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Revista de la Sociedad de Cardiología de Corrientes


Edición Nº48. Acceder
(Enero-Febrero-Marzo 2018).
 

 




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EL VIAJE COMO DESTINO
Perfil del Presidente de FAC Dr. Adrián D´Ovidio
 
 
Por Lorena Pestana, Gerente de Comunicaciones FAC

El viaje, los transportes, los lugares de tránsito serían un no lugar según la definición del antropólogo francés Marc Augé, sin embargo, para Adrián D´Ovidio, hoy presidente de FAC, es el lugar por excelencia que definió su vocación. Según sus propias palabras: “Estaba inscripto en abogacía y de pronto, durante un viaje en micro a Mar del Plata, decidí que quería estudiar medicina. Es curiosísimo esto de las vocaciones, porque desde ese momento, y sin que mediara causa alguna lo decidí y hasta hoy, no podría haber sido otra cosa. ¡Cuando se lo dije a papá casi se desmayó! Creo que la profesión me buscó a mí y no yo a ella, además creo que particularmente los médicos “nacemos” no “nos hacemos”.

El presidente de FAC no pensaba en ser médico aunque gran parte de su familia lo era, su padre, su abuelo paterno, sus tíos. Como egresado de la Escuela Superior Carlos Pellegrini de Buenos Aires, tenía la entrada libre a la Facultad que quisiera y a pesar de inscribirse en derecho, ese viaje peculiar fue una suerte de “vuelta a casa”.

Tal vez esto de los viajes esté marcado por un hobbie muy importante que tiene, le encantan los autos…..y por supuesto las motos. “La mitad de mi vida cuando estoy en San Juan (donde vive hace ya muchísimos años, a pesar de ser oriundo de Buenos Aires) la hago en moto”, nos relata D´Ovidio. También es un apasionado de los deportes, todo aquello en el que el movimiento es la clave: “¡Amo el fútbol! No lo juego hoy lamentablemente por problemas físicos, pero si pudiera lo haría. Me encantan el tenis y el Golf…..las largas caminatas y también el ciclismo”. Esto sigue reforzando como el movimiento imprime en su vida: “…A veces una charla completa o una diapositiva, surgen en esos momentos! La mente se aclara!”.

Pero también le encanta la lectura. En la quietud que evoca la lectura el movimiento estaría dado en su voracidad y eclecticismo: “¡Me fascina leer, y muy diverso! Leo de historia mucho (soy un “Sanmartiniano” enfermo), pero también leo novelas, libros de psicología, he estudiado con mi hermano parapsicología, en realidad leo de todo”, tal vez herencia de su padre Camilo Alejandro D’Ovidio D’Elía, médico ginecólogo, que cuando se le solicita un recuerdo escoge el siguiente: “… siempre lo recuerdo, cada día, estudiando, compraba los libros de la facultad y primero los hojeaba él…” Además, señala como legado, su hombría de bien, su legado de honestidad y de culto al trabajo y el estudio permanente, el entender que las cosas hay que ganárselas con medios lícitos y el sentido de familia. Tal vez sea por eso que para este hombre que hoy le toca presidir la FAC, la familia, compuesta por su esposa María y sus hijas Alejandra y Camila. Sus hermanos Fernanda y Rogelio, y su madre, que tiene 91 años y una serie de tíos y primos, lo es TODO. Así define lo que le provocan sus hijas: “Me llena de orgullo ver que mis hijas son “buenas personas” y que tienen principios de vida sólidos que les van a permitir sortear los momentos duros con grandeza y vivir los buenos con alegría…. no querría morirme si ver crecer a mi hija menor, Camila, veo y respiro a través de mis hijas”.

En este devenir que es la misma existencia, las crisis y los momentos duros no le fueron ajeno: “Crisis, muchísimas, momentos difíciles, también, como les ocurre a todos, no soy una excepción para nada. Creo que aferrándome a algo básico en lo que creo sinceramente y es que: todo, menos la muerte, puede ser superado. Los momentos duros los enfrento -de frente-, sin intermediarios y sin esconderme, con la PASIÓN, que es lo que mueve mi vida, con esperanza y con perseverancia. Y por qué negar que en esos momentos duros también me aferré a la fe”. Tal vez esa pueda ser una de las razones por las que como libro de cabecera, a pesar de que tiene muchos favoritos como: “El Principito”, “Juan Salvador Gaviota”, “El Profeta”, “El Caballero de la Armadura Oxidada”, “1984”, “El túnel”, “Rayuela”, “San Martín”, de la Profesora Pascuall, entre otros elige: “La Biblia”. “Si bien soy católico no soy un gran practicante, pero la he leído (particularmente el nuevo testamento, todos sus libros) muchas veces y realmente encierran sabiduría” Y también probablemente por la misma razón uno de sus sentidos, se encastra en este sentido tal vez no religioso pero sí espiritual: “… quiero mejorar y crecer cada día, el sentido más importante es el crecimiento en todo sentido. Y DAR, si uno no da la vida no tiene sentido”.

Este registro que uno tiene de Adrián D´Ovidio del viaje, de la construcción de su ser en pleno movimiento, de su energía explosiva, lo dice claramente cuando confiesa: “Me encanta viajar y hacerlo en familia”. Inclusive, cuando se le pregunta por sus cuadros favoritos, alude a aquellos que ha tenido la dicha de presenciar en museos del mundo: “… el museo que más me gusta, es el Museo del Prado en Madrid, después el Louvre en París. La pintura que más me gusta y quien la pintó es también el pintor que más me ha gustado siempre: El “Cristo” de Velázquez, que he tenido la suerte de verlo muchísimas veces y cada vez que voy por Madrid paso por el Prado a ver ese y todos los cuadros de Velázquez, también me encantan Goya, El Greco, Gaugin, Tolousse Lautrec, El Bosco, … y por supuesto un espacio especial para Picasso y su impresionante “Guernica”, y la lista realmente podría seguir”.

Hasta aquí podríamos decir que es una energía poderosa que en su movimiento pasa y transforma. Sin embargo, todos sabemos que para lograr cosas hay que saber conducir, y no solo pasar, sino estar en el momento adecuado. Esta cualidad, tal vez devenga de su madre, Susana Beatriz Becco Vignoles, ama de casa, profesora de inglés y francés (aunque en aquella época pocas podían ejercer) y que según él la definía como mujer de carácter y que "... como en todas las casas, creo, ella llevaba las riendas."

Si bien la vocación “lo encontró” casi subrepticiamente en un micro, en dirección a Mar del Plata, de la subespecialidad, nunca tuvo dudas: “…recuerdo que practicando como alumno de anatomía, nunca dudé que quería ser cardiólogo, me fascina. Ya de más grande una subespecialidad afín me cautivo, es la Medicina Vascular (imposible separarlas) y en la actualidad ejerzo las dos todos los días”.

También tiene claridad meridiana cuando se le pregunta sobre lo más importante como médico:
“EL PACIENTE”, por eso debemos estudiar todos los días, actualizarnos permanentemente, estar al día para poder darle lo mejor. Además me encanta enseñar, ¡mi vida es la docencia!...Creo que lo que siento como un desafío es cómo - llegar- a esa persona que viene a verme, o a vernos (no puedo un segundo dejar de pensar en los equipos con los que trabajo en el hospital Rawson de San Juan, el trabajo en equipo me parece fundamental), entendiendo que debemos comprender al paciente holísticamente”.

D´Ovidio tiene una energía infinita que la derrama en todo lo que hace como si el fin no existiese, pero también en todo lo que proyecta, por eso admite: “…si alguien vende o inventa tiempo que me busque, ¡que se lo compro!!!!”, con su énfasis habitual. Sin embargo, es respetuoso de la muerte ya que trabajó 36 años al lado de pacientes que la padecieron, y su hermano, el Dr. Rogelio D´Ovidio, médico holístico lo ayuda a pensarla de forma diferente. Tal vez conectando con la trascendencia que implica la muerte esboza que: “…lo llena de orgullo cuando alguno de los médicos que ayudé a formar se transforma en un médico excelente! Eso me hace sentir útil!! Hoy tengo en mi servicio ex médicos residentes míos que dirigen departamentos y les envío los pacientes!".

E intentando terminar de delinear este perfil, nada fácil ya que este presidente es un ser que con esa inmensa energía expansiva y en movimiento permanente se escurre, se escapa, a quienes queremos apresarlo en un pobre perfil. Y mientras a los lejos creo escuchar la Sinfonía Nro. 25, de Mozart, uno de sus músicos favoritos, siento el viento que me despeina a su paso, y ese sea tal vez la impresión que más clara me ha dejado el hombre y el presidente, indisociables esta vez, su sentido, vivir varias vidas en una, y dejar esa impronta, casi como un viento que nos moviliza, sin quedarse mucho tiempo, pero con la suficiente fuerza para marcar el camino para los que siguen: “Mi aporte pretende ser la honestidad, el culto al estudio y al trabajo, enseñar cuanto sé y aprendo cada día. Creo firmemente que si uno brilla y al brillar encandila no sirve para nada... uno debe brillar y con su luz iluminar el camino de los que vienen detrás”.

 
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