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Hipertensión Arterial/Hypertension

¿Favorecen los beta Bloqueantes el pronóstico
cardiovascular de los pacientes hipertensos?

Judith Miriam Zilberman

Sección Hipertensión Arterial, Instituto
Cardiovascular de Buenos Aires,
Sección Hipertensión Arterial, División Cardiología Hospital "Dr. C. Argerich", Buenos Aires, Argentina

 

Introducción
Los beta bloqueantes son utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial esencial desde hace cuatro décadas y junto con los diuréticos son, de acuerdo a todas las Normativas Internacionales [1-3], fármacos considerados de primera elección en el tratamiento de la hipertensión arterial. De hecho la comunidad médica utiliza extensamente a los beta bloqueantes en la práctica antihipertensiva cotidiana.

Sin embargo, el relativamente reciente re-análisis de la información disponible acerca de este grupo de fármacos sugiere que los beneficios atribuidos a su acción terapéutica, pueden no ser reales. De hecho, diversos autores [4-6], plantean serias dudas acerca del presunto beneficio que otorgan los b -bloqueantes en el pronóstico cardiovascular en pacientes con hipertensión arterial esencial.

En nuestro país el beta bloqueante mas utilizado clínicamente y con mayor aval bibliográfico es el atenolol, por lo cual avocaremos particularmente el tema de la controversia a debatir si el atenolol reduce el riesgo cardiovascular en pacientes hipertensos esenciales.

No es motivo de esta presentación el cuestionar su uso luego de un infarto de miocardio, como antiarrítmico o para otras indicaciones bien establecidas.

Implicancias fisiopatológicas de los beta bloqueantes y estudios comparativos con atenolol.

Los efectos hemodinámicos de los b bloqueantes son de importancia en todo el espectro de la enfermedad cardiovascular. Si bien en general los agentes antihipertensivos, incluidos los diuréticos tiacídicos, disminuyen significativamente la resistencia vascular y escasamente el gasto cardíaco, los beta bloqueantes son la excepción a esta regla ya que reducen el gasto cardíaco y, al menos inicialmente, inducen vasoconstricción en la mayor parte de los pacientes. La bradicardia, la astenia y la frialdad de extremidades, muy frecuentes efectos indeseables, están claramente relacionadas con estos efectos.

Es paradójico que una droga vasoconstrictora y que reduce el gasto cardíaco sea de elección en pacientes adultos mayores de 65 años con hipertensión arterial esencial, dado que típicamente estos sujetos conforman un grupo que muestran una disminución del gasto cardíaco y elevada resistencia periférica.

Un meta-análisis de 85 estudios [7] con diferentes beta bloqueantes, confirmó el incremento de la resistencia vascular periférica con leve disminución del gasto cardíaco, a pesar de la disminución de la presión arterial.

En los países occidentales el accidente cerebrovascular es la segunda causa más común de incapacidad neurológica. De hecho, 15 millones de personas por año en el mundo sobreviven a un evento de esta naturaleza, originando un significativo incremento directo e indirecto de los costos que la sociedad o el estado debe enfrentar.

Entre los numerosos factores predisponentes para el accidente cerebrovascular, la hipertensión arterial es indudablemente el de mayor peso propio [8]. Por ello, en las últimas década numerosos estudios clínicos randomizados, y a largo plazo, demostraron incuestionablemente el beneficio del tratamiento antihipertensivo en cuanto a la reducción primaria o secundaria de eventos cerebrovasculares. Menor es la evidencia disponible acerca de la ventaja comparativa de los distintos grupos farmacológicos en este tipo de eventos.

La serie de estudios del Medical Research Council (MRC) [9,10] de Gran Bretaña, incluyó a pacientes de 65-74 años, que fueron randomizados a tratamiento con atenolol, hidroclorotiazida o placebo. El atenolol no redujo la morbimortalidad cardiovascular, y de hecho los pacientes así tratados mostraron una tasa de accidente cerebrovascular, 2 a 4 veces más alta que los pacientes tratados con diuréticos tiacídicos. Para peor, no se observó diferencias entre los sujetos tratados con atenolol o placebo; excepto una pequeña reducción de ACV en hombres no fumadores < de 65 años (0.9 c/1000 pacientes por año. P < 0.3). En esta serie de estudios británicos también se analizaron los efectos no deseables del atenolol, donde se obtuvo un dato de gran importancia práctica: se estableció que por cada insuficiencia cardiaca o accidente cerebrovascular evitado por el uso crónico de beta bloqueantes tradicionales, 3 pacientes fueron retirados del estudio por presentar impotencia y otros 7 por fatiga. Este hecho obliga a plantearse cuál es el real grado de beneficio brindado por estos fármacos, dado que aún cuando reduzcan el número de eventos cardiovasculares, su elevado costo en cuanto a efectos adversos y afectación de la calidad de vida, pueden limitar severamente su uso cotidiano en una enfermedad usualmente asintomática como es la hipertensión arterial esencial [9].

Desde otro punto de vista, el atenolol tampoco ha mostrado ninguna utilidad en el campo de la prevención secundaria del accidente cerebrovascular. Dos estudios publicados a principios de la década de 1990 [11,12] de diseño multicéntrico, placebo-control, que incluyeron 372 y 1473 pacientes respectivamente, permitió demostrar que el atenolol no disminuyó la recidiva de accidente cerebrovascular fatal o no, ni que mostrara efecto alguno de prevención de infarto de miocardio, u otros eventos cardiovasculares. No obstante logró producir una disminución significativa de la presión arterial comparado con placebo.

Un reciente meta-análisis [4] evaluó 42 estudios con 192.478 pacientes randomizados, con 7 estrategias mayores de tratamiento incluido el placebo.

Bajas dosis de diurético fue superior al placebo analizando los resultados en: enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca, accidente cerebrovascular, eventos cardiovasculares, mortalidad cardiovascular y muertes de cualquier causa (Figura 1 A).

Figura 1: Network Meta-análisis: Estrategia de tratamientos de primera línea en estudios clínicos randomizados en hipertensión arterial [4].

 

Figura 2: Atenolol vs. otros tratamientos antihipertensivos [5].

 

Figura 3: Estudio LIFE comparación de los tratamientos + Mortalidad cardiovascular, ACV e infarto de miocardio [13].

Ninguna de las otras estrategias de tratamiento que emplearon a fármacos como: beta bloqueantes, inhibidores de la enzima de conversión, antagonistas cálcicos, alfa bloqueantes o bloqueantes de receptores AT1 de la angiotensina II, fueron superiores a bajas dosis de diuréticos tiacídicos, para cualquiera de los puntos finales antes mencionados.

Adicionalmente, en este meta-análisis cuando particularmente se comparó a los beta bloqueantes con relación a bajas dosis de diuréticos, se observó que a igual grado de reducción de la presión arterial, el uso de la tiacidas obtuvo un mayor grado de beneficio en cuanto a la disminución del riesgo de eventos cardiovasculares (RR, 0,89;95% CI, 0,80-0,98) en relación a los beta bloqueantes (Figura 1 b).

¿Es entonces el atenolol una aceptable elección de alternativa para el tratamiento de la hipertensión arterial?
Un reciente meta-análisis [5], que comparó 4 estudios con atenolol, placebo y pacientes no tratados, incluyendo a 6.825 pacientes, con un seguimiento a 4,6 años, no logró demostrar beneficio alguno del atenolol frente al placebo, en puntos finales como muerte total, mortalidad cardiovascular, o infarto de miocardio, a pesar de una mayor diferencia en el descenso de la presión arterial con el atenolol. Solo una tendencia no significativa en la reducción del accidente cerebrovascular favoreció al atenolol.

Un segundo análisis de este meta-análisis comparó al atenolol con otras drogas antihipertensivas en un grupo de 17.671 pacientes seguidos a 4,6 años. No se observó diferencia significativa en el descenso de la presión arterial entre los diferentes grupos, pero sí una mayor tasa de mortalidad, muerte cardiovascular y accidente cerebrovascular en los pacientes tratados con atenolol, Figura 2.

El LIFE [13] fue el primer estudio disponible que comparó el grupo de "drogas clásicas" como el atenolol, con "drogas modernas" como el losartan. Sé randomizaron 9.193 pacientes (4.603 a losartan y 4.588 a atenolol), con edad comprendida entre 55 y 80 años, hipertensos bajo tratamiento o no, y con electrocardiograma con evidencia de hipertrofia ventricular izquierda.

A similar descenso de la presión arterial, el tratamiento con losartan redujo el accidente cerebrovascular 25% (p = 0,001) y nuevos casos de diabetes 25%.

(p = 0,001), no observándose diferencias significativas en muerte cardiovascular.

(p = 0,206), mortalidad total (p = 0,128), puntos finales combinados (mortalidad cardiovascular + accidente cerebrovascular + infarto de miocardio (p = 0,021), revascularización miocárdica (p = 0,441), y hospitalización por insuficiencia cardiaca (p =0,765), en tanto que el atenolol mostró una ligera tendencia favorable del 7% en infarto de miocardio (p =0,491) y en hospitalización por angina de pecho 16% (p = 0,212), Figura 3.

Efecto diferencial de los beta bloqueantes frente a otros antihipertensivos
Varios aspectos diferencian a los beta bloqueantes de otros fármacos a modo de ejemplo:

1- Los beta bloqueantes son menos efectivos en la reducción de la hipertrofia ventricular izquierda (HVI) que otras clases de drogas como calcioantagonistas, inhibidores de la enzima de conversión y antagonistas de los receptores AT1 de la angiotensina II [14].

2- Actualmente se considera que el diagnostico de síndrome metabólico influye significativamente en la estimación del riesgo cardiovascular. Es bien conocido que la mayoría de los beta bloqueantes reducen la sensibilidad periférica a la insulina, pueden dificultar el control glucémico en el diabético, incrementar los triglicéridos plasmáticos y reducir el colesterol HDL. Dichos efectos del atenolol no mejoran los componentes del síndrome metabólico, sino que por el contrario son una clara limitación al empleo de estos fármacos en un amplio grupo de pacientes, en especial aquellos con mayores posibilidades de desarrollar diabetes mellitus o al menos un sindrome metabólico.

3- Una gran cantidad de estudios se han realizado con los beta bloqueantes tradicionales (propranolol, atenolol y metoprolol), en tanto que es mucha menor la evidencia disponible con los beta bloqueantes de nueva generación (bisoprolol, nevibolol y carvedilol). Cada una de estas moléculas presenta diferencias farmacológicas, de eficacia clínica y de indicación terapéutica.

Recientes estudios confirman muchos efectos diferenciales entre distintas moléculas, a modo de ejemplos:

Reflexión
No se puede negar la eficacia de los beta bloqueantes en pacientes con antecedentes de infarto de miocardio, angina, insuficiencia cardiaca congestiva, arritmias y/o cardiomiopatia obstructiva, ya que numerosos estudios prospectivos, randomizados han demostrado que los beta bloqueantes son fármacos necesarios en dichas patologías.

A pesar de que los beta bloqueantes producen un significativo descenso de la presión arterial, la evidencia actual no sustenta que reduzcan la morbimortalidad cardiovascular en pacientes hipertensos.

Por otra parte la tasa de efectos indeseables como letargo, reducción de capacidad del ejercicio, frialdad en las extremidades, reducción del flujo espiratorio máximo, disfunción sexual, impotencia, fatiga, afectación de la sensibilidad a la insulina y el efecto desfavorable sobre los lípidos plasmáticos, permiten cuestionar seriamente el benéfico de su uso, frente a otras alternativas terapéuticas con mejor grado de tolerancia clínica.

Por lo expuesto, creemos firmemente que la indicación de los beta bloqueantes como droga de primera elección para el tratamiento de la hipertensión arterial, debe ser exhaustivamente revisada.

 

Publicado con autorización de Revista Argentina de Cardiología {2005;73:208-216}

 

Bibliografía

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- Médica, egresada de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, 1990.
- Cardiología Clínica: cursado en la "Sociedad Argentina de Cardiología", 1992.
- Médico Especialista en Hipertensión Arterial, Universidad Favaloro, Buenos Aires, Junio 1997 hasta Julio 1999.
- Concurrente del servicio de Cardiología, Hospital Militar Central "Dr. Cosme Argerich", Agosto de 1991 hasta Diciembre de 1992.
- Concurrente del Servicio de Clínica Médica, Hospital de Agudos "Dr. Teodoro Álvarez", Marzo de 1993 hasta Junio de 1996.
- Concurrente del Servicio de Cardiología, Sección Hipertensión Arterial, Hospital de Agudos
"Dr. Cosme Argerich", Abril de 1995 y continua.
- Médica del Servicio de Cardiología, sección Hipertensión Arterial, Hospital de Agudos "Dr. Cosme Argerich", Junio de 1996 y continua.
- Médica de Planta del Servicio de Cardiología, sección Hipertensión Arterial, Hospital de Agudos "Dr. Cosme Argerich", Junio de 1996 a la actualidad.
- Médica de Planta del servicio de Hipertensión Arterial del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), Febrero 2002 a la actualidad.
- Miembro Titular de la "Asociación Médica Argentina", 15 de junio de 1993.
- Miembro Titular de la "Sociedad de Medicina linterna de Buenos Aires, Abril de 1993.
- Miembro Adherente de la Sociedad Argentina de Medicina, Noviembre de 1994.
- Miembro Titular del "Consejo Argentino de Hipertensión Arterial", Sociedad Argentina de Cardiología, 12 de Noviembre de 1996.
- Miembro Adscripto de la "Sociedad Argentina de Cardiología"
, 20 de Enero de 1997.
- Miembro Vocal del Consejo Argentino de Hipertensión Arterial, Sociedad Argentina de Cardiología, 18 de Octubre de 2000 a la actualidad.

 

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