topeesp.gif (8383 bytes)

[ Scientific Activities - Actividades Científicas ]

Las Ciencias Biomédicas: un punto de vista epistemológico

Dr. Ricardo H. Pichel

El método hipotético-deductivo y los "sistemas simples" La Medicina
Los Sistemas Complejos y los métodos empírico-inductivistas Bibliografía recomendable

Cualquiera sea la ciencia de la que se trate, existe un punto de partida común a todas ellas y que lo constituye el conjunto de "observables"que componen su base empírica. Dicho con algún ejemplo concreto, el péndulo, el movimiento de los planetas y el choque de los cuerpos, son "observables"que integran la base empírica de la Física, en tanto que los protozoarios, los invertebrados, los mamíferos y las aves, son parte de los "observables"que integran la base empírica de la Biología.

Los designamos de ese modo precisamente porque directa o indirectamente están al alcance de la "observación"de quien se interese por ellos.

Ante todo, debemos aclarar cuales son las cosas que se esperan del conocimiento científico desde un punto de vista epistemológico. Lo primero es que tenga capacidad de explicar, es decir, que permita establecer algún tipo de relación entre los acontecimientos de modo tal que si uno de ellos sucede, necesariamente deberá suceder el otro. En segundo lugar que dicha explicación sea lo más abarcativa posible, o dicho en otras palabras, que la explicación unifique acontecimientos que aparentemente no tienen nada que ver entre sí. Y, por último, que tenga capacidad predictiva, es decir que, deduciendo correctamente, se puedan predecir acontecimientos o fenómenos susceptibles de ser confrontados experimentalmente para verificar la validez de dicha predicción.

Lo primero que se espera de una ciencia es que advierta ciertas "regularidades observables"; es decir, que sepa distinguir dentro de su base empírica qué cosas suceden con cierta "regularidad"y cuáles no.

El método hipotético-deductivo y los "sistemas simples"

A esta altura de la exposición ya es conveniente comenzar a decir que existen al menos dos clases de "observables": aquellos que por su naturaleza "simple" permiten que la ciencia que se ocupa de ellos cumpla satisfactoriamente con las expectativas epistemológicas que hemos enunciado al comienzo, es decir, que explique, que unifique y que prediga todo lo concerniente a estos "observables" y, por el otro lado, están aquellos que debido a su enorme grado de complejidad no siempre permiten que las ciencias que se ocupan de ellos alcancen esos tres objetivos.

Además, conviene anticipar que el método hipotético-deductivo es el que permite cumplir con los objetivos epistemológicos que nos hemos impuesto (explicar, unificar y predecir) con el mayor grado de garantía lógica, y que ningun otro como él goza de esa robustez epistemológica.

Lo primero que parece evidente es que los "sistemas simples" son susceptibles de ser abordados por el método hipotético-deductivo y que, a su vez, este último parecería el más adecuado para los "sistemas simples".

A modo de ejercicio, comencemos por imaginar qué hubiera pasado con la Física sin la aparición de Isaac Newton.

En la Física prenewtoniana el péndulo, el movimiento de los planetas y el choque de los cuerpos constituían tres tipos de "regularidades observables" absolutamente independientes entre sí. Las leyes del péndulo, si acaso las había, hubieran sido el resultado de cuidadosas mediciones que habrían puesto en evidencia la "regularidad" que vincula a la longitud con el período, pero como además la inevitable fricción de los diferentes péndulos habría conspirado contra la exactitud de esas "regularidades", las mismas vendrían asociadas a un número que indicaría la probabilidad de que tal "regularidad" aconteciera. Obviamente, por la naturaleza tan simple del péndulo, dicho número probabilístico habría sido enormemente alto.

Por su parte, la "regularidad" vinculada con el choque de los cuerpos hubiera quedado limitada al enunciado de cada caso en particular y, siendo que no existía el concepto de "masa", habría tratado de vincular el peso con las velocidades y las direcciones, pero con tal grado de limitación que la posibilidad de predecir el curso de una colisión habría quedado reducida a una mera "singularidad".

En cuanto al movimiento de los planetas, ya Kepler había enunciado sus leyes y, de alguna manera, era quien mejor había descripto dicha "regularidad".

Si todo hubiera quedado así, la Física habría dejado de cumplir con los tres fines superiores de la ciencia: a) la explicación, b) la unificación y c) la predicción.

Si todo hubiera quedado así, la Física no habría pasado de ser un mero catálogo de "regularidades observables" asociadas a un número que indicaría la probabilidad de que tal "regularidad"aconteciera. Éste y sólo éste es el alcance del método empírico inductivo.

Qué fue lo que hizo Newton?

Newton pegó el salto al mundo de los "inobservables" y "creó" tres principios a los que "decretó" verdaderos, y a partir de los cuales no sólo explicó y unificó al péndulo con el movimiento de los planetas y con el choque de los cuerpos demostrando que unos y otros obedecían a las mismas leyes, sino que "predijo" la evolución que tendría un dado sistema conociendo sus condiciones iniciales.

Sin saberlo, Newton acababa de "crear" el método hipotético-deductivo que, como ya lo dijimos, es el más apropiado para el estudio de los "sistemas simples".

En efecto, la potencia de este método consiste en la fuerte apoyatura lógica que posee.

Imaginemos por un momento que la proposición A pertenece al dominio de los "inobservables"; esto significa que, por esa razón, me está vedado comprobar si se trata de una proposición "veradera" o "falsa".

Ahora bien, sucede que cuando un razonamiento es "correcto" jamás puede partir de una verdad para concluir en una falsedad. Esta propiedad del razonamiento "correcto" de "preservar" la verdad es la garantía del método hipotético deductivo.

Pero vayamos por partes y retornemos a nuestra proposición A. Dijimos de ella que por ser un "inobservable" no podíamos establecer si era Verdadera o Falsa, pero supongamos que mediante un razonamiento "correcto" y partiendo de A, concluimos otra proposición B, la cual, por fortuna pertenece al dominio de los "observables", y, por lo tanto, poseemos métodos de constatación para decidir si es "verdadera" o "falsa". Supongamos, además, que aplicamos esos métodos y resulta que la proposición B es "verdadera". Estamos en condiciones de afirmar algo respecto de la "verdad" o "falsedad" de A? Absolutamente nada, puesto que si bien hemos realizado un razonamiento "correcto" y, por lo tanto, estamos seguros de que no hemos ido de una verdad a una falsedad, bien pudo ser el caso que hayamos partido de una "falsedad" y hayamos concluído una "verdad" , o que también hayamos concluído esa misma "verdad" habiendo partido de otra "verdad". En ningún caso, a partir de la "verdad" constatable de B podemos inferir nada respecto de la "verdad" o "falsedad" de A.

Este es el nudo del método hipotético-deductivo y en él reside su potencia epistemológica.

Puesto que partiendo de la "verdad" constatable de cualquier "observable" B es absolutamente imposible afirmar nada relativo a la "verdad" o "falsedad" del "inobservable" A del cual hemos deducido correctamente a B, ¿qué tal si invertimos las cosas y nos valemos de la constatabilidad de B para "controlar" el valor de "verdad" de A?

Veamos si soy más claro. Puesto que A es una "incertidumbre" y, puesto que la corrección de un razonamiento me garantiza que jamás puedo ir de una "verdad" a una "falsedad" ¿qué tal se "declaro verdadera a A por decreto" y a partir de ella comienzo a razonar "correctamente"?

Si a lo largo de este "correcto" razonamiento llegamos al "observable" B y verificamos que, en efecto, es "verdadero", por lo visto anteriormente nada podemos decir acerca del acierto de nuestro "decreto" respecto de la "verdad" de A. En todo caso, lo más que podemos decir es que nuestro "decreto" continúa "vigente".

Si, por el contrario, al constatar a B comprobamos que es "falso", entonces ahí sí podemos ser categóricos respecto de A y afirmar con contundencia acerca de su "falsedad" puesto que, habiendo sido nuestro razonamiento correcto, si llegamos a una "falsedad",es porque hemos partido de otra.

Es absolutamente imposible que de una "verdad" lleguemos por vía de un correcto razonamiento a una "falsedad". Si hemos concluído una "falsedad" es porque habíamos partido de otra.

Esta es la potencia del método hipotético deductivo, la que nos permite testear la "supuesta" verdad de nuestras hipótesis mediante la corrección de los rezonamientos que hagamos a partir de ellas y mediante la verificación experimental de las conclusiones que pertenecen al dominio de los "observables".

Como dijimos al comienzo, el método hipotético-deductivo, que es el que explica, unifica y predice, resulta más fácilmente aplicable al dominio de los sistemas simples, y puesto que la Física fue la que más se ocupó de estos sistemas, es ella la que se ha constituído en un modelo paradigmático de este método y la que ha alcanzado mayor prestigio epistemológico. Las "grandes leyes de la naturaleza" son los "puntos de partida" de la Fïsica, y la robustez de la Física Teórica demuestra que buena parte de lo que hace un físico es deducir a partir de esos "principios" u otear otros nuevos a partir de los cuales se preserve la explicación de lo explicado, pero además se alcancen a explicar sucesos que con los "viejos puntos de partida" resultaban inexplicables.

Los Sistemas Complejos y los métodos empírico-inductivistas

Comencemos por decir que existen diversos grados de complejidad y que los sistemas biológicos se encuentran entre los de complejidad más extrema.

Una primera curiosidad que aparentan tener los sistemas complejos es que, así como resulta muy difícil encontrar para ellos "puntos de partida" a partir de los cuales se puedan deducir sus propiedades y someterlas a la confrontación experimental, también resultan difíciles de explicar con las "grandes leyes de la naturaleza" obtenidas a partir de los sistemas simples.

Por una u otra razón, los sistemas complejos y, en particular, los biológicos, fueron abordados por métodos fundamentalmente morfologistas y descriptivos y, en el mejor de los casos, por métodos empírico inductivistas cuyo vuelo epistemológico no pasa de "regularidades observables" asociadas a un número probabilístico no demasiado vigoroso. La descripción que hicimos al comienzo acerca de la Física prenewtoniana es perfectamente aplicable al estado actual del conocimiento de los sistemas complejos.

No existen más que hallazgos, y hallazgos sin más respaldo que una evaluación estadística que actúa como garante de que el hallazgo constituye una "regularidad" pero sin ninguna pretensión de unificar explicaciones (que tampoco abundan) ni mucho menos encontrar algún valor predictivo que no sea el que surge de un tratamiento estadístico en virtud del cual la probabilidad de que acontezca un determinado suceso es mayor cuando se da la conjunción de tales o cuales condiciones.

Creo que el problema de los sistemas complejos admite dos vertientes: por un lado lo que podríamos llamar su complejidad intrínseca y, por el otro, una tradición experimentalista, intuicionista y tosudamente aferrada a la realidad, que se niega a cualquier intento de simplificación en procura de elaborar un "modelo" constituído por las variables más relevantes.

Esta postura epistemológica, si bien garantiza de la manera más confiable que lo que se describe es una regularidad observable, no puede ir más allá de eso puesto que todo intento de imaginar o de suponer "algo" que escapa a la comprobación experimental pero que podría "explicar" la regularidad observable y aún permitirnos predecir algunas otras, es visto como una transgresión al rigorismo científico y descalificado por los pares encargados de evaluar cualquier trabajo científico.

Existen honrosas excepciones que han pasado a la historia, tales como la de Mendel que, sin "ver" a los genes, propuso su existencia para explicar y predecir las leyes de la herencia. Otro tanto podría decirse de Darwin, que lanzó la hipótesis "evolucionista" para explicar la aparición y extinción de las diferentes especies animales.

Pero la tendencia general en el tratamiento de los sistemas complejos se aferra a un intuicionismo inductivista muy seguro de lo que está al alcance de su observación y tremendamente desconfiado de todo lo que pertenece al mundo de los inobservables.

A menudo suelo decir que si la física hubiera estado en manos de los científicos biomédicos, hoy estaríamos alumbrándonos a velas, puesto que hasta que no hubieran "visto" a un electrón se habrían negado a formular cualquier tipo de ley (tal como lo hicieron Ohm, Faraday o Maxwell) por considerarlas carentes de un sustrato "realista".

En mi experiencia personal la primera dificultad con la que he tropezado sistemáticamente aparece a la hora de formular un "modelo" en el que sólo intervienen aquellas variables cuya relevancia les otorga un supuesto protagonismo mayor que a las restantes. El proceso de "excluir" variables es visto como un escamoteo de la "realidad" en vez de ser visto como un intento de simplificación para comprobar si con las variables "elegidas" se pueden explicar los sucesos observados y predecir los futuros. Si tal cosa se logra con cierto grado de aproximación, no hay duda de que las variables excluidas merecían serlo; en tanto que si las explicaciones y predicciones del modelo no coinciden con las constataciones experimentales, no hay duda de que la simplifacación ha sido equivocada y que se excluyeron variables relevantes o se eligieron otras inapropiadas. No es cierto el hecho de que la simplificación sea un acto violatorio del proceso que se estudia; por el contrario, negarse a ella constituye un acto de encorsetamiento para cualquier intento en la comprensión de lo que se está estudiando.

Aún en el tratamiento de los sistemas simples se procede a menudo al proceso de simplificación. En todos los experimentos de Newton estuvo presente el rozamiento, pero si Newton no se hubiera imaginado una situación con rozamiento nulo jamás hubiera podido formular el principio de Inercia.

Mientras persista esa resistencia contumaz a excluir variables que "complican" innecesariamente la comprensión de "algo" y sólo se almita a ese "algo" sin ningún tipo de mutilaciones, nos quedaremos en el plano de lo meramente descriptivo con mayor o menor grado de resolución (macroscópico, microscópico o molecular) pero sin una comprensión que nos permita explicar, unificar y predecir nada referente a ese "algo".

En estos últimos años, los sistemas complejos han suscitado la atención de algunos científicos provenientes de las ciencias físico-matemáticas y existen algunos tratamientos que pasan por la termodinámica de los sistemas abiertos y que, tal vez, constituyan una apertura a este callejón sin salida al que nos ha llevado el inductivismo intuicionista de las ciencias biomédicas.

Confío esperanzadamente en este nuevo enfoque, pero me temo que mientras tanto se consolide, suceda lo que ya está sucediendo con algunas disciplinas tales como la psicología, y más particularmente con la escuela lacaniana , que "interpreta" a su modo y como puede cosas que la Física de los sistemas complejos está muy lejos de afirmar.

Siempre que se abre una nueva perspectiva de amplio espectro (y tal sería el de la física de los sistemas complejos), hay una legión de diletantes que en medio de su precario entendimiento buscan llevar agua para sus respectivos molinos ideológicos. Nunca olvidaré un artículo de Vargas Llosa aparecido en la Nación y titulado "Bienvenido Caos" en el cual, y a raíz de algunas conversaciones que había mantenido en algún lugar del mundo con un físico francés que se ocupaba de Teoría de Caos, Don Mario entendió del caos lo que apenas pudo pero, en todo caso, lo suficiente como para ver en esa teoría las bases científicas del Capitalismo.

La Medicina

Comencemos por aclarar algunas cosas que se han venido confundiendo sistemáticamente desde que el médico es tal.

El médico se ocupa del sistema más complejo que existe en la naturaleza: el hombre. Como sistema complejo que es, el hombre está en estado de permanente cognoscibilidad, es decir, falta saber muchas cosas acerca de él y, por lo tanto, no es posible pensar a la medicina despegada de la investigación científica vinculada al hombre y a todos los sistemas complejos en general.

Podremos estar en mayor o menor desacuerdo con el planteo epistemológico de las ciencias biomédicas, pero de lo que estamos absolutamente convencidos es de su plena justificación.

Si tomamos por ejemplo el conjunto de productos que han sido desarrollados por el hombre merced a la aplicación de esas "leyes generales" y que han dado lugar a desarrollos tecnológicos de la más alta sofisticación, y los comparamos con los sistemas complejos en cuya aparición no intervino el hombre sino Dios o la evolución natural, podemos advertir la enorme diferencia de actitud frente a unos u otros. ¿Tiene sentido investigar un televisor? En absoluto, puesto que es producto del conocimiento humano y se lo conoce al dedillo. En todo caso, lo que tiene sentido es mejorarlo, hacerlo más nítido, procurar un efecto tridimensional, pero todo ello, aplicando los conocimientos que el hombre extrajo de los sistemas simples elaborando a partir de ellos las grandes leyes de la naturaleza.

¿Tiene sentido investigar al hombre o a los sistemas complejos? Absolutamente sí, pues en su aparición no ha intervenido el hombre y, ya sean producto de Dios o de la evolución natural, constituyen una verdadera incógnita y un desafío primario para la ciencia.

El médico lo sabe, pero existe una motivación respecto del hombre que no pasa por lo científico sino por la necesidad de "modificar" al hombre cuando éste padece cualquier enfermedad. Esa "modificación" entraña un conocimiento y el médico sabe que debe buscarlo en la ciencia como camino inevitable, pero entiéndase que la motivación del médico no pasa por "comprender" sino por "modificar".

Para el médico, existe un criterio de "pertinencia" del conocimiento que no lo tiene el científico. Para éste, su objetivo es comprender, para el médico su objetivo es valerse del conocimiento que le permita "modificar" la situación del paciente.

Para el científico sólo vale la "calidad" de un dado conocimiento; para el médico sólo valen aquellos conocimientos de calidad que, además, sean pertinentes para el ejercicio de su profesión.

Aclaradas estas cosas, toda la crítica que hicimos a las ciencias biomédicas no alcanzan al médico sino a los investigadores que se desempeñan es esas áreas del conocimiento. El médico no es un científico, en el sentido de que no investiga para entender sino que acude al científico para aplicar los conocimientos que éste investiga y escoge aquellos que le permitan ejercer alguna "modificación" al paciente.

Pero de alguna manera, el médico sabe mejor que nadie que está trabajando con sistemas complejos. Por eso, a la hora de aplicar un conocimiento surgido de la investigación, se cuida muy bien de cuál será la respuesta de esa complejitud inexplorada y, sin importarle tanto ni el porqué ni el cómo, decide "ensayar" el nuevo recurso comparándolo con un grupo control.

El ensayo clínico no es un método de investigación científica sino un resguardo al que acude el médico para "ver" si la "modificación propuesta" no genera efectos inesperados en un sistema cuya complejidad inabordable le impediría predecirlos aplicando los métodos clásicos de investigación.

Bibliografía recomendable:

Carnap, R., Fundamentación Lógica de la Física, Madrid, Hyspamérica, 1985.

Nagel, E. , La Estructura de la Ciencia, Buenos Aires, Paidós, 1968.

Popper, K., La Lógica de la Investigación Científica, Madrid, Tecnos, 1973.

Klimovsky, G., Las Desventuras del Conocimiento Científico, Buenos Aires, A-Z Editora, 1994.

Tope

 


© CETIFAC
Bioingeniería

UNER
Actualización
10/01/99