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[ Scientific Activities - Actividades Científicas ]

Actividad física y salud cardiovascular

James S. Skinner, Ph.D.
Department of Kinesiology
Indiana University
USA

Mientras que una gran parte de la información que discutiré es resultado de investigaciones realizadas en Europa y Norteamérica, los resultados serán más directamente aplicables a aquéllas regiones en el mundo que han adoptado el mismo estilo de vida. Pocos americanos son activos regularmente. Entre el 20% y el 30% de la población norteamericana es activa durante un periodo específico. Por otro lado, únicamente cerca del 10% al 15% es activa en forma regular y el restante 10% ó 15% es activa en el momento que el estudio fue realizado.

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Fig.1

Existe una relación entre la frecuencia de actividad física vigorosa y la frecuencia de ataques al corazón. Las personas que son activas en forma regular sufren de menos enfermedades que las personas que son poco o nada activas. Estos resultados pueden verse en la proporción de enfermedades coronarias con respecto al grado de actividad física (Fig.1). Cantidades pequeñas de actividad tienen un efecto protector y uno no tiene que ser vigoroso o moderadamente vigoroso con el fín de obtener alguna reducción en el riesgo.

Varios epidemiólogos analizarón la calidad de los estudios de investigación existentes que están relacionados con la actividad física y la mortalidad causadas por enfermedades coronarias. Después de evaluar estos estudios, Powell y Blair concluyeron que "Si la actividad es cuidadosamente evaluada, las enfermedades coronarias del corazón son medidas precisamente, y métodos epidemiológicos apropriados son usados, es virtualmente cierto que una asociación inversa significante será encontrada entre actividad física y enfermedades coronarias". Ellos también establecieron que "la relación entre estilos de vida sedentarios y el incremento de riesgo de enfermedades coronarias del corazón es casi seguramente causal". En otras palabras, parece que la disminución en actividad física es un factor de riesgo para enfermedades coronarias que es independiente de otros factores de riesgo, tales como fumar, colesterol, presión sanguínea, etc.

¿Cuáles son los mecanismos que mediante la actividad física regular pueden influenciar la frecuencia de enfermedades coronarias? Se ha descubierto que la actividad regular resulta en un patrón más favorable de lipoproteína, mejor regulación del peso corporal, y un incremento de la sensibilidad a la insulina. Existe evidencia que la agregación plaquetaria en las arterias es reducido y que los coagulos de sangre son desintegrados más rapidamente cuando se llegan a formar. En otras palabras, la actividad fibrinolítica en la sangre aumenta. La actividad física regular tiende a reducir la presión sanguínea en aquéllas personas con presión alta y en aquéllas personas quienes estan en el límite de la hipertensión. Además, la actividad física ayuda a los programas contra el hábito de fumar y puede mejorar el patrón de grasa corporal aterogénico. Este patrón es definido por un aumento en la disposición de grasa en el tronco, en vez de las extremidades, e internamente alrededor de las visceras en vez de disposición de grasa subcutánea.

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La mayoría de los estudios han sido realizados exclusivamente con hombres. Los resultados de las mujeres no son tan claros y son un poco más complicados. Esta diapositiva (Fig.2) demuestra la relación entre actividad física y muerte por todas las causas entre hombres y mujeres. Existe una relación inversa entre actividad física y frecuencia de mortalidad en hombres, pero no hay relación en mujeres. (Fig.3) Por otro lado, cuando se miran los niveles de condición física y la mortalidad debida a enfermedades cardiovasculares en mujeres, se obtiene un resultado diferente. En este caso, las mujeres con niveles altos y moderados de condición física tuvieron menos enfermedades coronarias que aquéllas con niveles bajos. Es probable que la razón se encuentra en la metodología usada. En particular, las encuestas de actividad física se enfocaron en la participación en deportes y actividad física planeada pero no tomaron en cuenta actividades tales como trabajo doméstico y el cuidado de niños. En otras palabras, las encuestas fueron diseñadas particularmente para evaluar los tipos de actividades que realizan los hombres, pero no aquéllas actividades que las mujeres generalmente realizan. Es sugerido que las medidas de condición física son mucho más objetivas, mientras que las medidas de actividad física son menos específicas e imprecisas. Por lo tanto, mucha gente puede ser clasificada incorrectamente. Debido a que las medidas de condición física son más objetivas, hay menos tendencias a los errores en las mediciones, lo cual resulta en una capacidad mayor para detectar una relación que pueda existir. Por lo tanto, es probable que muchos estudios sobre condición física no estimen adecuadamente el papel de la inactividad. Se debería mencionar que actividad física y condición física no es la misma. Existen muchas personas que son inactivas pero que estan relativamente condicionadas, y existen personas que son relativamente más activas pero no necesariamente se encuentran en mejor forma.

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Fig.3

¿Que podemos decir sobre la relación entre la condición física y la salud cardiovascular? (Fig.4) Esta diapositiva ilustra la tasa de mortalidad debida a los enfermedades coronarias por cada 10,000 persona-años relativa a la condición física y al número de factores de riesgo (fumar, presión sanguínea sistólica mayor de 140 mm Hg, y un nivel de colesterol mayor de 240 mg/dl). Conforme el número de factores de riesgo aumentan, la mortalidad que resulta por enfermedades coronarias también aumenta. Dentro de cada uno de los grupos clasificados por el número de factores de riesgo, los niveles de condición altos y moderados son asociados con niveles reducidos de enfermedades coronarias. Las diferencias entre grupos con niveles de condición moderados y altos no se hacen aparentes hasta que la persona tiene dos ó tres de estos factores de riesgo.

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Fig.4

En un estudio sobre la relación entre la capacidad aeróbica y el índice de mortalidad debido a enfermedades coronarias (Fig.5), los hombres activos con niveles altos de condición fisíca tuvieron aproximadamente una quinta parte de la cantidad de enfermedades coronarias que los hombres inactivos y no condicionados. De nuevo, es óbvio que aún niveles moderados de condición física tienden a ser protectivos. Aunque las mujeres tienden a tener frecuencias bajas de mortalidad debido a enfermedades cardiovasculares, la asociación entre nivel de condición física y frecuencia de mortalidad son aún evidentes.

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Fig.5

Esta diapositiva (Fig.6) resume el estudio de Haskell en el cual el analizó la diferencia en mortalidad relativa a varios niveles de actividad o condición física en cinco estudios de largo alcance. Asignando un valor de 100% a la frecuencia de mortalidad de las personas menos activas o menos condicionadas, la frecuencia de mortalidad relativa a niveles de actividad o condición física más altos se muestran. Como pueden ver, existe una tendencia aproximadamente linear pero con una caida alta en mortalidad debido a enfermedades cordiovasculares aún con niveles moderados de actividad o condición física. Parece que las frecuencias de mortalidad tienden a igualarse a niveles moderados o altos de actividad o condición física. El mensaje prometedor en términos de salud pública es que uno no tiene que ser un atleta o tiene que ejercitarse a niveles muy altos con el fin de obtener algún efecto protector o beneficio. De hecho, ha sido demostrado en varios estudios que 30 a 45 minutos de caminata rápida tres o cuatro veces a la semana son suficientes para aumentar el efecto protectivo de la actividad física. Quizás si más gente se diera cuenta que aún niveles moderados de actividad son protectivos, ellos se ejercitarían más y tratarían de buscar más actividades que les guste hacer.

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Fig.6

La próxima diapositiva (Fig.7) muestra la frecuencia de accidente cerebro-vascular en más de 7,700 hombres entre 40 y 59 años de edad basada en actividad física. Es óbvio que existe una relación inversa entre nivel de actividad física y la frecuencia de accidente cerebro-vascular en estos hombres, esto es, hombres inactivos tuvieron tres a seis veces más ataques que los hombres moderadamente vigorosos o vigorosos. La condición física y actividad física tienen una influencia positiva e indirecta en varios factores que son asociados con un aumento en el riesgo de accidente cerebro-vascular. Estos factores son hipertensión arterial, factores de agregación plaquetaria, intolerancia a la glucosa y hábitos de fumar. De todas formas, no existen estudios publicados sobre condición física y accidente cerebro-vascular.

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Fig.7

Hasta ahora he mostrado información sobre las relaciones entre acitividad física o condición física y frecuencia de mortalidad debida a varias causas. La siguienta pregunta es evidente, ¿Qué sucede cuando alguien se vuelve más activo? En otras palabras, ¿Puede uno mejorar su proprio riesgo volviendose más activo?

Esta diapositiva (Fig.8) muestra la mortalidad debida a todas las causas entre hombres que tuvieron niveles bajos de condición física al comienzo del estudio, comparada con aquélla después de un período de condicionamiento cinco años más tarde. Como pueden observar, hombres que comenzarón con niveles de bajos y mantuvieron sus niveles bajos, tuvieron frecuencias más altas de mortalidad que los hombres que ejercitaron suficientemente para alcanzar los niveles de condición física moderados o altos.

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Fig.8

La próxima gráfica (Fig.9) compara la gente que no tuvo cambio o empeoro en cada uno de los factores de riesgo relativos comparados a aquellos quienes fueron mejores o permanacieron saludables de la misma forma durante un período de 15 años. Como pueden observar, si se deja de fumar, se pierde peso, se reduce la presión sanguínea o se vuelve uno más activo, es posible reducir el riesgo relativo de la enfermedades coronarias. Dado que muchas más personas son inactivas comparadas con aquéllas quienes fuman, son obesas o tienen la presión elevada, es óbvio que es posible obtener una reducción mayor del riesgo de morir volviendose más activo que modificando cualquiera de los otros factores de riesgo. De interes aquí es el hecho que mucha gente que se vuelve más activa además dejan de fumar, mejoran su peso y pueden reducir su presión alta. Por lo tanto, cambios importantes en el riesgo de enfermedades coronarias pueden ser realizados mediante el mejoramiento de la condición física y modificando otros factores impuestos por el estilo de vida al mismo tiempo.

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Fig.9

Consecuentemente, la Asociación Americana del Corazon dío un comunicado en 1992 que indica que "La evidencia además sugiere que aún actividades de baja intensidad realizadas diariamente pueden tener algunos beneficios de largo plazo disminuyendo el riesgo de enfermedad cardiovascular." El Colegio Americano de Medicina del Deporte y el Centro para el Control de las Enfermedades del Gobierno de los Estados Unidos dío además un comunicado en 1993 que dice: "Cada adulto americano debería acumular 30 minutos o más de actividad física de intensidad moderada durante la mayoría de los dias". Por lo tanto, necesitamos hacer que la población piense menos que los ejercicios de entrenamiento resultan en un aumento en la condición física y que piensen más que un aumento en la actividad física mejorará su salud.

¿De qué tanta diferencia en el gasto de energía estamos hablando? Estamos hablando de entre 150 a 400 kilocalorías diarias. Esta es una diferencia de 1.5 a 2 kilocalorías por kilogramo de peso corporal por día, o cerca de 2000 kilocalorías de actividad semanal, es decir, niveles bastante moderados de actividad física. Aún niveles moderados de actividad fueron suficientes para mejorar los factores de riesgo, pero no necesariamente para mejorar la condición física (el consumo máximo de oxígeno o VO2máx).

Haskell y colaboradores compararon los efectos de caminata y trote durante 30 minutos versus tres sesiones de 10 minutos cinco veces a la semana realizadas entre 70 y 85 % de la frecuencia cardíaca máxima. Aunque la gente que ejercitó por 30 minutos al día tuvieron una mejoría mayor en VO2máx, estas diferencias no fueron significantes. Mientras uno debe trabajar regularmente y razonablemente duro y por una duración moderada con el fin de mejorar VO2máx, los mismos niveles de actividad no son necesarios para obtener beneficios relativos a enfermedades cardiovasculares. De cualquier modo, los sujetos encontraron más facil el ejercitar tres veces al día por 10 minutos. Por lo tanto, si uno puede mejorar la adherencia y ayudar a la gente a ejercitarse más regularmente, entonces esta es una mejor forma de mantenerse activo para la gente.

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Fig.10

El Colegio Americano de Medicina del Deporte ha dado algunas pautas para aumentar VO2máx por medio de entrenamiento. Hablando en general, uno debería ejercitarse al menos 3 veces por semana por 30 minutos a una intensidad de al menos 50% del VO2máx. Esta gráfica muestra (Fig.10) cual es el beneficio más probable en terminos de la frecuencia de mortalidad debida a enfermedades coronarias si uno mirará a varias intensidades, frecuencias y duraciones de actividad. El mensaje importante es que uno probablemente no tiene que entrenarse para mejorar condición física tanto como uno necesita mantenerse regularmente activo. Es probable que la frecuencia y duración de la actividad es más importante que la intensidad de la actividad. Por un lado, el riesgo de daño tiende a ser mayor en ejercicios realizados a altas intensidades. Dado el hecho que es la regularidad de actividad que parece ser tan importante o más importante que la intensidad, es crítico que programas de ejercicio para el público enfatizen que la gente haga algo regularmente.

Finalmente, me gustaría enfatizar el hecho de que es el proceso de ser activo que es mucho más importante que el producto de estar condicionado físicamente. Necesitamos comunicar a la población que niveles regulares y moderados de actividad física llevan a un estilo de vida más saludable y a un riesgo bastante reducido de muerte debida a enfermedades coronarias y otras enfermedades importantes.

Tope


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Actualización
20/Oct/1999