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RCP FAC

 

Revista de la Sociedad de Cardiología de Corrientes


Edición Nº48. Acceder
(Enero-Febrero-Marzo 2018).
 


 


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LAMENTAMOS COMUNICAR EL FALLECIMIENTO DEL
PROF. DR. FERNANDO DE LA SERNA
Ex Presidente de FAC (1970-1971)

Lamentamos comunicar el fallecimiento del Prof. Dr. Fernando de la Serna, miembro emérito, ex presidente de nuestra institución y uno de los grandes referentes de la cardiología nacional.
 

Palabras de despedida del Presidente de FAC,
Dr. Adrián D´Ovidio

Ha fallecido el Prof. Dr. Fernando de la Serna. Tuve la dicha de conocerlo y tratarlo desde mis inicios en FAC hace 35 años.
La generosidad, la tenacidad, el buen ejemplo, el consejo en el momento preciso, la experiencia compartida, el respeto a la familia, a la historia, el culto de la amistad, la hombría de bien, todo presente en una persona.
Fernando de la Serna fué el Presidente FAC (1970-71), el más jóven de la historia. Había que llevar las riendas de FAC en aquellos años! Era la tercera presidencia, la FAC había nacido "recién" y cualquier error, como pasa con los pequeños "sarmientitos", hubiera hecho que no se desarrollara.
Y él, junto a brillantes congéneres, la llevaron adelante, la hicieron crecer, le donaron identidad, hasta llegar a lo que somos hoy, una institución pujante de 32 sociedades y 5 Delegaciones, y en todas y cada una se sabe muy muy bien quién fue el Prof. De la Serna.
Gracias Fernando, gracias por sus clases, sus libros, sus palabras firmes, su ejemplo y su abrazo generoso. Ha fallecido alguien que hizo la historia de FAC, uno de los reales fundadores.
Hasta la vista Presidente FAC 1970-71!!! Gracias por tanto! Es nuestro deber honrar su memoria y una muy buena forma de hacerlo es trabajando para nuestra querida Federación Argentina de Cardiología.
 
Semblanza del Prof. Dr. Fernando de la Serna,
Por parte del Dr. Adolfo Poliche
Despidiendo a un amigo
Con la convicción de que las palabras resultan insuficientes para expresar el dolor que en ciertas circunstancias nos embarga; esta es una de ellas. A pesar de lo cual, he decidido dejar por este medio, el testimonio del impacto que me produjo la inesperada noticia de la partida de Fernando de la Serna, amigo de toda una vida recorrida juntos, a la vez que destacar aspectos de su personalidad, que a mi juicio, lo convierten en un ejemplo para las nuevas generaciones. Con el deseo de que se conozcan la excepcional calidad humana de quien fue figura protagónica de nuestro tiempo, en los distintos ámbitos y en las distintas actividades que desarrolló durante su existencia, lo expresaré en una muy apretada síntesis. Cuando a comienzos de la década de los años sesenta del siglo pasado, la coincidencia laboral en un instituto de la especialidad en el sector público, creado en esos años,  nos pusieron en contacto, no nos conocíamos, veníamos de dos ámbitos distintos, con vivencias y visiones diferentes de lo que estábamos viviendo. Éramos jóvenes, recién egresados de nuestras carreras universitarias, transitábamos la etapa de las ilusiones y de los sueños de nuestras vidas, cuyas concreciones serían el motivo principal de nuestras luchas en aquellos años. Así iniciamos el largo camino que recorrimos unidos por ese puro y noble sentimiento que a veces nos vincula a los seres humano, el de la AMISTAD, que como esta vez milagrosamente ocurrió, que con el paso del tiempo, se convirtió en fraterno. Desde entonces, entendí que en diferentes aspectos de nuestras vidas, teníamos intereses y visiones distintas, pero que sosteníamos y defendíamos ideales comunes y convicciones muy arraigadas sobre procedimientos y conductas, que nos hacían superar ampliamente aquellas diferencias. En esas circunstancias comprendí que en el ejercicio de nuestra profesión, él priorizaba su natural e indeclinable vocación docente, que lo llevaba a convertirse en un obsesivo e infatigable lector, buscando en su nutrida y selecta biblioteca, conocer los aportes novedosos que en el mundo enriquecían nuestra especialidad y que con su habitual generosidad, transmitía a todo el grupo de profesionales que nos desempeñábamos en aquella institución y a los colegas y alumnos de la Facultad, en donde era docente. Gracias a su valioso aporte y al que en diversos rubros de la actividad contribuían otros integrantes de aquel grupo, al que se sumaban los aportes materiales que hacían personas o instituciones que apoyaban nuestra labor, logramos superar la precariedad de las instalaciones en las que aquel funcionaba, la escasez de medios con que contábamos y la dura crítica de quienes se resistían al cambio que significaba el trabajo en equipo y el éxito que de ello resultaba y en pocos años, lo convertimos en la institución integral de la especialidad, más importante del país. Éxito que disfrutábamos y nos  enorgullecía. En aquellos años, el ámbito de nuestros aportes, debates y discusiones sobre el tema que absorbía casi todo nuestro tiempo, era en la muy modesta Sociedad de Cardiología local y a nivel nacional pertenecíamos en calidad de miembros individuales, a la única institución, que en ese momento agrupaba a los especialistas de todo el país, la Sociedad Argentina de Cardiología, con sede en Buenos Aires, que como ocurre con la inmensa mayoría de las instituciones que nuclean a los representantes de las más diversas actividades, funcionan con estructuras fuertemente unitarias. Esta situación nos rebelaba, su estructura individualista nos privaba de participar e influir en la toma de decisiones de la entidad, sentíamos que ignoraban a las instituciones locales y que ella con esa estructura organizativa, no nos representaba. Este fue uno de los desafíos, que inspiraron nuestra lucha, para tratar de cambiar esa irritante realidad. En esas circunstancias, quienes nos precedieron en la práctica de la especialidad, ampliando el ámbito institucional decidieron crear una institución que integrara a los especialistas de nuestra región, así se crea la Sociedad de Cardiología del Noroeste, en donde nuestra generación, consideró que era el comienzo del camino que debíamos transitar para concretar el sueño de confraternizar y compartir en igualdad de condiciones con los colegas de todo el país, el protagonismos en el progreso y desarrollo de la especialidad, mediante la creación de una institución de efectivo carácter federal, que nos integrara a todos los especialistas argentinos y cuya conducción la ejercieran alternadamente los residentes en las distintas provincias o regiones,  Por ello abrazamos aquellas iniciativas con gran entusiasmo y colaboramos, aportando ideas, realizando esfuerzos en busca de  concretar objetivos y animados por la esperanza de concretar nuestros sueños. para que través de ello, se iniciara el gran cambio, que se necesitaba para equilibrar y armonizar el desarrollo de la especialidad, en todo el territorio nacional.  Es así, como en el mes de Agosto de 1964, la mencionada Sociedad regional, organizó en Salta "Las Primeras Jornadas de Cardiología del Interior del País", en cuyo seno se acordaron principios básicos y fundamentales que debían regir a la institución a crearse, por lo que afirmamos que allí se gestó el nacimiento de la querida Federación Argentina de Cardiología, hecho que se concretó en Córdoba en Julio de 1965. En todos estos trámites, los representantes de nuestra generación, ocupábamos lugares institucionales secundarios, pero estábamos convencidos que nuestras ilusiones y nuestros sueños juveniles se habían convertido en una hermosa realidad y había que poner todo el esfuerzo posible, para afirmar a la nueva institución, hacerla crecer y proyectarla a lo que a nuestro juicio era su inexorable gran destino. El camino lo iniciaron los representantes de la generación que nos precedió y a poco de andar, valorando su compromiso con la nueva institución y sus condiciones de conductor, De la Serna fue el primer representante de nuestra generación elegido para Presidirla. Como era dable suponer, en su gestión puso énfasis en la enseñanza y en la divulgación de nuevos conocimientos de la especialidad, es así que a través de un acuerdo con los editores de la revista Semana Médica, cada determinado número de aquella, se publicaba uno dedicado exclusivamente a la Cardiología, que aparecía como publicación oficial de la FAC. Esta ardua tarea la asumió bajo su absoluta responsabilidad. Lo que no significó que descuidara los otros aspectos de la conducción de la  institución, que en esos tiempos no fue nada fácil ni tranquila. Desde que cumplió con su mandato, puedo afirmar que más allá de los distintos cargos o funciones que desempeñó en otros ámbitos, sus 2 grandes preocupaciones, fueron su innata vocación docente, por la que al crearse en 1980 el "Curso Superior de Médico Cardiólogo", en nuestra Facultad de Medicina, se integró al cuerpo docente del mismo -al solicitar su pase desde la Cátedra de Clínica, en donde se había desempeñado hasta ese momento-, al que dedicó su mayor empeño y capacidad y al jubilarse quien lo conducía hasta entonces, pasó él a dirigirlo, imprimiéndole su particular impronta de calidad e información actualizada, por lo que más tarde, cuando fue examinada para su acreditación, por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), fue aprobada con la calificación de nivel A (De excelencia). En esta área, su actuación culmina con la publicación de su ya clásico libro sobre "Insuficiencia Cardíaca Crónica", al que actualizaba permanentemente. En su condición de  docente, tambien compartía su labor colaborando con las sucesivas autoridades de FAC, en donde cumplía con las diversas funciones que le confiaban, lo que se prolongó hasta el día de su lamentable desaparición. Su otra gran preocupación era el destino institucional de la FAC, a la que había contribuido a gestar y luego conducir, crecer y prestigiar. En los últimos tiempos compartíamos reuniones por nuestras mutuas pertenencias a la Academia de las Ciencias de la Salud de Tucumán y al Consejo de Maestros de la Facultad de Medicina, en donde a veces, cuando las circunstancias eran propicias, recordábamos con nostalgia, pero también con satisfacción y hasta con alegría, algunos de los muchos episodios compartidos y me manifestaba su tranquilidad y satisfacción por todo lo vivido y logrado a lo largo de su existencia y el reconocimiento que hacía a la enorme contribución que para que ello fuera posible, había hecho Techi, su inseparable esposa, compañera y amiga de toda la vida. Querido Nano, te has ganado el afecto y el reconocimiento de los que te conocieron y trataron y yo he perdido a un amigo entrañable. Descansa en Paz.-

Adolfo Poliche  

 
 
 
 
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