ISSN 0326-646X
 

 
 
 
 
 
 
 
 

 
 

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Sumario Vol. 42 - Nº 1 Enero - Marzo 2013

Los Péptidos Natriuréticos: el eslabón perdido de la fisiología cardiometabólica? .

Natriuretic Peptides: the missing link of the cardiometabolic physiology?

Hugo Ramos.

Cátedra de Medicina II.
Universidad Nacional de Córdoba.
Córdoba. Argentina.
Comité de Cardiopatía Isquémica de la Federación Argentina de Cardiología. Av. Caraffa 2349 X5008 KKF
Córdoba. República Argentina.
Correo electrónico

Los editoriales representan la opinión de los autores,
no necesariamente las del Comité Editorial de la Revista FAC.
Rev Fed Arg Cardiol. 2013; 42(1): 3-4


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El Origen de las especies de Darwin constituyó una de las bases para la comprensión de los mecanismos adaptativos de los seres vivos y posteriormente, los descubrimientos de la fisiología nos acercaron a los mecanismos moleculares por los que suceden. En este sentido, los seres marinos que luego de sucesivas adaptaciones se hicieron terrestres, portan en su sistema vascular el plasma, cuya composición química recuerda al agua de mar, de donde provienen. Para regular la composición del plasma, algunas especies como los mamíferos, utilizan a los Péptidos Natriuréticos (PNs), hormonas cardíacas que tienen múltiples funciones y que actualmente sirven como marcadores clínicos en insuficiencia cardíaca, síndromes coronarios agudos, sepsis y rechazo agudo de transplante cardíaco. Hasta su descubrimiento, existían “agujeros negros” que no permitían comprender algunos de los mecanismos que ligaban la fisiología cardíaca y renal, pero una vez elucidados se corrió el velo y los investigadores básicos y clínicos pudieron resolver problemas concretos y enunciar nuevos interrogantes. Aunque la bibliografía clínica ha difundido que Atrial Natriuretic Factor (ANF), también denominado Atrial Natriuretic Peptide (ANP), es secretado por las aurículas y Brain Natriuretic Peptide (BNP) por los ventrículos, hay suficientes datos para fundamentar que la principal fuente de ambas hormonas son las aurículas. Se ha demostrado que los ácidos ribonucleicos mensajeros (ARNm) de ANP y BNP son mucho más abundantes en el tejido auricular que en los ventrículos; además, las concentraciones de los extremos C terminal de ANP y BNP (CT-ANP y CT-BNP) en los corazones de ratas son significativamente mayores en las aurículas que en los ventrículos y la concentración de ANP es mayor que la de BNP. En ciertas condiciones patológicas la concentración relativa de BNP es mayor que la de ANP, pero esto no debería modificar el concepto de que en las aurículas, en los ventrículos y en sangre la concentración de ANP es mayor que la de BNP [1,2]. Este dato anatomofuncional puede no ser menor ya que si bien ANP y BNP comparten funciones similares, algunas otras son diferenciadas. Por ejemplo, en condiciones de sobrecarga hemodinámica del ventrículo izquierdo los niveles sanguíneos de ambas hormonas se elevan, pero si predomina la inflamación, como en la sepsis o miocarditis, la elevación de BNP es muy superior a la de ANP. Las únicas situaciones en las que BNP aumenta mucho más que ANP son el rechazo agudo de transplante cardíaco y la exposición de las células miocárdicas a citoquinas inflamatorias [3,4]. Es decir, los PNs son secretados también ante señales metabólicas e inflamatorias y no solamente mecánicas.

Últimamente, se ha desarrollado un gran interés por la relación que tienen los PNs con la obesidad, síndrome metabólico y diabetes mellitus tipo 2, ya que se ha observado que los niveles plasmáticos de los PNs son inversamente proporcionales al índice de masa corporal, tanto en personas sanas como en las que padecen insuficiencia cardíaca. Dado que hay una interacción entre los PNs y algunos péptidos intestinales, es posible que exista un eje intestino-cerebro-corazón. Por ejemplo, la ghrelina, un péptido producido por las células fúndicas del estómago y épsilon del páncreas, tiene un efecto estimulante del apetito enviando señales al cerebro para aumentar el ingreso de alimentos; además, tiene efectos vasodilatadores, estimulantes de la función cardíaca y de la memoria, es antiapoptótico de las células intestinales y antiinflamatorio.  Se ha visto que la administración intravenosa de BNP a sujetos sanos disminuye significativamente los niveles sanguíneos de ghrelina y en consecuencia disminuye la sensación de hambre y aumenta la sensación de saciedad, aun sin haber recibido alimentos, sin aumentar los niveles plasmáticos de la hormona anorexígena intestinal PYY [5]. En pacientes con insuficiencia cardíaca los niveles de ghrelina están aumentados pero también los de BNP, por lo que se cree que debido a los altos niveles de BNP no es posible que ghrelina aumente más y podría ser una de las causas de la disminución del apetito y de caquexia cardíaca.  Por otro lado, debido a que los receptores de los PNs están ampliamente distribuidos en el sistema nervioso central, no se puede excluir que por efecto directo, éstos también actúen en el mismo sentido de reducir el apetito [5,6]. Véase el artículo publicado

En este número, Castro Torres y Fleites Pérez [7] revisan la relevancia fisiológica y clínica que puede tener la comprensión del complejo mecanismo en que están involucrados los PNs, es decir, más allá de las conocidas funciones sobre el sistema cardiovascular. El hecho de que los PNs interactúen con péptidos intestinales, con productos de los adipocitos como adiponectina y leptina, las interleukinas, el sistema renina-angiotensina-aldosterona y, que posiblemente tengan efectos directos sobre los receptores del sistema nervioso central, sugiere que estas hormonas cardíacas no solamente tienen una función que depende de estímulos mecánicos, como el fenómeno de “estiramiento-secreción”, sino que son una parte importante de un mecanismo fisiológico altamente especializado. En la actualidad, están en desarrollo estudios para comprender mejor la fisiología de los PNs relacionados con la hipertensión arterial, obesidad, diabetes tipo 2 y también su aplicación terapéutica en estas patologías [8]. Por lo tanto, es posible que al revelar las funciones e interacciones de los PNs, a más de 30 años del descubrimiento del factor natriurético atrial [9], todavía no bien conocidas en su totalidad, se encuentre el “eslabón perdido” que conecta la fisiología cardiovascular con el metabolismo de los nutrientes y la inflamación.

 

BIBLIOGRAFIA.

  1. Yokota N, Bruneau BG, Fernandez BE, et al. Dissociation of cardiac hypertrophy, myosin heavy chain isoform expression, and natriuretic peptide production in DOCA-salt rats. Am J Hypertens 1995; 8: 301-310.
  2. Ramos H, de Bold AJ. Gene expression, processing, and secretion of natriuretic peptides: physiologic and diagnostic implications. Heart Fail Clin 2006; 2: 255-268.
  3. Masters RG, Davies RA, Veinot JP, et al. Discoordinate modulation of natriuretic peptides during acute cardiac allograft rejection in humans. Circulation 1999; 100: 287-291.
  4. Ma KK, Ogawa T, de Bold AJ. Selective upregulation of cardiac brain natriuretic peptides at the transcriptional levels by proinflammatory cytokines and by conditioned medium derived from mixed lymphocyte reactions via p38MAP kinase. J Mol Cell Cardiol 2004; 36: 505-513.
  5. Vila G, Grimm G, Resl M, et al. B-Type Natriuretic Peptide modulates ghrelin, hunger, and satiety in healthy men. Diabetes 2012; 61:2592-2596.
  6. Cao LH, Yang XL. Natriuretic peptides and their receptors in the central nervous system. Prog Neurobiol 2008; 84: 234-248.
  7. Castro Torres Y, Fleites Pérez A. Péptidos natriuréticos y obesidad. Un acercamiento a un tópico de interés. Rev Fed Arg Cardiol 2013; 42 (1) __-__.
  8. de Bold MK, Sheffield WP, Martinuk A, et al. Characterization of a long-acting recombinant human serum albumin-atrial natriuretic factor (ANF) expressed in Pichia pastoris. Regul Pep 2012; 175 (1-3): 7-10. doi: 10.1016/j.regpep.2012.01.005.
  9. de Bold AJ. A treinta años del descubrimiento del factor natriurético atrial. Rev Fed Arg Cardiol 2011; 40 (2): 102-104.

 

 

Publicación: Marzo 2013

 
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