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Revista de la Sociedad de Cardiología de Corrientes


Edición Nº48. Acceder
(Enero-Febrero-Marzo 2018).
 


 


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HOMENAJE DE LA SOCIEDAD DE CARDIOLOGÍA DE ROSARIO
EN LAS EXEQUIAS DEL PROF. DR. OSVALDO ROBIOLO
CON MOTIVO DEL FALLECIMIENTO DEL EX PRESIDENTE Y MIEMBRO EMÉRITO DE FAC


FALLECIMIENTO DEL EX PRESIDENTE: DR. OSVALDO ROBIOLO
Lamentamos comunicar el fallecimiento de quien fuera presidente de FAC en
el período 1976-1977 y distinguido como Miembro Emérito de nuestra institución.
 
 
Por el Dr. Juan Carlos Linares Casas
Ex Presidente de FAC
La Sociedad de Cardiología de Rosario me ha pedido que expresara, en su representación, su hondo pesar por la desaparición física del Prof. Osvaldo Robiolo.

Muchas veces nos hemos congregado en torno a su figura señera para festejar algún acontecimiento de nota: sus 80 años, la designación con su nombre a la Sala de Reuniones de la CD, su nominación como Miembro Emérito de la Federación
Si. Fueron muchas las oportunidades en que por uno u otro motivo compartimos con él momentos de alegría y celebraciones.

Ahora, conmovidos, nos encontramos aquí para el último adiós.

Se ha ido el Maestro, el Profesor de Cardiología, el docente por excelencia que supo brindar con generosidad sus conocimientos a quienes fuimos sus alumnos, sus discípulos, sus pares. Desde 1955 a 1983 se entregó a la docencia universitaria con devoción, desde la Cátedra de Semiología primero y de Cardiología después, de las que fue su exponente más acabado. Y por fuera de la Universidad, promovió, encabezó y participó en Congresos, Simposios, diferentes reuniones científicas, publicaciones, así como los seminarios de su institución, transmitiendo su saber, su experiencia y sus puntos de vista, incluso después de su retiro profesional. Gozó del respeto de sus alumnos, pues encontraron en él desprendimiento y generosidad. Como en la parábola del sembrador, entregó sus semillas a quienes lo siguieron. Por sus frutos se conoce al árbol. Y por sus frutos proliferan en el país quienes han tenido la fortuna de nutrirse de sus enseñanzas.

Fue miembro del grupo fundador de nuestra Sociedad de Cardiología de Rosario nacida en 1954 y ocupó su Presidencia en el período 1967-1968 en virtud de su natural gravitación. No fue un mero poseedor circunstancial de un cargo sino un conductor que por sus méritos y antecedentes era el indicado e indiscutido Presidente. En aquellos tiempos, la SCR funcionaba en el Círculo Médico, no tenía oficina ni secretaria, y las reuniones de la Comisión Directiva tenían lugar en alguno de los salones que estaban desocupados o en la secretaría de la Biblioteca. Toda la tarea recaía sobre quienes habían tenido la fuerza y la audacia de crear la sociedad y hacerla crecer.
Fue consecuente, obstinado, persistente en su lucha por consolidar esa sociedad emergente. La apuntaló, la expandió, le dio prestigio. Encabezó el II Congreso Nacional de Cardiología que se llevó a cabo en Rosario en 1968 y cuyos Comités Organizador y Científico estaban integrados en su totalidad por especialistas de nuestra ciudad. Hoy somos la resultante de los desvelos de quienes, como él, entregaron esfuerzo, tiempo y sacrificio personal. Formó parte activa de su Comité de Ex Presidentes, y enriqueció los debates con sus ideas, opiniones y proyectos. El Dr. Robiolo, el Maestro, el Profesor, el Cholo, estaba orgulloso de esta SCR de hoy, plena de pujanza y de proyectos, segura de su futuro de excelencia. Así nos lo expresó en numerosas ocasiones.

Fue impulsor de la creación en 1965 de la Federación Argentina de Cardiología en la búsqueda de una especialidad integradora en todo el país, y en 1976-1977 ejerció su presidencia, cuando los escollos de las distancias y las dificultades económicas entorpecían todo. Sin dinero, sin aviones, sin sede ni secretaria, comunicados por teléfonos con operadoras, recorriendo el país en automóvil o en tren, alojado en hoteles pagados de su propio bolsillo. Con firmeza, valor, tozudez y sentido del deber, participó de una verdadera gesta que ha sido un ejemplo para nosotros, sus sucesores. Hoy pasaron más de 50 años y la FAC es una institución firme y consolidada, segura de sí misma, integrante de sociedades internacionales, generadora de una actividad científica que nos llena de orgullo. Gracias a los primeros luchadores como Osvaldo Robiolo se cristalizó un sueño y gracias a ellos aprendimos a caminar, a pensar, a proyectar, a forjar un futuro en común. El viejo guerrero, lúcido conductor, entusiasta y permanente colaborador y valioso consejero en todas las horas, pudo apreciar los frutos de su vasta e incansable tarea.

Y más allá de estos méritos – que no son pocos -, debemos destacar su don de gentes, su calidad humana, su estilo y su conducta coherente. Mantuvo intacta hasta el final su lucidez, se introdujo en el mundo de la mitología griega y la filosofía, y jamás decayó su interés por los problemas del país y del mundo. Su nutrida biblioteca es mudo testimonio de su permanente búsqueda y curiosidad.

Mantuve con él un profuso contacto epistolar. Nunca dejó de asombrarme su perspicacia, su memoria y su capacidad de análisis. La última vez que nos comunicamos, en enero, me transmitió una visión inteligente y sutil de un libro, mostrando que la riqueza de su espíritu se mantuvo hasta el final de sus tiempos.

Entra hoy en nuestros recuerdos. Nostálgicos recuerdos de un viejo Maestro y un verdadero señor.
Él se ha reencontrado con Martucha y Alejandro. La gloria, su gloria, es estar junto a ellos.

Hoy nuestra Sociedad está de duelo. Se queda más sola sin su presencia rectora. Nosotros mismos estaremos más solos al no contar con su apoyo y su permanente colaboración.

Adios, Cholo. Gracias por todo.

 
 
El adiós a un amigo
por el Ex Presidente, Dr. Adolfo Poliche
Entre el 14 y el 17 de Agosto de 1964 de realizaron en Salta “Las Primeras Jornadas de Cardiología del Interior del País: Dr. Luis González Sabathie”, en donde se gestó el nacimiento de la Federación Argentina de Cardiología. Allí conocí a varios de sus protagonistas-líderes y a otros que estaban en calidad de concurrentes, entre ellos se encontraba un reconocido y prestigioso especialista de Rosario, el Dr.Osvaldo Robiolo, quien tuvo activa participación en el desarrollo de la actividad científica. En esas circunstancias intercambié con él pocas ideas y conceptos sobre ciertos temas y pude valorar lo vasto y solido de sus conocimientos científicos. En el año 1965 en Córdoba, cuando se creó la querida institución que actualmente nos nuclea a los especialistas de todo el país y que por su crecimiento y desarrollo exponencial y el prestigio alcanzado, nos enorgullece a todos sus miembros, por pedido de los representantes tucumanos, con motivo de que en 1966 se festejaría el 150 aniversario de la Declaración de la Independencia, se le otorgó a la Sociedad local la responsabilidad de organizar su Primer Congreso Nacional en nuestra ciudad. Fue la oportunidad en que nuestra relación se consolidó, se hizo más estrecha y podría afirmar que fue el comienzo de nuestra larga amistad, basada en mi reconocimiento a su amplia cultura, su carácter equilibrado y reflexivo y a comunes inquietudes científicas, institucionales y ciudadanas. Desde entonces y en los ocasionales encuentros en Jornadas o Congresos, esa relación afectiva se fue profundizando y más tarde la compartimos con su esposa. En el período 1976/77 presidió la FAC, oportunidad en la que pude comprobar sus condiciones de dirigente sagaz, eficiente gestionador y hábil negociador, en circunstancias nada fáciles para la marcha de nuestra institución. En el año 1978 se realizó el Congreso Mundial de Cardiología en Tokio (Japón) y allí fuimos junto a una numerosa delegación de colegas rosarinos, con los que compartimos una larga excursión por países del sudeste asiático. Fue la oportunidad en la que, en prolongadas horas de viaje y largas charlas compartidas, pude conocer en forma más integral, al ser humano excepcional que fue: al interesado y ameno conversador sobre los temas más diversos, al atento y delicado caballero en el trato hacia su esposa Martucha y a los compañeros de viaje, al preocupado y ejemplar jefe de familia, al orgulloso padre de Alejandro, su hijo Médico que seguía sus pasos, al entusiasta tenista, al memorioso y fanático futbolero, hincha de Rosario Central, al recurrente cuestionador y crítico del violento enfrentamiento de sectores, que en esos momentos padecíamos en la Patria de todos, al certero visionario, predictor del oscuro futuro que nos esperaba, si seguíamos con tales desencuentros. Con el paso del tiempo y por razones biológicas dejamos de vernos, pero en lo más íntimo de mi ser, guardé vivo el grato recuerdo de su persona y el afecto que sentía por él. Por todo ello, en esta dolorosa instancia de su partida, concluyo diciéndole: Gracias querido Cholo por la amistad con que me honraste y por todo el enorme placer que sentí, al compartir algunas circunstancias de nuestras vidas.-
 
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