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[ Scientific Activities - Actividades Científicas ]

Sedentarismo (Fundamentos de las Recomendaciones FAC '99 en Prevención Cardiovascular)

Dr. Oscar Kisen Briger

Argentina

 

Prevalencia e importancia

El sedentarismo es uno de los factores de riesgo modificables de mayor prevalencia en la población general.

Existe un creciente consenso mundial acerca de que los hábitos de vida sedentarios llevan a limitaciones funcionales y al incremento del riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares, cáncer, obesidad y diabetes. Un estudio reciente (PPPI-FAC) informó que en la República Argentina la prevalencia de sedentarismo en prevención primaria de alto riesgo era del 80%.

La contrapartida del sedentarismo es la actividad física. La importancia de los efectos de la actividad física sobre la salud humana ha sido destacada por todas las especialidades médicas, pero donde se demuestran sus beneficios con mayor magnitud es en el sistema cardiovascular.

El ejercicio aeróbico disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial en reposo a un nivel dado de trabajo, lo que resulta en una reducción en la carga sobre el corazón. Podríamos resumir diciendo que el ejercicio incrementa la capacidad para captar, transportar y usar el oxígeno por parte de los tejidos (especialmente por los músculos ejercitados), para una mayor producción energética y mejor eliminación de desechos metabólicos. Esta capacidad es referida comúnmente como capacidad aeróbica.

El ejercicio físico realizado en forma regular tiene efectos benéficos sobre la tasa de hipercolesterolemia, hipertensión arterial y diabetes, y disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica, especialmente coronaria y cerebrovascular.

Una condición física adecuada puede influir favorablemente sobre la trombogenicidad y arritmogenicidad, disminuyendo también, por esta otra vía, las tasas de morbilidad y mortalidad de origen coronario.

Hay una fuerte relación inversa entre actividad física y el primer infarto. Se ha demostrado una reducción del 69% (RR 0,31) en la incidencia de primer infarto entre individuos que ejercitaban más de 2,2 horas por semana, comparados con individuos inactivos.

En el Estudio Heidelberg se verificó menor progresión y mayor regresión angiográfica en pacientes coronarios conocidos cuando fueron aleatorizados a una combinación de dieta saludable y ejercicios físicos de alto nivel.

En el metaanálisis publicado por O'Connor y col, 4.600 pacientes de 22 estudios demostraron los beneficios de la actividad física como parte de la rehabilitación postinfarto de miocardio, logrando reducciones de tasas de reinfarto (-25%), mortalidad cardiovascular (-22%) y mortalidad total (-20%).

Los efectos benéficos de la actividad física se logran por su influencia directa o indirecta sobre factores de riesgo y otros relacionados con el normal funcionamiento del organismo (dislipidemias, hipertensión arterial, obesidad, actividad neurohumoral anormal, metabolismo glucídico y osteomineral, factores relacionados con la trombosis y la fibrinólisis, función endotelial, etc.) además de otros efectos favorables. En la Tabla I publicamos algunos de los beneficios que se pueden lograr con una actividad física moderada, los cuales se deben a las modificaciones (o correcciones) fisiológicas que provoca el ejercicio regular. Algunas de esas modificaciones pueden verse en la Tabla II.

 

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Las poblaciones con bajo entrenamiento o actividad física tienen expectativa de vida más corta en comparación con las que son más entrenadas. Las que progresan de un nivel menor de actividad a uno mayor, logran disminuir el riesgo cardiovascular. Este nivel de entrenamiento puede ser alcanzado en forma muy sencilla, por ejemplo, caminando activamente unos pocos minutos por día.

Un estudio realizado sobre casi 15.000 individuos, con un seguimiento de 8 años, demostró que el gasto energético equivalente a caminar entre 30 y 70 minutos por día puede reducir la mortalidad por cáncer y enfermedades cardiovasculares. Estos datos son muy alentadores ya que esta carga de trabajo puede ser alcanzada casi por cualquier persona, a cualquier edad o en cualquier condición.

¿Cuáles y cuántos ejercicios realizar?

Décadas de investigación sobre actividad física y salud en general, han confirmado algunos conceptos muy útiles a la hora de recomendar una actividad física a un paciente inactivo:

1. La mayoría de la población inactiva puede mejorar su salud y bienestar llegando a ser moderadamente activa, sobre una base de trabajo físico regular.
2. La actividad física no necesita ser extenuante para alcanzar los beneficios para la salud.
3. Los beneficios pueden aumentar si se incrementa la cantidad, frecuencia y duración respecto de un valor previo.

El mejoramiento de la capacidad aeróbica puede conseguirse con simples caminatas, las cuales se destacan por sus ventajas: fáciles de realizar; tolerables en casi cualquier condición de entrenamiento; seguras, pues tienen bajo riesgo de lesiones; y baratas, ya que no requieren equipos especiales. Puede variarse el tipo de ejercicio y combinar con ciclismo, natación, baile o danza, patín, escaleras, etc.

La frecuencia puede variar desde actividades diarias hasta tres veces por semana.

La intensidad la medimos, según la frecuencia cardíaca máxima teórica (FCMT), desde baja (60% de la FCMT) hasta alta (90% de la FCMT). Este nivel se selecciona según la edad, el sexo, la clasificación del riesgo, la condición clínica, etc.

La duración puede ir desde unos pocos minutos (15 min. diarios) hasta alcanzar 45 a 60 minutos por día. Como alternativa, en algunos casos pueden dividirse las sesiones en dos diarias, de 20 a 30 minutos cada una.

Es muy importante realizar una breve sesión de calentamiento, antes del ejercicio, y de enfriamiento después; esto debe ser obligatorio. También es importante incluir ejercicios para flexibilidad con el objetivo de disminuir los riesgos de dolor y de injuria muscular.

La continuidad de la terapia, en base a un programa regular, es de capital importancia para alcanzar y mantener los resultados. El paciente debe saber que los beneficios del entrenamiento se pueden perder cuando la actividad disminuye en frecuencia o en intensidad respecto de la prescripta por el médico.

Actividad física como tratamiento en prevención cardiovascular

La actividad física es hoy una herramienta indispensable, accesible y de bajo costo para aplicar en pacientes y en la población general, para mejorar y recuperar la capacidad funcional y preservar la salud cardiovascular a través de la adopción de un estilo de vida más saludable.

Esto es aplicable en prevención primaria y secundaria, con los recaudos necesarios en relación con los distintos grupos e indicadores de riesgo ya establecidos.

La Federación Mundial del Corazón, a través del Consejo de Rehabilitación y Prevención Secundaria, establece que 'la rehabilitación como prevención secundaria es parte constitutiva del tratamiento de todo enfermo cardiovascular'.

Pueden incluirse en programas de actividad física a individuos presuntamente sanos, con o sin factores de riesgo, siempre que se respeten una adecuada evaluación y planificación y, estableciendo pautas de seguridad y eficacia, también pueden incluirse a los que presentan alguna contraindicación o precaución especial para el desarrollo de actividades físicas. En este sentido, es ilustrativo mencionar en forma resumida la clasificación de la Asociación Americana del Corazón.

Clasificación de la Asociación Americana del Corazón

Clase A. Individuos asintomáticos sin evidencia de riesgo mayor. No requieren supervisión del médico. Son los menores de 40 años sin enfermedad o factor de riesgo importante, o los mayores de 40 años con ergometrías negativas. No requieren monitoreo del ECG ni control de TA ni supervisión médica.

Clase B. Enfermos cardiovasculares estables. Pueden realizar actividad moderada, con control de ECG y TA sólo en fases iniciales del entrenamiento y supervisión médica durante las sesiones de prescripción. Pacientes con infarto de miocardio, angina estable, asintomáticos con pruebas ergométricas anormales o coronariografías anormales, en condición estable. Pacientes con patologías valvulares, congénitas o miocardiopatías que se encuentran estables. Suelen requerir tener clase I ó II de la NYHA (New York Heart Association) o capacidad de ejercicio mayor de 6 Mets, con aumento apropiado de la TA sistólica durante el esfuerzo, en ausencia de arritmia ventricular por ejercicio. Deben tener capacidad para autocontrolar el esfuerzo antes de suspender el monitoreo inicial.

Clase C. Riesgo moderado a alto de complicaciones por ejercicio y/o incapacidad de autorregular la actividad o de comprender el nivel de actividad. Requieren monitoreo continuo y supervisión médica continua hasta que mejore la condición. Pacientes con condición más grave, NYHA III y IV, capacidad menor de 6 Mets, con cambios ST en esfuerzo o angor de esfuerzo, o caídas de la TA sistólica en el esfuerzo. El control por personal especializado deberá mantenerse mientras permanezcan en este nivel C.

Clase D. Enfermos inestables con restricción de la actividad. Sólo prescripción de actividades cotidianas, según la evaluación del médico. No se recomienda actividad física hasta que no alcancen al menos la Clase C.

Hay otras condiciones que no están contempladas en estas clases, como la diabetes, las alteraciones neurológicas o motoras, la obesidad, la EPOC, etc., que pueden hacer variar el nivel de supervisión médica o profesional necesario.

El ejercicio incrementa la capacidad para captar, transportar y utilizar el oxígeno por parte de los tejidos, para una mayor producción de energía y una mejor eliminación de los desechos metabólicos; esta capacidad, llamada MVO2 o capacidad aeróbica, es clave para la valoración; su incremento, junto con la resistencia aeróbica, es el componente más importante para el mejoramiento cardiocirculatorio.

La importancia del ejercicio se destaca al establecer, como ya se dijo, que la rehabilitación cardíaca como prevención secundaria es parte constitutiva del tratamiento de todo enfermo cardiovascular y pulmonar, acentuando la necesidad de tratar más intensivamente a los pacientes con aterosclerosis establecida y/o de alto riesgo, mediante programas integrales con acciones en áreas como nutrición, psicoafectiva, vocacional-social, además del seguimiento y control de los factores gatillo y multifactoriales. El Esquema 1 se relaciona con la aplicabilidad de estas recomendaciones.

 

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Tope

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Coautores:
Dr. Ricardo Rasmussen
Dr. Ladislao Endrei

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Actualización
08/Feb/2000 


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