topeesp.gif (8383 bytes)

[ Scientific Activities - Actividades Científicas ]

Conferencias de Miembros del Comité de Honor

¿Cómo? ¿Qué? Una introspección a propósito de la clausura del Primer Congreso Virtual de Cardiología

Adolfo J. de Bold, O.C., Ph.D., F.R.S.C. (*)

Profesor Titular de Patología y Medicina de Laboratorio y de Medicina Celular y Molecular
Facultad de Medicina, Universidad de Ottawa
Director del Laboratorio de Endocrinología Cardiovascular
Instituto de Cardiología de la Universidad de Ottawa
Ottawa, Ontario, Canadá

 

En 1968 un avión de Pan American Airlines me llevó desde Buenos Aires hasta Nueva York para iniciar lo que tendría que haber sido una estadía de un par de años en la Universidad de Queen's en Canadá. Treinta y dos años mas tarde puedo hacer nada más que una débil evocación de ese viaje. Sí me acuerdo que aterricé en el Aeropuerto J. F. Kennedy en Nueva York y que, esperando mi conexión a Montreal (¿o era Toronto?), entré en un bar donde pedí un café pero me dieron una Coca Cola (coffee, coke), la que tomé lo más naturalmente posible. Tal era la calidad de mi inglés. Bueno, la verdad sea dicha: eso le podría haber pasado al mismo Borges en ciertos barrios de Nueva York.

Llegado a la ciudad de Kingston, donde está la Universidad de Queen's, me hospedé en una pensión ya que no sería hasta tres meses más tarde que mi flamante esposa se reuniría conmigo. La "dueña" de la pensión (Mrs. Brown) era una mujer armenia que tenía un desconcertante acento británico debido a que ella y su marido inglés habían emigrado de Inglaterra. Mrs. Brown se transformó en mi madre postiza y mi primer "fan" en Canadá. Ella me prestó una pequeña radio y así fue que yo, escuchando a la radio, concluí en esos primeros días en Canadá que, primero, no había programas de radio en castellano. Segundo, había una gran diferencia entre el inglés técnico que yo había aprendido en Córdoba en la Universidad y de una amiga (eso es otra historia) y el inglés que hablaba la gente y, tercero, que yo nunca entendería ese idioma.

Mis primeros intentos de comunicación personal en inglés no fueron mucho peores que la experiencia de comunicarse por teléfono con Argentina desde Canadá. Era la época del radioteléfono. ¿Radioteléfono? Sí. No solo radioteléfono sino también "half duplex". Esto significa que cuando uno hablaba de un lado, el otro del otro lado tenía que callar si es que se quería mantener un diálogo congruente. Como no existía un árbitro para que esta condición se cumpliese, uno se pasaba buena parte del tiempo entre ¿Cómo? y ¿Qué?

Un par de décadas han pasado desde que el teléfono de larga distancia era casi un juego de azar. En ese lapso la tecnología ha introducido una diferencia sideral en cuanto a la fiabilidad, y cantidad de comunicaciones personales e informáticas. En su medio pulsa el microchip que parece no tener límites en cuanto a poder ya sea en su forma actual o en formas que aguardan apenas detrás del horizonte tal como los chips biológicos o cuánticos. El motor de avance es, por supuesto, el Capital. Los nuevos avances, por lo tanto, tienen el mismo mecanismo de muchos otros en el pasado como, por ejemplo, el cronómetro, que se desarrolló no para que Rolex se convirtiera en un símbolo de la decadencia del occidente, sino para que los barcos comerciales pudieran fijar, junto con la inclinación del sol, su longitud y latitud con más precisión que lo previamente posible.

Pero la magia de las comunicaciones instantáneas no tiene solamente un beneficio tecnológico. El desarrollo de los medios de comunicación ha tenido un efecto social profundo que se acrecentará a medida que las masas no solamente tengan acceso a la televisión sino también a Internet. El acceso al conocimiento y el conocimiento del prójimo está aumentando vertiginosamente y cada vez se hace más difícil el oscurantismo sectario. Las masas demandan igualdad y lo están demandando de una manera que nunca fue posible en la era preinformática. Por más mezquinos que se consideren los objetivos del capitalismo, no hay duda que este ha conseguido más por la participación de las masas que se haya conseguido bajo ningún otro sistema. Y mientras que las diferencias entre pobres y ricos aumenta, tenemos ahora una de las herramientas esenciales para poder comunicar, discutir y mejorar algo que antes, cuando pasaba, no se sabía, y si se sabía podía ser ocultado.

La ciencia y la tecnología se benefician en forma particularmente ventajosa de Internet. En el ámbito personal, hoy cualquier individuo tiene acceso a fuentes de información que son fabulosamente valiosas como lo es la National Library of Medicine en Washington, D.C. Nadie que haya escrito un reporte científico o técnico o que haya escrito un pedido de subsidio para la investigación antes y después de Internet en el área de biomedicina puede estar menos que maravillado y agradecido por el mejoramiento en la calidad de trabajo que es posible gracias a este nuevo medio. Horas de buscar en bibliotecas y días esperando por una revista que viene de otra biblioteca (si se encuentra) se han reemplazado por unos pocos "clics" del "mouse".

En el ámbito de agrupaciones colegiadas, el acceso a Internet ha hecho posible la organización de eventos y la diseminación de conocimiento con mucho mayor alcance que requeriría una agrupación física. No hay mejor ejemplo de este tipo de posibilidad abierta por Internet que la de este Primer Congreso Virtual de Cardiología (PCVC), organizado por la Federación Argentina de Cardiología. Mas de 7.000 inscripciones fueron recibidas de 94 países hasta la fecha. Este grado de participación en cualquier fuero era inconcebible pocos años atrás. Es claro que este evento y su éxito no se generaron espontáneamente. El Dr. Armando Pacher, Presidente del Comité Organizador, merece nuestro más profundo agradecimiento y respeto por la idea y por el inmenso esfuerzo que obviamente él invirtió en concretar este congreso virtual. Nos alegra mucho saber que los organizadores hayan decidido hacer de este esfuerzo una fuente de referencia permanente. Espero que todos aquéllos que puedan contribuir a este importante esfuerzo así lo hagan. De hecho, yo pienso que este es un evento de importancia nacional para la Argentina ya que se ha elevado en forma muy significativa el perfil académico argentino en el ámbito internacional gracias al PCVC. Ahora hay que mantener este triunfo asegurándose que nadie puede tomar esa idea y "robarla" por tener servidores más rápidos o páginas Web más bonitas.

Es de gran interés personal y general que el PCVC se haya iniciado desde la ciudad de Paraná, que es la capital de una provincia (aptamente nombrada Entre Ríos) que estuvo hasta no hace mucho tiempo virtualmente aislada por dos esplendorosos ríos: el Paraná y el Uruguay y desde donde ahora se dirige este magnifico congreso gracias a Internet. La parte personal de este conferencista viene por el lado de, otra vez, mis recuerdos. En la década de 1950 la esperanza mayor que los paranaenses tenían para mejorar la conexión con la costa opuesta de la vecina provincia de Santa Fe era un proyectado complejo de túnel y puentes. Recuerdo como hoy una maqueta de tal túnel expuesto en una vidriera de la casa Preston (ahora reemplazada por un MacDonalds) frente a la Plaza de Mayo de Paraná.

Cuando el túnel se completa en 1969, el transporte de personas y mercaderías se agilizó de una manera que recuerda a lo que hoy hace Internet para el transporte de información. Pero algo se perdió. Se perdió el romance de cruzar un río majestuoso en una balsa solemne y orgullosa. Se perdió un evento que se podía asociar con la familia y un viaje de varias horas que dejaba recuerdos. Se perdió la anécdota que servía para luego contarla y para formar el espíritu del hombre lo mismo que se perdió la hazaña de hablar por radioteléfono desde el Canadá aunque hoy podemos leer El Diario de Paraná por Internet. Y allí yace el peligro de las comunicaciones instantáneas.

Mientras más eficiente la comunicación, mejor es el resultado siempre y cuando la cantidad comunicada no sobrepase la capacidad de utilización efectiva. Este es una aserción manifiesta no solamente desde el punto de vista técnico sino también desde el punto de vista humanístico. El trabajar cada vez con más velocidad puede llevar rápidamente a un punto de réditos disminuido que es el punto en el que el espíritu del hombre es abrumado por la tecnología. Si se acepta que, realmente, la tecnología no se puede volver atrás, nos tenemos que asegurar que esta se temple de tal manera que se permita el desarrollo de la esencia humana. Yo creo que el PCVC demuestra tal temple porque no solamente se han publicado reportes técnicos dentro de sus actividades sino que también se ha dado lugar a la reflexión y al desarrollo de nuevas ideas. Por todo esto, y me atrevo a decir, en nombre de todos los participantes, nuestro más profundo agradecimiento a los organizadores del Primer Congreso Virtual de Cardiología.

(*): El Profesor de Bold nació en Paraná, Entre Ríos, Argentina y es Bioquímico (U.N. Córdoba) Doctorado (Ph.D.) en Patología Experimental en la Universidad de Queen's (Canadá), es miembro de la Real Academia de Ciencias del Canadá (FRSC) y Oficial de la Orden del Canadá (O.C.) Su mayor contribución a las ciencias cardiovasculares es el descubrimiento de la función secretoria del corazón y de la hormona cardíaca Factor Natriurético Atrial.

Tope


© CETIFAC
Bioingeniería
UNER
Actualización
Mar/15/2000