad de óxido nítrico ante la falta de HT.

 

Acciones de las hormonas tiroideas sobre el metabolismo lipídico. Impacto del hipotiroidismo franco y subclínico
En condiciones de normal funcionamiento de las HTs, el metabolismo lipoproteico se halla regulado en una forma coordinada a nivel de síntesis y catabolismo. Este fino balance puede romperse frente a un déficit o exceso de HT. La expresión del gen de la colesterol 7a-hidroxilasa, clave en la regulación de la síntesis de ácidos biliares se halla estimulada por HT4 [9,50]. Se postula que niveles elevados de HTs determinarían, debido a un mayor flujo de ácidos biliares, una depleción del pool de colesterol intrahepático. Sin embargo, el organismo se hallaría protegido de dicha pérdida por medio del aumento de la síntesis de colesterol en el hígado y por la captación hepática de colesterol desde la circulación. Ambos procesos estarían regulados por la HT. Por un lado, la HT determinaría un aumento de ARNm, proteína, y actividad de la hidroximetil glutaril coenzima A reductasa (HMG-CoA), enzima clave de la síntesis del colesterol [51,52]. Por el otro, también mediado por la acción de las HTs, se produciría una hiperexpresión de los receptores de membrana a LDL  [53-55].

Con respecto a los triglicéridos, se ha reportado que las HTs aumentarían su síntesis [56]. Sin embargo, concomitantemente estaría aumentada su degradación, ya que una mayor actividad de las enzimas regulatorias del metabolismo de las lipoproteínas compensaría el exceso de partículas ricas en triglicéridos circulantes [57]. La mayor actividad de la lipasa hepática [58], CETP [59], etc., en pacientes hipotiroideos luego del tratamiento con L-T4 son claros ejemplos de este mecanismo.

Además de los efectos deletéreos del hipotiroidismo manifiesto sobre el funcionamiento cardiovascular, el déficit de HT altera por completo el metabolismo lipoproteico modificando el perfil lipídico. Se ha descripto que el 90% de los sujetos hipotiroideos presentan un aumento del colesterol total y LDL. Con respecto a HDL, se ha reportado que los niveles plasmáticos de dicha lipoproteína pueden hallarse levemente disminuidos o inalterados. El nivel de triglicéridos tampoco sufre cambios o a lo sumo se hallaría levemente elevado. Por otra parte, se ha descripto que los niveles de lipoproteína (a) pueden estar aumentados. Todas estas anomalías suelen revertir con el tratamiento con L-T4 [60] .

Con respecto al hipotiroidismo subclínico el panorama es menos claro y en general depende del grado de compromiso tiroideo reflejado en los diferentes niveles de elevación de la TSH sérica. El estudio poblacional más grande hasta el momento [17] , en donde se ha investigado la asociación entre hipotiroidismo subclínico y dislipidemia, fue el realizado en Colorado, USA, con 25.862 personas. Los resultados señalaron que los pacientes con hipotiroidismo subclínico presentaban niveles más elevados de colesterol total en comparación con sujetos eutiroideos. Sin embargo, en una población de diferente ubicación geográfica, los resultados fueron distintos [61]. De 6.014 sujetos analizados de acuerdo con su grado de hipotiroidismo se observó que los niveles de colesterol sólo eran superiores en el grupo con hipotiroidismo manifiesto. Un análisis transversal 62 de una muestra poblacional del Third U.S. National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES III) puso en evidencia que si bien los niveles de colesterol y triglicéridos eran más elevados en los pacientes con hipotiroidismo subclínico respecto de los sujetos eutiroideos, al ajustar para variables como sexo, raza, edad y si el paciente se hallaba bajo hipolipemiantes, el hipotiroidismo no estaba relacionado con un perfil lipídico anormal. Por otro lado, en otro estudio en el cual se distribuyeron los pacientes en grupos de acuerdo a la severidad de la dislipidemia 63 , se observó que la mayor proporción de pacientes con hipotiroidismo subclínico se hallaba justamente dentro del grupo con los niveles más elevados de colesterol sérico.

Una explicación plausible a todas estas discrepancias podría encontrarse en la definición del concepto “hipotiroidismo subclínico” que varía de acuerdo con los diferentes niveles de TSH seleccionados por los distintos autores. Otros factores a tener en cuenta serían los distintos criterios para seleccionar la población de estudio en cuanto a la edad, el sexo, la raza, el grado de tabaquismo [64] o la insulinorresistencia [65]. Se ha demostrado que estos dos últimos parámetros se hallarían asociados con niveles más altos de colesterol en pacientes con hipotiroidismo subclínico.

Recientemente se publicaron los resultados del 5 to Estudio Tromsø realizado en una población de 5.143 sujetos noruegos. Los hallazgos de dicho estudio parecen sugerir que la relación entre hipotiroidismo subclínico y alteraciones lipídicas existe [66]. El análisis epidemiológico de la población entera mostró una leve aunque significativa asociación entre los niveles de TSH y de colesterol total y LDL. La posterior comparación de un subgrupo de 84 pacientes con niveles de TSH entre 3,5 y 10 uUI/mL y un grupo control también reveló niveles significativamente más elevados de colesterol total y LDL en los pacientes con hipotiroidismo subclínico.

Otro de los interrogantes que suelen plantearse al analizar la relación entre el hipotiroidismo subclínico y la alteración lipídica, es su posible respuesta al tratamiento con L-T4 . Existen numerosos estudios de intervención en la literatura. El metaanálisis realizado por Danese y colaboradores [67] incluyó 13 de los mejores artículos al respecto y la conclusión general fue que existiría un beneficio terapéutico que, aunque leve, puede ser traducido en una clara disminución del riesgo cardiovascular. Con posterioridad a dicho metaanálisis, se dieron a conocer dos nuevos estudios controlados con placebo que llegaron a similares conclusiones. El primero [68] fue un estudio a doble ciego en 66 mujeres con TSH por encima de 5 uUI/mL tratadas a lo largo de 50 semanas con L-T4 . Al final del tratamiento se encontró una reducción significativa de 3,2% y 8 % del colesterol total y LDL respectivamente. El segundo estudio realizado por Caraccio y colaboradores [69] halló diferencias basales en los niveles de colesterol entre los pacientes eutiroideos y los hipotiroideos subclínicos, existiendo un valor significativamente superior en estos últimos. Luego de ser randomizados a placebo o a L-T4 por el espacio de 6 meses hubo una reducción del 9% y 13% en el colesterol total y el LDL, respectivamente. El estudio fue criticado porque no hubo diferencia significativa en el nivel de colesterol del grupo placebo y el tratado, al final del período de tratamiento. En un estudio posterior 70 de diseño similar, pero destinado a analizar el espesor medio-intimal (IMT) de la carótida como parámetro temprano de aterosclerosis, los mismos investigadores, además de hallar que la IMT carotídea era mayor en el grupo de hipotiroideos subclínicos, reportaron que los niveles de colesterol luego del tratamiento eran claramente menores a los del grupo placebo. No obstante, en una reunión de expertos destinada a la confección de guías de diagnóstico y tratamiento de enfermedad tiroidea subclínica realizada en el 2002 [71] se reconoció que, ante la falta de una mayor evidencia del efecto hipolipemiante de las HT, en el rango de TSH entre 4,5 uUI/mL y 10 uUI/mL la decisión de tratar al hipotiroidismo dependería del criterio individual del médico. Quizás en futuras guías se puedan incluir los actuales resultados del aspecto intervencionista del 5 to Estudio Tromsø. En dicho estudio, los sujetos hipotiroideos subclínicos cuyos valores de TSH entraron en un rango entre 0,2-2 uUI/mL al cabo de un año de tratamiento con L-tiroxina, redujeron sus niveles de colesterol total y LDL colesterol significativamente con respecto al grupo placebo [66] .

Además de cambios cuantitativos de los lípidos, el hipotiroidismo puede asociarse con modificaciones cualitativas de los mismos. Las partículas LDL de pacientes hipotiroideos serían más pasibles de ser oxidadas de acuerdo con los hallazgos de dos diferentes grupos de investigación en el tema [72,73]. Dichas partículas, debido a una alteración conformacional, tendrían una menor captación por el receptor a LDL siendo mayormente reconocidas por el receptor aberrante en el macrófago, fenómeno que ha sido vinculado al proceso de atero­génesis [74] . Similares observaciones fueron realizadas por Duntas y colaboradores [75] en referencia al hipotiroidismo subclínico luego de hallar un nivel elevado de oxi-LDL circulantes en el grupo de pacientes estudiado. Nuestro grupo de investigación [76] también se ha interesado en evaluar posibles modificaciones cualitativas de los lípidos en el déficit parcial de HTs. Hemos comparado 23 mujeres con hipotiroidismo subclínico (TSH > 4,5 uUI/mL, promedio ± DS: 7,22 ± 2uUI/mL, rango 4,6-12uUI/mL) con 10 controles (TSH 1,72 ± 0,94 uU/mL) ajustadas para sexo, edad, índice de masa corporal (IMC) y tabaquismo. Se analizaron los niveles séricos de colesterol total, LDL, HDL, triglicéridos y Apo B. La actividad de la enzima lipasa hepática y la composición química, así como la capacidad de oxidación frente a Cu ++ de la LDL también fueron determinadas. El perfil lipídico de las pacientes fue similar al de las mujeres control (excepto para APO B que fue significativamente mayor en estas últimas: 119 ± 30 vs 96 ± 26 mg/dL p = 0,047). Tampoco se halló diferencias en cuanto a la oxidabilidad de la LDL. Sin embargo la actividad de la lipasa hepática se mostró significativamente disminuida con respecto a las controles. En relación con este hallazgo, el contenido de triglicéridos de la partícula LDL, medido por medio del índice colesterol/triglicérido de la LDL, fue superior en las pacientes. También se demostró una correlación positiva significativa entre la actividad de la lipasa hepática y el índice colesterol/triglicérido de la LDL. Nuestros resultados ponen de manifiesto que en el hipotiroidismo subclínico, aun en niveles de leve elevación de TSH, existen modificaciones conformacionales de la lipoproteína LDL debido a un enriquecimiento con triglicéridos. Dicha alteración podría estar relacionada con el proceso aterogénico, ya que, como ha sido previamente descripto [77], una LDL rica en triglicéridos es captada ineficientemente por el receptor LDL.

 

Hipotiroidismo y riesgo cardiovascular
Como se ha mencionado al inicio de ésta revisión, el hipotiroidismo se es acompañado por una clara alteración del sistema cardiovascular, fundamentalmente dada por una menor contractilidad miocárdica y por aumento de la resistencia periférica. Por otro lado existe una modificación del metabolismo lipídico que resulta en una acumulación sérica de colesterol así como una alteración cualitativa del mismo. Otros factores proaterogénicos tales como hiperhomocisteinemia, aumento de PCR, coagulabilidad alterada, etc., también estarían presentes en el déficit de HTs. Por lo tanto cabe preguntarse si el hipotiroidismo se halla asociado con un mayor riesgo cardiovascular.

La evidencia de que el hipotiroidismo franco está asociado con enfermedad cardiovascular y aterosclerosis proviene fundamentalmente de estudios de autopsia. En ellos se observó que las arterias de los pacientes hipotiroideos se hallaban comprometidas en forma generalizada y el corazón se encontraba agrandado. Por otro lado, se ha comprobado en pacientes hipotiroideos vivos, que también existiría una mayor proporción de eventos cardíacos comparado con sujetos eutiroideos [11] .

En cuanto al hipotiroidismo subclínico se refiere, al día de hoy no se ha podido realizar ningún estudio controlado de gran escala que arroje evidencia sólida en cuanto a la asociación entre la forma leve de hipotiroidismo y la enfermedad cardiovascular y que permita aseverar si el tratamiento disminuye la morbimortalidad asociada a riesgo cardiovascular. Sin embargo existen numerosos estudios observacionales que han sido llevados a cabo a lo largo de estos últimos 20 años.

Uno de los primeros estudios en que se investigó la asociación entre enfermedad cardiovascular e hipotiroidismo subclínico fue realizado en la comunidad inglesa de Whickham [78]. Al inicio, se hizo un análisis de corte transversal no hallándose ninguna asociación con historia de enfermedad coronaria, tan sólo mínimas alteraciones en el ECG en pacientes de sexo femenino con TSH > 6 uUI/mL (9,3% de 2.779 sujetos). A 20 años de seguimiento de dicha cohorte [79], tampoco se observó aumento en la incidencia de enfermedad coronaria ni mortalidad en el grupo denominado “enfermedad autoinmune tiroidea”. Sin embargo dicho grupo no sólo incluía pacientes con hipotiroidismo subclínico no tratado, sino también pacientes que se hallaban bajo tratamiento con L-T4 y otros que eran eutiroideos y sólo tenían autoinmunidad tiroidea presente. En el recientemente publicado Cardiovascular Heart Study [80], tampoco se hallaron diferencias en cuanto al número de eventos: angina, infarto agudo de miocardio (IAM), accidente isquémico transitorio, accidente cerebrovascular o enfermedad vascular periférica en los pacientes hipotiroideos subclínicos (9,5% del número total de pacientes) versus la población eutiroidea (número total: 3.410). En el New Mexico Elderly Health Survey [81], en cambio, los pacientes con TSH > 10 uUI/mL presentaron una mayor prevalencia de enfermedad coronaria.

Por otro lado, los resultados del “Estudio de Rotterdam” parecen indicar que verdaderamente existe una relación entre hipotiroidismo subclínico y enfermedad cardiovascular aterosclerótica. Hak y colaboradores [82] analizaron en forma transversal una población de 1.149 mujeres postmenopáusicas mayores de 55 años. Se investigó la presencia de calcificaciones aórticas en Rx de abdomen como parámetro de aterosclerosis y también si las pacientes presentaban antecedentes de IAM o IAM en el momento de la encuesta. Se observó que en las mujeres con TSH > 4 uUI/mL (11% del total), la prevalencia ajustada por edad, de aterosclerosis aórtica ( odds ratio : 1,7; IC 95%: 1, 1-2,6) y de IAM (odds ratio : 2,3; IC95%: 1, 3-4) era mayor comparada con la población general. La probabilidad crecía aún más si había anticuerpos antitiroideos presentes. También se observó que el riesgo atribuible al hipotiroidismo subclínico para IAM estaba en el mismo rango de importancia que los tradicionales factores de riesgo que conocemos por el estudio de Framingham. A continuación, se publicaron dos estudios que, aunque refiriéndose esta vez a la población masculina, también hallaron un riesgo aumentado de enfermedad cardiovascular en los pacientes con hipotiroidismo subclínico. En una población japonesa de 2.856 sobrevivientes de la bomba atómica [83] con 10,2% de pacientes con hipotiroidismo subclínico, se demostró una asociación con enfermedad cardíaca isquémica e hipotiroidismo subclínico aun luego de ajustar para factores de riesgo como hipertensión arterial, tabaquismo, IMC, colesterol y diabetes. Seguidos a 10 años, hubo aumento de la mortalidad de origen cardiovascular en el período comprendido por los seis primeros años de seguimiento y sólo en varones. En el otro estudio realizado en 1.220 sujetos daneses con 19,7% de hipotiroidismo subclínico (definido por TSH > 2,5 uUI/mL), Kvetny y colaboradores [84] informaron que en los varones menores de 50 años con hipotiroidismo subclínico existiría un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular con respecto a la población general.

Todos los estudios observacionales arriba mencionados han sido incluidos por Rodondi y colaboradores 85 en un metaanálisis destinado a evaluar la asociación entre hipotiroidismo subclínico y riesgo de enfermedad coronaria. Luego de una revisión sistemática los autores han logrado confirmar dicha asociación (odds ratio : 1,65; IC 95%: 1,28-2,12).

El estudio que más lugar a controversia ha dado es el de Gussekloo y colaboradores 86 . En una población de 558 octogenarios seguidos prospectivamente desde los 85 a los 89 años, se ha demostrado que los pacientes con hipotiroidismo subclínico (12%) paradójicamente tuvieron una sobrevida más prolongada que la de aquellos sujetos con TSH normal o baja. La explicación de estos hallazgos no está clara, pero podría tratarse de un ahorro energético que quizás sería benéfico a una edad tan avanzada. De todos modos, las conclusiones de este trabajo serían aplicables sólo en este estrecho segmento etario de la población.

Más recientemente se han dado a conocer los resultados de dos estudios longitudinales que abonan al mayor riesgo cardiovascular en hipotiroidismo subclínico. El primero ha sido realizado en una comunidad australiana de 2.108 habitantes con 5,6% de pacientes con hipotiroidismo subclínico [87]. En el análisis transversal se halló, aunque sólo en aquellos pacientes que tenían TSH por encima de 10 uUI/mL, mayor prevalencia de enfermedad coronaria comparados con los sujetos eutiroideos. A 20 años de seguimiento se encontró que el riesgo persistía aun luego de ajustar para factores de riesgo cardiovasculares tradicionales. Por otro lado, al final del período de estudio, la probabilidad de presentar un evento coronario también era superior en los pacientes con niveles de TSH entre 4 y 10 uUI/mL con respecto a la población general. En otro estudio recientemente comunicado 88 se presenta un seguimiento a 4 años de una población norteamericana de 2.730 personas entre 70 y 79 años. Los pacientes con hipotiroidismo subclínico (12% del total de la población) fueron estratificados de acuerdo con los niveles de TSH en tres grupos: TSH 4,5-6,9, 7-9,9 y > o igual a 10 uUI/mL. A partir del valor de 7 uUI/ml se observó un aumento de los eventos asociados con insuficiencia cardíaca comparado con los participantes eutiroideos.

 

Síndrome de T3 baja en pacientes con enfermedad cardiovascular
Así como el hipotiroidismo se asocia con menor contractilidad cardíaca, volumen minuto disminuido y aumento de la resistencia periférica, la insuficiencia cardíaca congestiva también presenta un perfil hemodinámico similar al del hipotiroidismo. Incluso, muchos de los síntomas del paciente hipotiroideo tales como la disnea de esfuerzo, el edema periférico y la fatiga muscular, se asemejan a los del insuficiente cardíaco [89]. Llamativamente, alrededor de un 30% de pacientes con falla cardíaca severa presentan un cuadro denominado síndrome de T3 baja que cursa con valores séricos de T3 por debajo de 80 ng/dL y niveles de TSH normales 12 . Se postula que el origen de la T3 baja se debería fundamentalmente a un menor pasaje de T4 a T3, probablemente relacionado con una disminución de la actividad de las deiodinasas que intervienen en este pasaje. Los resultados de diferentes estudios experimentales en animales han arrojado alguna luz al respecto. En ratones transgénicos que hiperexpresan deiodinasa tipo 2 (DIO2) se ha demostrado una mayor función contráctil del miocardio vinculable a la mayor expresión de proteínas que intervienen en el intercambio de calcio. Luego de ser sometidos a una prueba de sobrecarga de presión, dichos ratones con hiper­expresión de DIO2, se vuelven resistentes a las alteraciones contráctiles y del intercambio cálcico que se suelen observar en ratones salvajes (wild type) frente a esta prueba [90].

A su vez, también se ha descripto una correlación entre los niveles de T3 y el grado de insuficiencia cardíaca en seres humanos. De tal forma, niveles bajos de T3 serían predictivos de peor pronóstico y mortalidad en pacientes con falla de bomba 91 . Por otro lado, el patrón de T3 baja también ha sido descripto en pacientes con infarto agudo de miocardio 92, 93 .

Si bien la implicancia clínica de la menor llegada de T3 a las células del organismo es un factor a determinar, se ha observado un beneficio a nivel hemodinámico en aquellos pacientes con falla de bomba 13 que han recibido tratamiento con T3. También se ha demostrado una mejoría de los índices cardíacos luego de infusión con T3 en adultos 94,95 y en niños 96 sometidos a cirugía cardiopulmonar, de modo tal que la teoría de que el síndrome de T3 baja supone un ahorro energético en pacientes con enfermedad cardiovascular quedaría cuestionada.

Si bien se ha postulado a la T3 para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca congestiva, los estudios de intervención son aún preliminares y, por otro lado, estudios en roedores parecerían señalar que debido al desarrollo de hipertrofia de miocardio su efecto podría ser perjudicial [97]. Sin embargo, existen análogos de las hormonas tiroideas con actividad selectiva sobre el sistema cardiovascular que podrían representar una alternativa válida. En un estudio piloto realizado en 19 pacientes con insuficiencia cardíaca incluidos, el compuesto tiromimético DITPA (Ac.3,5-diiodotiropropiónico) ya ha demostrado su eficacia como agente cardio­tónico [14]. En la actualidad hay dos estudios en marcha de fase II con DITPA en pacientes con insuficiencia cardíaca y síndrome de T3 baja.

 

CONCLUSIONES
En el hipotiroidismo manifiesto existen modificaciones tanto hemodinámicas como del fenotipo y contractilidad cardíaca. Estas a su vez, se suman a una mayor predisposición hacia la aterogénesis. Dado que todas estas alteraciones también han sido descriptas en las formas más leves de la enfermedad, se debería considerar al hipotiroidismo subclínico, no como una entidad separada, sino como una expresión más atenuada y en continuidad con el hipotiroidismo clínico.

En la actualidad se carece de estudios controlados doble ciego de gran escala que permitan aseverar que el hipotiroidismo subclínico se asocia con un mayor riesgo cardiovascular. Sin embargo, algunos de los estudios observacionales realizados hasta el momento, parecerían confirmar dicha asociación. Por otro lado existen estudios de intervención que muestran una reversión a la normalidad de los subrogantes de riesgo cardiovasculares presentes en el hipotiroidismo subclínico, luego del tratamiento con L-T4. Una conducta terapéutica basada en la evidencia es poco factible al momento, por lo que la decisión de cuándo iniciar tratamiento deberá recaer sobre el juicio individual del médico tratante.

Todos los conocimientos obtenidos del estudio de la acción de las HT sobre el sistema cardiovascular han desembocado en el desarrollo de compuestos tiromiméticos con acciones cardioselectivas. Dichos análogos podrían ser de utilidad en el tratamiento de pacientes con insuficiencia cardíaca.

 

Summary
HYPOTHYROIDISM AND THE CARDIOVASCULAR SYSTEM
The role of thyroid hormones on the cardiovascular system is essential. Lack of thyroid hormones results in a reduced cardiac output due to both, direct effects on the myocardium and on the vascular function. Hypothyroidism is also associated to atherosclerosis. This may be explained by the presence of dyslipidemia and hypertension in hypothyroid patients, as well as of other new cardiovascular risk markers such as elevations in CRP and homocysteine serum levels, impaired coagulation, endothelial dysfunction, etc.
The most prevalent form of hypothyroidism however, is not overt but subclinical. With regards to this mild form of hypothyroidism, although a large interventional study with L-thyroxine is still lacking, an association with cardiac disease has been suggested in several population studies.
Another topic that will also be discussed in this review is the low T 3 syndrome present in cardiac disease and the potential therapeutic effect of new analogues of thyroid hormones in cardiac failure patients.

 

Bibliografía

  1. 1. Graves RJ: Clinical lectures delivered by Robert J. Graves MD at the Meath Hospital during the Session of 1834–1835. London Medical and Surgical Journal 1835; 7: 516.
    2. Dillmann WH: Cellular action of thyroid hormone on the heart. Thyroid 2002; 12: 447-452.
    3. Klein I: Thyroid hormone and the cardiovascular system. Am J Med 1990; 88: 631-637.
    4. Klein I, Ojamaa K: Thyroid hormone and the cardiovascular system. N Engl J Med 2001; 344: 501-509.
    5. Saito I, Saruta T: Hypertension in thyroid disorders. Endocrinol Metab Clin North Am 1994; 23: 379-386.
    6. Morris MS, Bostom AG, Jacques PF y col: Hyperhomocysteinemia and hypercholesterolemia associated with hypothyroidism in the third U.S. National Health and Nutrition Examination Survey. Atherosclerosis 2001; 155: 195-200.
    7. Lekakis J, Papamichael C, Alevizaki M y col: Flow-mediated, endothelium-dependent vasodilatation is impaired in subjects with hypothyroidism, borderline hypothyroidism, and high-normal serum thyrotropin (TSH) values. Thyroid 1997; 7: 411-414.
    8. Hussein WI, Green R, Jacobsen DW y col: Normalization of hyperhomocysteinemia with L-thyroxine in hypothyroidism. Ann Intern Med 1999; 131: 348-351.
    9. Christ-Crain M, Meier C, Gugliemetti M y col: Elevated C-reactive protein and homocysteine values: Cardiovascular risk factors in hypothyroidism? A cross-sectional and a double-blind, placebo-controlled trial. Atherosclerosis 2003; 166: 379-389.
    10. Maller B, Tsakiris DA, Roth CB y col: Haemostatic profile in hypothyroidism as potential risk factor for vascular or thrombotic disease. Eur J Clin Invest 2001; 31:131-137.
    11. Cappola A, Ladenson P: Hypothyroidism and atherosclerosis. J Clin Endocrinol Metab 2003; 88: 2438-2444.
    12. Ascheim D, Hryniewicz K: Thyroid hormone metabolism in patients with congestive heart failure: the low triiodothyronine state. Thyroid 2002; 12: 511-515.
    13. Hamilton MA, Stevenson LW, Fonarow GC y col: Safety and hemodynamic effects of intravenous triiodothyronine in advanced congestive heart failure. Am J Cardiol 1998; 81: 443–447.
    14. Morkin E, Pennock G, Spooner PH y col: Pilot studies on the use of 3,5-diiodothyropropionic acid, a thyroid hormone analog, in the treatment of congestive heart failure. Cardiology 2002; 97: 218-225.
    15. Cooper DS: Subclinical hypothyroidism. N Engl J Med 2001; 345: 260-265.
    16. Greenspan FS, Rapaport B: Thyroid gland. En Greenspan F (ed): Basic and Clinical Endocrinology. Third edition. Appleton and Lange Publishers, Norwalk, Connecticut/San Mateo, California. 1991; 10: 188-246.
    17. Canaris GJ, Manowitz NR, Mayor G y col: The Colorado thyroid disease prevalence study. Arch Intern Med 2000; 160: 526-534.
    18. Vanderpump MP, Tunbridge WM, French JM y col: The incidence of thyroid disorders in the community: a twenty-year follow-up of the Whickham Survey. Clin Endocrinol (Oxf) 1995; 43: 55-68.
    19. Tunbridge WM, Evered DC, Hall R y col: The spectrum of thyroid disease in a community: The Whickham survey. Clin Endocrinol (Oxf) 1977; 7: 481-493.
    20. Helfand M, Redfern CC: Clinical guideline, part 2: screening for thyroid disease: an update. American College of Physicians. Ann Intern Med 1998; 129: 144-158.
    21. Izumo S, Mahdavi V: Thyroid hormone receptor alpha isoforms generated by alternative splicing differentially activate myosin HC gene transcription. Nature 1988; 335: 744.
    22. Hodin RA, Lazar MA, Wintman BI y col: Identification of a thyroid hormone receptor that is pituitary-specific. Science 1989; 244: 76-79.
    23. Koenig RJ, Warne RL, Brent GA y col: Isolation of a cDNA clone encoding a biologically active thyroid hormone receptor. Proc Natl Acad Sci USA 1988; 85: 5031-5035.
    24. Schwartz HL, Strait KA, Ling NC y col: Quantitation of rat tissue thyroid hormone binding receptor isoforms by immunoprecipitation of nuclear triiodothyronine binding capacity. J Biol Chem 1992; 267: 11794–11799.
    25. Hodin RA, Lazar MA, Chin WW: Differential and tissue-specific regulation of the multiple rat c-erbA messenger RNA species by thyroid hormone. J Clin Invest 1990; 85: 101-105.
    26. Wikstrom L, Johansson C, Salto C y col: Abnormal heart rate and body temperature in mice lacking thyroid hormone receptor á1. EMBO J 1998; 17: 455–461.
    27. Dillmann WH: Biochemical basis of thyroid hormone action in the heart. Am J Med 1990; 88: 626-630.
    28. Ojamaa K, Klemperer JD, Klein I: Acute effects of thyroid hormone on vascular smooth muscle. Thyroid 1996; 6: 505–512.
    29. Dillmann WH: Thyroid hormone influences on the cardiovascular system: Molecular and clinical studies. Thyroid Today 2001 XXIV: 1-13.
    30. Wieshammer S, Keck FS, Waitzinger J y col: Acute hypothyroidism slows the rate of left ventricular diastolic relaxation. Can J Physiol Pharmacol 1989; 76: 1007-1010.
    31. Vora J, O´Malley BP, Petersen S y col: Reversible abnormalities of myocardial relaxation in hypothyroidism. J Clin Endocrinol Metab 1985; 61: 269-272.
    32. Tielens ET, Pillay M, Storm C y col: Cardiac function at rest in hypothyroidism evaluated by radionuclide angiography. Clin Endocrinol 1999; 50: 497-502.
    33. Danzi S, Klein I: Thyroid hormone-regulated cardiac gene expression and cardiovascular disease. Thyroid 2002; 12: 467-472.
    34. Mizuma H, Murakami M, Mori M: Thyroid hormone activation in human vascular smooth muscle cells: expression of type II iodothyronine deiodinase. Circ Res 2001; 88: 313-318.
    35. Ojamaa K, Klemperer JD, Klein I: Acute effects of thyroid hormone on vascular smooth muscle. Thyroid 1996; 6: 505–512.
    36. Obuobie K, Smith J, Evans LM y col: Increased central arterial stiffness in hypothyroidism. J Clin Endocrinol Metab 2002; 87: 4662-4666.
    37. Dernellis J, Panaretou M: Effects of thyroid replacement therapy on arterial blood pressure in patients with hypertension and hypothyroidism. Am Heart J 2002; 143: 718-724.
    38. Crowley WF, Ridgway EC, Bough EW y col: Noninvasive evaluation of cardiac function in hypothyroidism. Response to gradual thyroxine replacement. N Engl J Med 1977; 296: 1-6.
    39. Hirota Y: A clinical study of left ventricular relaxation. Circulation 1980; 62: 756-763.
    40. Biondi B., Klein I: Hypothyroidism as a risk factor for cardiovascular disease. Endocrine 2004; 24: 1-13.
    41. Kahaly GJ: Cardiovascular and atherogenic aspects of subclinical hypothyroidism. Thyroid 2000; 10: 665-679.
    42. Biondi B, Fazio S, Palmieri EA y col: Left ventricular diastolic dysfunction in patients with subclinical hypothyroidism. J Clin Endocrinol Metab 1999; 84: 2064-2067.
    43. Monzani F, Di Bello V, Caraccio N y col: Effect of levothyroxine on cardiac function and structure in subclinical hypothyroidism: a double blind, placebo-controlled study. J Clin Endocrinol Metab 2001; 86: 1110-1115.
    44. Brenta G, Mutti LA, Schnitman M y col: Assessment of left ventricular diastolic function by radionuclide ventriculography at rest and exercise in subclinical hypothyroidism, and its response to L-thyroxine therapy. Am J Cardiol 2003; 91: 1327-1330.
    45. Senni M, Tribouilloy CM, Rodeheffer RJ y col: Congestive heart failure in the community: a study of all incident cases in Olmsted County, Minnesota, in 1991. Circulation 1998; 98: 2282-2289.
    46. Luboshitzky R, Aviv A, Herer P y col: Risk factors for cardiovascular disease in women with subclinical hypothyroidism. Thyroid 2002; 12: 421-425.
    47. Faber J, Petersen L, Wiinberg N y col: Hemodynamic changes after levothyroxine treatment in subclinical hypothyroidism. Thyroid 2002; 12: 319-324.
    48. Taddei S, Caraccio N, Virdis A y col: Impaired endothelium-dependent vasodilatation in subclinical hypothyroidism: beneficial effect of levothyroxine therapy. J Clin Endocrinol Metab 2003; 88: 3731-3737.
    49. Ness G, Lopez D: Transcriptional regulation of rat hepatic low-density lipoprotein receptor and cholesterol 7 alpha hydroxylase by thyroid hormone. Arch Biochem Biophys 1995; 323: 404-408.
    50. Day R, Gebhard RL, Schwartz HL y col: Time course of hepatic HMG-CoA reductase activity and mRNA, biliary lipid secretion, and hepatic cholesterol content in methimazole-treated hypothyroid and hypophysectomized rats after triiodothyronine administration: possible linkage of cholesterol synthesis to biliary secretion. Endocrinology 1989; 125: 459–468.
    51. Ness G, Lopez D, Chambers C y col: Effects of L-triiodothyronine and the thyromimetic L-94091 on serum lipoprotein levels and hepatic low density lipoprotein receptor, 3-hydroxy-3-methylglutaryl coenzyme A reductase, and apo A-I gene expression. Biochem Pharmacol 1998; 56: 121–129.
    52. Choi J, Choi H: The regulatory effects of thyroid hormone on the activity of 3-hydroxy-3-methylglutaryl coenzyme A reductase. Endocr Res 2000; 26: 1–21.
    53. Chait A, Bierman EL, Albers J: Regulatory role of T 3 in the degradation of LDL by cultured human skin fibroblast. J Clin Endocrinol Metab 1979; 48: 887–889.
    54. Soutar AK, Knight BL: Structure and regulation of the LDL receptor and its gene. Br Med Bull 1990; 46: 891–916.
    55. Bakker O, Hudig F, Meijssen S y col: Effects of triiodothyronine and amiodarone on the promoter of the human LDL receptor gene. Biochem Biophys Res Commun 1998; 249: 517–522.
    56. Nikkilä EA, Kekki M: Plasma triglyceride metabolism in thyroid disease. J Clin Invest 1972; 51: 2103–2114.
    57. Kussi T, Taskinen MR, Nikkila EA: Lipoproteins, lipolytic enzymes, and hormonal status in hypothyroid women at different levels of substitution. J Clin Endocrinol Metab 1988; 66: 61–66.
    58. Valdemarsson S, Nilsson-Ehle P: Hepatic lipase and the clearing reaction: studies in euthyroid and hypothyroid subjects. Horm Metab Res 1987; 19: 28-30.
    59. Tan K, Shiu S, Kung A: Effect of thyroid dysfunction on high-density lipoprotein subfraction metabolism: roles of hepatic lipase and cholesteryl ester transfer protein. J Clin Endocrinol Metab 1998; 83: 2921-2924.
    60. Duntas L: Thyroid disease and lipids. Thyroid 2002; 12: 287-293.
    61. Vierhapper H, Nardi A, Grosser P y col: Low-density lipoprotein cholesterol in subclinical hypothyroidism. Thyroid 2000; 10: 981-984.
    62. Hueston WJ., Pearson W: Subclinical hypothyroidism and the risk of hypercholesterolemia. Ann Fam Med 2004; 2: 351-355.
    63. Bindels A, Westendorp R, Frolich M y col: The prevalence of subclinical hypothyroidism at different total plasma cholesterol levels in middle aged men and women: a need for case-finding? Clin Endocrinol 1999; 50: 217-220.
    64. Bakker S, ter Maaten JC, Popp-Snijders C y col: The relationship between thyrotropin and low density lipoprotein cholesterol is modified by insulin sensitivity in healthy euthyroid subjects. J Clin Endocrinol Metab 2001; 86: 1206-1211.
    65. Müller B, Zulewski H, Huber P y col: Impaired action of thyroid hormone associated with smoking in women with hypothyroidism. N Engl J Med 1995; 333: 964-969.
    66. Iqbal A, Jorde R, Figenschau Y: Serum lipid levels in relation to serum thyroid-stimulating hormone and the effect of thyroxine treatment on serum lipid levels in subjects with subclinical hypothyroidism: the Tromsø Study. J Intern Med 2006; 260: 53–61.
    67. Danese MD, Ladenson PW, Meinert CL y col: Effect of thyroxine therapy on serum lipoproteins in patients with mild thyroid failure: a quantitative review of the literature. J Clin Endocrinol Metab 2000; 85: 2993–3001.
    68. Meier C, Staub JJ, Roth CB y col: TSH-controlled L-thyroxine therapy reduces cholesterol levels and clinical symptoms in subclinical hypothyroidism: a double blind, placebo-controlled trial (Basel Thyroid Study). J Clin Endocrinol Metab 2001; 86: 4860–4866.
    69. Caraccio N, Ferrannini E, Monzani F: Lipoprotein profile in subclinical hypothyroidism: response to levothyroxine replacement, a randomized placebo-controlled study. J Clin Endocrinol Metab 2002; 87: 1533-1538.
    70. Monzani F, Caraccio N, Kozàkowà M y col: Effect of levothyroxine replacement on lipid profile and intima-media thickness in subclinical hypothyroidism: a double-blind, placebo controlled study. J Clin Endocrinol Metab 2004; 89: 2099-2106.
    71. Surks MI, Ortiz E, Daniels GH y col: Subclinical thyroid disease: scientific review and guidelines for diagnosis and management. JAMA 2004; 291: 228-238.
    72. Sundaram V, Hanna A, Koneru L y col: Both hypothyroidism and hyperthyroidism enhance low density lipoprotein oxidation. J Clin Endocrinol Metab 1997; 82: 3421-3424.
    73. Diekman T, Demacker P, Kastelein J y col: Increased oxidizability of low-density lipoproteins in hypothyroidism. J Clin Endocrinol Metab 1998; 83: 1752-1755.
    74. Steinberg D, Parthasarathy S, Carew T y col: Beyond cholesterol: modifications of low density lipoprotein that increase its atherogenicity. N Engl J Med 1989; 320: 915-924.
    75. Duntas L, Mantzou E, Koutras DA: Circulating levels of oxidized low-density lipoprotein in overt and mild hypothyroidism. Thyroid 2002; 12: 1003-1007.
    76. Brenta G, Muzzio ML, Arias P y col: Lipoprotein alterations and hepatic lipase activity in subclinical hypothyroidism. Proceedings of the 13 th International Thyroid Congress, 2005, Buenos Aires, Argentina, p-97.
    77. Berneis K, Krauss R: Metabolic origins and clinical significance of LDL heterogeneity. J Lipid Res 2002; 43: 1363-1379.
    78. Tunbridge WMG, Evered DC, Hall R y col: Lipid profiles and cardiovascular disease in the Whickham area with particular reference to thyroid failure. Clin Endocrinol (Oxf) 1977; 7: 495-508.
    79. Vanderpump MPJ, Tunbridge WMG, French JM y col: The development of ischemic heart disease in relation to autoimmune thyroid disease in a 20-year follow-up study of an English community. Thyroid 1996; 6: 155-160.
    80. Ladenson PW, Wilson MC, Gardin J y col: Relationship of subclinical hypothyroidism to cardiovascular risk factors and disease in an elderly population. Thyroid 1994; 4: S18.
    81. Lindeman RD, Romero LJ, Schade DS y col: Impact of subclinical hypothyroidism on serum total homocysteine concentrations, the prevalence of coronary heart disease (CHD), and CHD risk factors in the New Mexico Elder Health Survey. Thyroid 2003; 13: 595-600.
    82. Hak AE, Pols HAP, Visser TJ y col: Subclinical hypothyroidism is an independent risk factor for atherosclerosis and myocardial infarction in elderly women: The Rotterdam study. Ann Intern Med 2000; 132: 270-278.
    83. Imaizumi M, Akahoshi M, Ichimaru S y col: Risk for ischemic disease, heart disease and all-cause mortality in subclinical hypothyroidism. J Clin Endocrinol Metab 2004; 89: 3365-3370.
    84. Kvetny J, Heldgaard PE, Bladbjerg EM y col: Subclinical hypothyroidism is associated with a low-grade inflammation, increased triglyceride levels and predicts cardiovascular disease in males below 50 years. Clin Endocrinol (Oxf) 2004; 61: 232-238.
    85. Rodondi N, Aujesky D, Vittinghoff V y col: Subclinical hypothyroidism and the risk of coronary heart disease: A meta-analysis. Am J Med 2006; 119: 541-551.
    86. Gussekloo J, van Exel E, de Craen A y col: Thyroid status, disability and cognitive function, and survival in old Age. JAMA 2004; 292: 2591-2599.
    87. Walsh JP, Bremner AP, Bulsara MK y col: Subclinical thyroid dysfunction as a risk factor for cardiovascular disease. Arch Intern Med 2005; 165: 2467-2472.
    88. Rodondi N, Newman AB, Vittinghoff E y col: Subclinical hypothyroidism and the risk of heart failure, other cardiovascular events, and death. Arch Intern Med 2005; 165: 2460-2466.
    89. Ojamaa K, Ascheim D, Hryniewicz y col: Thyroid hormone therapy of cardiovascular disease. Cardiovasc Rev Rep 2002; 23: 20-26.
    90. Trivieri MG, Oudit GY, Sah R y col: Cardiac-specific elevations in thyroid hormone enhance contractility and prevent pressure overload-induced cardiac dysfunction. Proc Natl Acad Sci USA 2006; 103: 6043-6048.
    91. Pingitore A, Landi P, Taddei MC y col: Triiodothyronine levels for risk stratification of patients with chronic heart failure. Am J Med 2005; 118: 132-136.
    92. Franklyn JA, Gammage MD, Ramsden DB y col: Thyroid status in patients after acute myocardial infarction. Clin Sci (Colch) 1984; 67: 585–590.
    93. Wiersinga WM, Lie KI, Toubler JL: Thyroid hormones in acute myocardial infarction. Clin Endocrinol 1981; 14: 367–374.
    94. Klemperer JD, Klein I, Gomez M y col: Thyroid hormone treatment after coronary artery bypass surgery. N Engl J Med 1995; 333: 1522–1527.
    95. Holland FW, Brown PS, Weintraub BD y col: Cardiopulmonary bypass and thyroid function: a “euthyroid sick syndrome”. Ann Thorac Surg 1991; 52: 46–50.
    96. Murzi B, Iervasi G, Masini S y col: Thyroid hormones homeostasis in pediatric patients during and after cardiopulmonary bypass. Ann Thorac Surg 1995; 59: 481–485.
    97. Degens H, Gilde AJ, Lindhout M y col: Functional and metabolic adaptation of the heart to prolonged thyroid hormone treatment. Am J Physiol (Heart Circ Physiol) 2003; 284: H108-H115.

 

 

¿Cómo pude perder con semejante idiota?
AARON NIMZOWITCH

 

 

Tope

 


 

Editorial Electrónica
de FAC





XXXI Congreso
Nacional de Cardiología
Buenos Aires


31 Mayo,
1-2 Junio 2013



7vo. Congreso Virtual
de Cardiología

1º Setiembre al
30 Noviembre, 2013