19 de Mayo de 2016 - Nº 1

SAL Y RIESGO CARDIOVASCULAR

Dr. Mario Bendersky
Miembro Federación Argentina de Cardiología

La hipertensión arterial (HTA) es uno de los factores de riesgo cardiovascular más importantes y la ingesta de sal tiene gran relación fisiopatológica con su prevalencia y evolución.

Aunque las necesidades fisiológicas cotidianas varían según la edad, sexo, peso, estado fisiológico (crecimiento, embarazo, lactancia), nivel de actividad física, estado de salud, etc. nuestro cuerpo no necesita consumir cantidades elevadas de sal.

En Argentina se ingiere más de 11 grs. de sal (ClNa) por día, el doble de lo que sugiere la OMS que estableció como meta recomendada 5 grs./día/persona de sal, lo que equivale a una cucharadita de sal llena (tamaño de las de café) o a 2grs. de sodio al día y que se garantice que sea sal yodada, y se supone que la población desconoce esta realidad y un 35% de los argentinos agrega sal a la comida antes de probarla. Sal = sodio x 2.5 (Para calcular el contenido en sal de un alimento hay que multiplicar por 2,5 los gramos de sodio que indica la etiqueta).

Según la OMS, más de 1.6 millones de personas mueren al año por el consumo excesivo de sodio. Entre dichos fallecimientos, 687 mil se deberían a problemas coronarios, 685 mil a infartos cerebrales, y otros 276 mil a problemas de índole vascular. Además, el 40% de estas muertes se produciría en menores de 70 años.

La ingesta excesiva de sal se relaciona fuertemente no solo a HTA y sus complicaciones, sino a distintas patologías del aparato circulatorio y otras que enumeraremos en forma somera:
• Accidente cerebrovascular: frecuentemente asociado a HTA, provoca un tercio de las muertes por enfermedades circulatorias, con secuelas con impacto social tremendo.
• Insuficiencia cardiaca e infartos: el consumo excesivo de sal tiene efectos adversos directos sobre el músculo cardiaco, lo que empeora el funcionamiento del corazón, favoreciendo la enfermedad coronaria (infartos) y/o la insuficiencia cardiaca. Seguir leyendo

POLITICAS A IMPLEMENTAR

• Cambiar el consumo de agua por sus versiones de bajo contenido de sodio, sobre todo si tienen 10 mg./l de sal, y reducir el consumo de gaseosas, aun las versiones Light, con elevado tenor de sodio.
• Normas sobre etiquetados de los alimentos.
• Limitaciones sobre anuncios promocionales de ciertos alimentos e incentivos para otros.
• Impuestos para algunos alimentos y subvenciones para otros.
• Reglamentaciones y leyes nacionales que regulen la manufactura y los suministros de alimentos.
• Campañas públicas masivas de sensibilización sobre el problema.
• Tres de las principales estrategias utilizadas para disminuir el sodio –reducir el consumo de snacks, fiambres y mayonesa– contribuyen, en conjunto, a reducir el 12% de la ingesta de sodio.
• Disminuir el consumo de pan y galletitas podría reducir casi a la mitad la ingesta de sal. Un consumo saludable de pan no debiera exceder unas 5 rebanadas de pan común o 4 de pan envasado por día.
• La reducción del consumo de quesos puede implicar una disminución cercana al 5% del sodio ingerido.

Las sales de potasio o reducidas en cloruro de sodio son buenas opciones para comenzar a modificar hábitos. Seguir leyendo

 
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Llevemos una vida baja en sodio.


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