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Publicaciones > Revista > 08V37N3          f             

¿Es necesario investigar en cardiología?

DANIEL PISKORZ

Instituto de Cardiología del Sanatorio Británico de Rosario.
Dirección postal: Daniel Piskorz. Paraguay 40. 2000 Rosario. Pcia. de Santa Fe. Argentina.
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Summary

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¿Qué es lo que motiva a una persona a investigar? Desde el inicio de la humanidad ha sido necesario saber más del mundo que nos rodea, experimentar sensaciones con él, intentar modificarlo. Este intercambio, que muchas veces comienza siendo un juego, puede tener consecuencias, a veces trascendentes, necesarias, pero muchas otras veces hasta nefastas. Es la moral de quien interviene la que puede determinar en qué dirección se encamina la investigación. Estudiar, aprender, intercambiar, investigar, debería ser lo natural en medicina. La investigación básica, en conjunto con la investigación clínica, son las herramientas idóneas para este desarrollo. Negarlo, entorpecerlo, obstaculizarlo, sería una necedad. Perfeccionarlo, dirigirlo, controlarlo, observarlo, es el camino correcto. Finalmente, no nos olvidemos de las generaciones de médicos por venir. Es necesario que crezcan con el convencimiento de que es necesario investigar en cardiología.

Rev Fed Arg Cardiol 2008; 37: 264-266

 

 

Las personas escuchamos lo que queremos oír y miramos lo que queremos ver. Estas sensaciones, o modelos personales de experimentar las sensaciones, están determinadas por la historia personal del individuo, sus experiencias sociales, culturales y políticas, las que se van modificando y construyendo y reconstruyendo día a día, y que terminan constituyendo la moral personal. Por lo tanto, lo que un sujeto oye y ve está marcado profundamente por sus experiencias personales, y esto, en definitiva, marca al cuerpo de las conclusiones que establece a partir de sus percepciones, y que, de una u otra manera, siempre manifiesta, explícita o implícitamente.

Una persona es su moral o, expresado de otra manera, la forma en que edifica su vida y sus principios a partir de relacionarse con el otro, con el medio, con la naturaleza o con lo que está fuera del yo. En este contexto, cabe preguntarse: ¿qué es lo que motiva a una persona a investigar?

Desde el inicio de la humanidad, ha sido necesario saber más del mundo que nos rodea, experimentar sensaciones con él, intentar modificarlo. Este intercambio, que muchas veces comienza siendo un juego, puede tener consecuencias, a veces trascendentes, necesarias, pero muchas otras veces hasta nefastas. Nuevamente, es la moral de quien interviene la que puede determinar en qué dirección se encamina la investigación.

Pero este intercambio entre la naturaleza y el hombre, llamado investigación, demuestra la necesidad permanente del saber, del conocer, del reconocer la inferioridad del ser humano frente a la naturaleza, del aprender a partir de ella, y el de poder modificarla según la moral imperante. Por lo tanto, investigar es inherente al ser humano, y podría concluirse que es una necesidad humana. Sin embargo, en este punto, otra pregunta se impone: ¿por qué no todas las personas sienten la misma motivación para investigar? Quizás esta pregunta sea más necesaria y compleja de responder. Se podría decir que la historia personal de todos los individuos no es igual, y que en esta construcción diaria de sus vidas y de su moral no ha surgido el sentimiento de inferioridad, la inseguridad o la incertidumbre que genera la naturaleza y que motoriza a investigar para conocerla mejor y modificarla, si fuera su necesidad moral. En definitiva, estudiar, aprender, intercambiar, investigar, debería ser lo natural en Medicina.

Una historia para reflexionar
La República Argentina ha tenido una tradición histórica en las investigaciones médicas, y basta decir que sólo cinco premios Nobel han sido de habla hispana, y tres de ellos oriundos de nuestro país. En el año 1947, el doctor Bernardo A. Houssay recibió el premio Nobel de Fisiología y Medicina por su trabajo "Influencia del lóbulo anterior de la hipófisis en la distribución de la glucosa en el cuerpo". La historia del doctor Houssay goza de las peculiaridades de nuestro país. Algún tiempo después de su logro fue expulsado de la Universidad Nacional de Buenos Aires por razones políticas: sin embargo, transcurridos algunos años, se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, conocido como CONICET, y él fue su primer presidente. No creo que esto haya sido un resarcimiento, y si se intentó que lo fuera, se debe decir que no hay modo de enmendar lo ocurrido con un científico de esta envergadura. Lo que sí parece claro es que alguien se equivocó, aunque veremos que no es el único error cometido en la historia argentina.

En 1970, el doctor Luis Federico Leloir recibió el premio Nobel de Química por haber descripto lo que se conoce como el "camino Leloir". Sus investigaciones fueron efectuadas en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas, y su trabajo fue publicado en la revista Nature, en 1950 [1]. En aquellos años se sabía que la enzima ester glucosa-1,6 difosfato era el nexo entre la glucosa 1-fosfato y la glucosa 6-fosfato. El doctor Leloir describió que la uridinadifosfato glucosa (UDPG) era el "camino Leloir" entre la galactosa 1-fosfato y la glucosa 1-fosfato.

El doctor César Milstein, al igual que el doctor Bernardo Houssay, constituye otro de los casos paradigmáticos que nos ayuda a comprender la brújula perdida de nuestro país. En la década del 50 debió emigrar a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, por ser un "judío comunista". En 1984 recibió el premio Nobel de Fisiología y Medicina por el desarrollo de una técnica para crear anticuerpos con una estructura química idéntica, denominados anticuerpos monoclonales; y junto con G. Köhler publicó, en el European Journal of Immunology, en 1976 [2], sus investigaciones, con el título Derivation of specific antibody-producing tissue culture and tumor line by cell fusion.

Lo que a continuación relataré es otra pequeña historia, que recorrió más de cien años y que, por alguna oscura razón, no llegó al premio Nobel. En 1898, en el Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, R. Tilgerstedt y B. Bergman descubrieron la renina. En 1957, un grupo de trabajo liderado por el doctor Eduardo Braun Menéndez e integrado por los doctores Juan Carlos Fasciolo, Alberto Taquini y Juan Marcelo Muñoz, acompañados por los dos galardonados con el premio Nobel, Luis Federico Leloir y Bernardo Houssay, describió, en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires, una sustancia hipertensora distinta de la renina, a la que se denominó hipertensina. Sin embargo, ya en Nature, en 1939 [3], se puede encontrar la publicación Hypertensine, the substance causing renal hypertension. Simultáneamente, en la Cleveland Clinic (Ohio, USA) el doctor Irving Page, con el auspicio de un laboratorio privado, aisló una sustancia similar, a la que denominó angiotonina. Ambos grupos llegaron a esta conclusión luego de investigar durante aproximadamente 20 años el tema, y en una conferencia que se llevó a cabo en ese mismo año 1957, acordaron unificar las dos nomenclaturas (angiotonina e hipertensina) en un solo nombre: angiotensina.

Debieron transcurrir 30 años desde las descripciones de Braun Menéndez y Page para que sus investigaciones encontraran una aplicación clínica, fin último de toda experimentación básica. En 1987, en el New England Journal of Medicine [4] se publicó el estudio CONSENSUS, que investigó el papel del enalapril, un inhibidor de la enzima conversora de angiotensina I en angiotensina II, en el tratamiento de los pacientes con insuficiencia cardíaca grado IV. Esta fue la primera intervención terapéutica sobre el sistema renina-angiotensina-aldosterona que demostró un significativo beneficio clínico en alguna patología, y puso en evidencia la importancia de la investigación básica en general, y particularmente en nuestro país, así como la ine­vitable e imprescindible articulación entre la investigación básica y la investigación clínica.

Sin embargo, la investigación no se detuvo allí. En 1988 Florent Soubrier [5] publicó sus investigaciones en Proceedings of the National Academy of Sciences, habiendo logrado la clonación de la enzima conversora de la angiotensina. Poco tiempo después, en 1989, en la publicación DNA, Gaillard [6] dio a conocer la clonación del gen que codifica al angiotensinógeno; y Takayanagi [7], en 1992, publicó, en Biochemical and Biophysical Research Communications, la clonación del gen que codifica al receptor AT1. Simultáneamente, durante la década del 90 se desarrollaron las investigaciones que permitieron consolidar a los bloqueantes de los receptores de la angiotensina II en el arsenal terapéutico, y en este siglo XXI, a los inhibidores directos de la renina.

Preguntar y preguntarse
Si una persona tiene un infarto agudo de miocardio, sin duda le gustaría saber si es más conveniente que su arteria coronaria permanezca ocluida o sea recanalizada. Y a la vez conocer si es preferible que el vaso culpable esté permeable. Y saber cómo puede ser recanalizado, si con trombolíticos o con una angioplastia. Y si al recanalizarlo con una angioplastia sería conveniente que le implanten un stent. Y, si así se hiciera, ¿sería preferible que fuera con un stent convencional o con uno fármaco-activo, con liberación de drogas? Ante la preocupación de que el stent se ocluyera ¿preferiría antiagregación plaquetaria dual? Y entonces ¿qué antiagregantes plaquetarios utilizar? ¿Aspirina, clopidogrel, ambos? ¿Y en qué dosis? ¿81 mg, 162 mg o 325 mg de aspirina? ¿O 150 mg, 300 mg o 600 mg de clopidogrel? ¿Y por cuánto tiempo? ¿Debería recibir también tratamiento hipolipemiante, o habría que solicitarle primero un perfil lipídico y conocer qué hipolipemiante indicar? ¿Estatina, ácido nicotínico, ezetimibe, fibratos, todos ellos? ¿Y en qué momento iniciar el tratamiento hipolipemiante? ¿Desde la unidad coronaria, luego del alta, al mes? Si hubiera deterioro en su fracción de eyección ¿habría que agregar alguna otra medicación? ¿A qué pacientes postinfarto debemos agregar betabloqueantes? ¿Todos los betabloqueantes son iguales? Si hubiera que inhibir el sistema renina-angiotensina-aldosterona ¿con qué drogas se haría? ¿Con inhibidores de la ECA, con antagonistas de los receptores de la angiotensina, con antialdosterónicos o con inhibidores directos de la renina? ¿Tal vez con todos ellos? También deberíamos precisar si existe isquemia postinfarto y en qué momento investigarla. Y si existe isquemia postinfarto ¿qué hacer? ¿Proponemos revascularización percutánea o quirúrgica, o mantenemos sólo el tratamiento médico?

Podríamos seguir indefinidamente con este tipo de preguntas, lo cual seguramente aburriría al lector. Pero este tipo de preguntas, y muchas otras, ya han sido contestadas, o se intenta buscarles respuesta a través de la investigación clínica. Por lo tanto, investigar es natural y necesario, para saber qué hacer y también qué no hacer con nuestros pacientes. Y también para generar nuevas preguntas e intentar darles respuesta, para así conocer lo que aún no conocemos.

Consideraciones finales
En treinta años, la medicina y los médicos hemos evolucionado desde un ejercicio empírico e individual a otro basado en las evidencias científicas que, como tales, deben continuar siendo consideradas relativas. La humanidad, en esos mismo años, ha derribado dogmas políticos, culturales y religiosos, y los médicos no hemos estado ajenos a esta evolución, construyendo nuevos paradigmas que, indudablemente, deben ser modificados y reconstruidos permanentemente. La investigación básica, en conjunto con la investigación clínica, son las herramientas idóneas para este desarrollo. Negarlo, entorpecerlo, obstaculizarlo, sería una necedad. Perfeccionarlo, dirigirlo, controlarlo, observarlo, es el camino correcto.

Finalmente, no nos olvidemos de las nuevas generaciones médicas, las que necesitan desarrollarse con el pleno convencimiento de que sí es necesario investigar en cardiología.

 

 

SUMMARY
IS IT NECESSARY TO INVESTIGATE IN CARDIOLOGY?
What motivates someone to investigate? From the beginning of the humanity it has been necessary to know more of the world that surrounds us, to experience sensations with it and try to modify it. This exchange, which often starts by being a game, sometimes has trascendent consequences, but many other times up to harmful. It is the investigator's ethics what will guide the direction of the investigation. In Medicine it should be natural to study, learn, exchange, and to investigate. The basic investigation as a whole with associated clinical investigation are the suitable hardware for this development. To deny it, obstruct it, hinder it, is not the right way to do it. We would be able to draw from an ethic point of view to offer a potential template for future directions in medical research. Finally, do not forget the generations of coming physicians, who must grow with the conviction that it is necessary to investigate in cardiology.

 

Bibliografía

  1. Cardini C, Paladini A, Caputto R, Leloir LF: Uridine diphosphate glucose: the coenzyme of the galactose-glucose isomerization. Nature 1950; 165: 191-193.
  2. Köhler G, Milstein C: Derivation of specific antibody-producing tissue culture and tumor line by cell fussion. Eur J Inmunol 1976; 6: 511-519.
  3. Braun Menéndez E, Fasciolo JC, Leloir LF, Muñoz JM: Hypertensine: the substance causing renal hypertension. Nature 1939; 144: 980.
  4. The CONSENSUS Trial Study Group: Effects of enalapril on mortality in severe congestive heart failure. Results of the Cooperative North Scandinavian Enalapril Survival Study (CONSENSUS). N Engl J Med 1987; 316: 1429-1435.
  5. Soubrier F, Alnenc-Gelas F, Hubert J, Allegrini J, Johm M, Tregear G, Corvol P: Two putative active centers in human angiotensin-I converting enzyme revealed by molecular cloning. Proc Natl Acad Sci 1988; 85: 9386-9390.
  6. Gaillard I, Clauser E, Corvol P: Structure of human angiotensinogen gene. DNA 1989; 8: 87-99.
  7. Takayanagi R, Ohnaka K, Sakai Y, Nakao R, Yanase T, Haji M, Inagami T, et al: Molecular cloning, sequence analysis and expression of a cDNA encoding human type-1 angiotensin II receptor. Biochem Biophys Res Commun 1992; 183: 910-916.
 
Algunas cosas necesitan ser creídas para ser vistas.
GUY KAWASAKI

Publicación: Octubre 2008


 

Editorial Electrónica
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