RIESGO QUIRURGICO

Evaluación preoperatoria cardiovascular en pacientes sometidos a cirugía no cardíaca

RAUL J. BARCUDI, DANIEL ANAUCH, PABLO BAUDINO

Dirección postal: Unidad Cardiovascular. Sanatorio Mayo. Belgrano 54. 5000 Córdoba. Argentina.
e-mail: abb_cardiol@yahoo.com

Index - Summary

En general, las operaciones no cardíacas se han relacionado con mortalidad baja (0,15-0,3%), y las complicaciones ocurren a una tasa muy pequeña. Es tarea del médico consultor identificar pacientes que tienen riesgo bajo y que pueden someterse a una intervención quirúrgica con muy baja probabilidad de complicaciones y separarlos de aquellos que tienen un riesgo intermedio o alto en base a criterios clínicos y, bajo circunstancias particulares, pruebas cardíacas especializadas. Los problemas clínicos deben estabilizarse y es necesario que el personal quirúrgico tenga guías para la aplicación de medicamentos cardíacos, la vigilancia perioperatoria del corazón y la atención postoperatoria de cualquier complicación cardiovascular que ocasiona tantas muertes y fenómenos mórbidos como todas las otras causas combinadas (insuficiencia de órgano, apoplejía, infección). En virtud de lo antedicho, es necesario que los médicos consultores estén en íntima relación con anestesistas y cirujanos, evalúen los pacientes y calculen la reserva cardiopulmonar antes de emprender cualquier tipo de operación no cardíaca.

Rev Fed Arg Cardiol 2001; 30: 325-333

El estudio o valoración prequirúrgica de pacien-tes que van a ser sometidos a cirugía no cardíaca puede señalarnos potenciales problemas a nivel cardiovascular, pulmonar o metabólico, que podrían poner en riesgo al paciente en la sala de operaciones. Por ejemplo, las variaciones en la presión arterial, la temperatura corporal, el volumen intravascular y la activación del sistema nervioso autónomo, así como la depresión de la contractilidad miocárdica, que dependen tanto del tipo de operación como de la anestesia utilizada, determinan un aumento de las tensiones que debe soportar el aparato cardiovascular durante o después de la cirugía.

No todos los pacientes necesitan un amplio estudio cardíaco, pulmonar o de otro sistema u órgano; la selección de pruebas preoperatorias se basa en riesgos predictivos y en la información recogida en la historia clínica y en el examen físico.

En general, la mortalidad en cirugía no cardíaca es baja: 0,15% a 0,3%, y las complicaciones ocurren en un porcentaje mínimo.

Se sabe que la prevalencia de cirugía no cardíaca aumenta con la edad y que la expectativa de vida se incrementará en los próximos treinta años a más de 65 en un 25% a 35% 1 y que hasta un 40% de los procedimientos quirúrgicos se realizan en estos pacientes que son, además, responsables del 50% de las emergencias en cirugía 2 . No sorprende que el infarto de miocardio perioperatorio y otros trastornos cardíacos sean las principales causas de morbilidad y mortalidad en procedimientos quirúrgicos no cardíacos.

En un estudio de la Administración Nacional de Veteranos del año 1995 que incluyó más de 83.000 pacientes, la tasa de mortalidad postoperatoria (hasta 30 días) fue del 3,1%, con un 4,5% de complicaciones cardíacas entre las que se incluyen el infarto de miocardio, la reanimación cardiopulmonar y el edema agudo de pulmón. 3

En general la enfermedad coronaria o los factores de riesgo para ésta son frecuentes en los pacientes que van a ser sometidos a cirugía. Alrededor de un 33% de estos pacientes es probable que tengan alguna afección cardiovascular, llegando a un 50% los que tienen riesgo intermedio. Las complicaciones son entre 3 y 4 veces más altas en este grupo con respecto a aquellos que tienen riesgo bajo, pero dado que tienen una incidencia general de muerte cardíaca o complicaciones perioperatorias de alrededor del 0,5%, incluso en este grupo sólo entre el 2% y el 8% tienen complicaciones perioperatorias graves.

Es por ello que, para minimizar los riesgos de cualquier tipo de cirugía, es opinión de varios autores que se deben cumplir tres requisitos importantes para disminuir la morbimortalidad intra y postoperatoria, y son:
1. Las condiciones del medio asistencial en el cual se va a realizar el acto quirúrgico, en donde deberían cumplirse todos los requisitos de infraestructura necesarios, disminuyendo así las complicaciones relacionadas con la cirugía.
2. El grupo médico, de donde se desprende la importancia de la relación íntima que debe haber entre anestesistas, cardiólogos y cirujanos para elegir el tipo de anestesia y anestésicos que van a utilizar de acuerdo con el tipo de paciente. El tipo de anestesia y los agentes anestésicos deben ser elegidos por el anestesiólogo calificado después de una valoración minuciosa hecha por el cardiólogo. Se sabe que, en mayor o menor grado, las drogas utilizadas tienen repercusión sobre el sistema cardiovascular y éste debería estar en las mejores condiciones con el fin de disminuir los efectos nocivos que se pudieran producir.
3. En tercer término, el paciente problema. El cardiólogo que evalúa a ese paciente para una cirugía electiva o semielectiva debe saber discernir entre los de bajo riesgo y aquellos que requieren una evaluación más profunda o que necesitan una terapéutica adicional porque su riesgo es intermedio o alto, teniendo en cuenta que los que presentan riesgo intermedio representan el 40% de los pacientes que van a cirugía.

Al realizar la evaluación preoperatoria debe tenerse en cuenta que existen dos períodos de riesgo: el primero abarca las primeras 48 horas, en las cuales los efectos de la postanestesia, el retiro del respirador, la desviación de líquidos, la hipomotilidad intestinal, el dolor y otros factores contribuyen a un tono adrenérgico fluctuante y a la hipercoagulabilidad. 1 Aquí la incidencia de eventos coronarios es más alta y pueden presentarse insuficiencia cardíaca, arritmias en los individuos predispuestos a ellas, y también complicaciones neurológicas y res piratorias.

El segundo período se extiende entre los 3 y los 30 días. Predominan en él los procesos infecciosos, las complicaciones vinculadas al procedimiento, la broncoaspiración y la trombosis venosa, cualquiera de las cuales puede producir la muerte del paciente o determinar una permanencia más prolongada en el hospital.

Es muy importante, en todos los casos, efectuar una adecuada estratificación del riesgo quirúrgico (Tabla 1).

También es muy importante discernir si los predictores clínicos del riesgo cardiovascular son mayores, intermedios o menores (Tabla 2).

Evaluación en base a índices clínicos

A partir de la década del 60 se ha tratado de establecer cuáles son los datos clínicos que permiten predecir el riesgo de presentación de episodios coronarios en pacientes sometidos a cirugía, para lo cual se han confeccionado numerosos índices de riesgo, por medio de análisis uni y multivariado, como el de la Sociedad Americana de Anestesiología, el de Lee Goldman 4 y las modificaciones realizadas por Detsky y colaboradores, en 1986, y por Larsen y colaboradores, en 1988.

En la Tabla 3 pueden apreciarse los índices de riesgo multifactoriales antes mencionados.

Estos índices permiten definir diferentes grupos de pacientes según un puntaje. Para el índice de Goldman, la Clase I (0 a 5 puntos) es de muy bajo riesgo; la Clase II (6 a 12 puntos) es de bajo riesgo; la Clase III (13 a 25 puntos) es de riesgo moderado; la Clase IV (más de 25 puntos) es de alto riesgo. El índice modificado por Densky y colaboradores agrega la variable de la angina y clasifica a los pacientes en Clase I (0 a 15 puntos), Clase II (20 a 30 puntos) y Clase III (más de 30 puntos).

El interrogatorio y el examen físico proporcionan la información requerida para valorar el estado del sistema cardiovascular. Si se agrega un mínimo inicial de pruebas de laboratorio se puede determinar el denominado índice de factores de riesgo (Tabla 4).

Este índice es simple, poco costoso y permite diferenciar entre pacientes de alto riesgo, en los que se debe evitar o posponer una cirugía, y aquellos de riesgo bajo, en quienes el riesgo depende de la cirugía en sí misma.

Las falencias de este índice se concentran en la franja de pacientes que están en riesgo intermedio, que representan hasta un 40-50% de los procedimientos quirúrgicos. Aquí deben valorarse otros aspectos, dependiendo del procedimiento y de la habilidad de los equipos para cuidados operatorios y perioperatorios del paciente.

Desde el punto de vista clínico deben considerarse algunos aspectos específicos: enfermedad coronaria, diabetes e hipertensión y otras anormalidades cardiovasculares.

Enfermedad coronaria
Es un determinante importante en la morbimortalidad perioperatoria. La incidencia de infarto agudo de miocardio perioperatorio aumenta de 10 a 50 veces en pacientes que han sufrido previamente un infarto comparados con quienes no tienen antecedentes de enfermedad coronaria. Cuanto más cerca del evento agudo, mayor es la probabilidad de sufrir un nuevo infarto o muerte. Esto ocurre en un 30% dentro de los 3 meses, 15% entre 3 y 6 meses y 5% luego de los 6 meses. 7,8 De esto se desprende que luego de un infarto agudo de miocardio debería postergarse una cirugía hasta los 6 meses, aunque algunos estudios han informado una tasa menor de reinfartos y eventos cardiovasculares antes de los 6 meses. Esta valoración del riesgo puede ser aceptable en cirugías electivas y no para procedimientos que puedan salvar vidas o procedimientos de urgencia en los cuales dicha valoración de riesgo queda como un mero hecho académico.

En cuanto a los pacientes que presentan angina de pecho es importante determinar el patrón estable o inestable. Es así que la angina inestable es una contraindicación absoluta para la cirugía no cardíaca; informes de algunos estudios han determinado hasta un 30% de eventos cardíacos perioperatorios. Por el contrario, la angina estable (independientemente de que se sepa o no que hay una arteropatía coronaria) tiene poco o ningún impacto sobre el resultado final; es así que estos pacientes con buena tolerancia al ejercicio tienen una mortalidad operatoria del 2%.

No se dispone de estudios importantes para valorar la cirugía de bypass aortocoronario antes de una cirugía no cardíaca. Los análisis realizados por el estudio CASS 9 no están a favor de la cirugía profiláctica para pacientes cuyos síntomas no justifican revascularización, que tienen angina estable con buena tolerancia al ejercicio y que no tienen otros factores de riesgo 10 .

Diabetes e hipertensión
Son dos factores de riesgo potentes y los pacientes tienen un mayor riesgo de complicaciones en el período intra y postoperatorio. Charlson y colaboradores 11 informaron que el 4% de los sujetos con HTA o diabetes falleció, presentó paro cardíaco o tuvo infarto perioperatorio y el 3% padeció infarto o isquemia. Con respecto a la hipertensión, el riesgo se relaciona más con las complicaciones que produjo en el organismo (cardiopatía isquémica, disfunción del ventrículo izquierdo, falla renal, etc.). En la hipertensión leve a moderada, con cifras diastólicas menores que 100 mmHg, la cirugía es bien tolerada. 10 La medicación antihipertensiva debe ser continuada hasta el mismo día de la operación ya que se han demostrado menores variaciones en la presión y, por ende, menos complicaciones. 11

En los pacientes diabéticos, ya sean Tipo 1 o 2, se recomienda que en el manejo perioperatorio se sigan las normas establecidas por Alberti 14 aportando glucosa, insulina y potasio con el objetivo de lograr un adecuado control metabólico. La medicación que recibe el paciente, sea insulina o hipoglucemiantes orales, debe suministrarse hasta un día antes de la cirugía y restituirla una vez que se retorne a la ingesta oral completa.

Otras anormalidades cardiovasculares
La insuficiencia cardíaca es un determinante principal para el riesgo peri y postoperatorio, independientemente de su causa. La mortalidad aumenta al empeorar la clase funcional 8 . Así, más del 25% de los pacientes con insuficiencia cardíaca congestiva sintomática o con galope, tercer ruido o congestión pulmonar, presentan edema agudo de pulmón perioperatorio en comparación con el 6% de aquellos que no tienen signos activos de insuficiencia cardíaca 15 .

Los pacientes con diversos grados de cardiopatía valvular están expuestos a insuficiencia cardíaca, infección, arritmias o embolias. Aquellos en clase funcional I o II pueden ser sometidos a una cirugía sin complicaciones; los que presentan clase funcional III o IV toleran mal la cirugía y su pronóstico es peor 16 . Es así que en aquellas valvulopatías graves, en tiempo quirúrgico debería realizarse la cirugía correctora profiláctica. Si la cirugía no cardíaca es una urgencia, el monitoreo hemodinámico en las cavidades derechas ayudaría a disminuir las complicaciones perioperatorias y a un mejor manejo de estos pacientes.

En los pacientes con prótesis valvulares que están anticoagulados se recomienda la suspensión de la anticoagulación oral 3 días antes de la cirugía 17 ; en aquellos con prótesis y riesgo de trombosis aumentado se puede utilizar heparina 6 horas antes de la cirugía y mantenerla entre las 36 y las 48 horas posteriores, para luego continuar con anticoagulantes orales. Todos los pacientes con prótesis valvulares o enfermedad nativa deben recibir profilaxis antibacteriana.

En ciertas patologías específicas, como la cardiomiopatía hipertrófica obstructiva dinámica en la cual se recomienda mantener una buena pre y postcarga, la anestesia espinal está contraindicada porque disminuye las resistencias vasculares sistémicas y aumenta la obstrucción del tracto de salida del ventrículo izquierdo.

En los pacientes con arritmias, ventriculares o supraventriculares, el pronóstico estará determinado por la frecuencia o no de cardiopatía de base 16 . La Tabla 5 expone factores desencadenantes de arritmias supraventriculares.

Los efectos que producen las arritmias sobre la circulación cerebral y coronaria se reseñan en la Tabla 6.

En cuanto a los pacientes que se presentan con algún defecto en la conducción, en general se colocará un marcapasos transitorio profiláctico únicamente si el paciente necesita un marcapaso definitivo, salvo en aquellos que presentan una bradicardia grave a estímulos vagales que puedan ser difíciles de tratar sin un marcapaso transitorio durante un procedimiento quirúrgico mayor.

Pruebas diagnósticas no invasivas

Si bien se ha escrito mucho sobre pruebas diagnósticas no invasivas preoperatorias, pocos son los estudios que han mostrado una mejoría en los resultados. La relación costo/beneficio debe ser tenida muy en cuenta y se recomienda ser conservador al momento de solicitar estudios.

A todos los pacientes se les debe realizar un electrocardiograma en reposo. En general, los datos aportados por éste no son factores predictores potentes, aunque un electrocardiograma que aparece con anormalidades del segmento ST-T y un QRS > 100 mseg o más, se relaciona con complicaciones perioperatorias 19 . La hipertrofia ventricular izquierda es un marcador de isquemia postoperatoria 20 .

La electrocardiografía ambulatoria puede revelar arritmias, bloqueos cardíacos o isquemia silenciosa en pacientes con riesgo moderado que deben ser sometidos a cirugía general y en aquellos de bajo riesgo para cirugía vascular. Hay estudios que han demostrado que los cambios isquémicos postoperatorios son comunes durante los primeros tres días y pueden persistir hasta una semana, y esta isquemia temprana o tardía puede predecir severos eventos cardíacos. Por lo tanto, es recomendable realizar monitoreo ambulatorio prequirúrgico a los pacientes con factores predictivos preoperatorios de isquemia postoperatoria, como los que presentan hipertrofia ventricular izquierda en el electrocardiograma, hipertensión que requiere medicación adicional para su control, diabetes mellitus, enfermedad coronaria definida, infarto previo, angor típico, angor atípico acompañado por una respuesta isquémica al esfuerzo, talio positivo o uso de digoxina.

La prueba ergométrica es fácil de implementar, de bajo costo y sirve para valorar la tolerancia al ejercicio. Una gran proporción de pacientes no pueden realizarla por diversas causas: enfermedad vascular periférica, patología articular o pulmonar. Aún en los pacientes que pueden realizar una ergometría, los estudios indican que no tiene un adecuado valor predictivo, ya sea positivo o negativo. Es así que la tolerancia al ejercicio, o sea la capacidad para realizar la prueba de esfuerzo, parece ser más importante que los cambios electrocardiográficos producidos 21 . La incapacidad para realizar dos minutos de ejercicio y elevar la frecuencia cardíaca a 99 latidos por minuto es un importante predictor independiente de complicaciones cardíacas.

Ante la imposibilidad de realizar ejercicios, los tests de estrés farmacológico pueden ser útiles: talio con dipiridamol o ecocardiograma con dobutamina. Estas pruebas tienen mucho valor en aquellos que se someten a cirugía vascular. Se sabe que los eventos cardíacos constituyen la causa principal de muerte en pacientes con vasculopatía periférica 22 . En esta población de alto riesgo los criterios de Goldman son menos beneficiosos para predecir eventos.

En un estudio retrospectivo se demostró que los siguientes puntos predecían eventos postoperatorios en cirugía vascular periférica: presencia de onda Q, antecedentes de arritmia ventricular, diabetes mellitus, edad avanzada y angina de pecho. Los pacientes que presentaban tres o más de estos hallazgos llegaron a tener una tasa de eventos de hasta un 50%; los que tuvieron 1 ó 2 marcadores clínicos mostraron un riesgo intermedio y estos eventos pudieron ser mejor identificados mediante el talio con dipiridamol 23 . Entre los 64 pacientes que no presentaron predictores de riesgo en un estudio, no hubo ninguna muerte de causa cardíaca y sólo 2 tuvieron eventos isquémicos. Los pacientes que presentan riesgo intermedio pueden ser considerados para estas pruebas no invasivas. Las pruebas bajo estrés farmacológico o ejercicio están ampliamente disponibles pero son costosas y no hay consenso acerca de su aplicación.

Las mediciones de la función del ventrículo izquierdo por medio de isótopos, tecnecio 99 o ecocardiografía, están disponibles con facilidad y regularmente son bastante exactas y reproducibles. No conocemos cuáles son sus capacidades predictoras de complicaciones cardíacas postoperatorias. Estas pruebas serán solicitadas a pacientes que tengan antecedentes de insuficiencia cardíaca o cardiopatía valvular, con el fin de seleccionar o preparar un tratamiento adecuado.

Evaluación de la función respiratoria
Dada la íntima relación entre pulmón y corazón, por la cual las complicaciones pulmonares pueden repercutir a nivel cardíaco, se recomienda la valoración funcional respiratoria si se presentasen algunas de las siguientes circunstancias:

— Cirugía torácica
— Cirugía abdominal alta
— Enfermedad pulmonar previa
— Fumador
— Obesidad
— Edad mayor de 70 años

Pruebas diagnósticas invasivas

En cuanto a la utilización de la cinecoronariografía para la estratificación del riesgo, en la literatura no hay informes al respecto, pero existen indicaciones para su realización en la evaluación preoperatoria (Tabla 7).

Recomendaciones para el manejo intraoperatorio

Catéter en arteria pulmonar 24
El monitoreo hemodinámico estaría indicado en pacientes con riesgos de trastornos hemodinámicos mayores que puedan ser detectados mejor con catéter en arteria pulmonar, o que sean sometidos a cirugía con probabilidad de producción de cambios hemodinámicos, por ejemplo, aneurisma de aorta suprarrenal con angina de pecho o reemplazo total de cadera en pacientes con insuficiencia renal aórtica.

Betabloqueantes 24
El suministro de betabloqueantes puede evitar efectos catecolaminérgicos durante la fase II de la anestesia y otras situaciones de estrés intraopratorias. Los datos existentes sobre la utilidad de los betabloqueantes en el período perioperatorio para la prevención de episodios cardíacos son insuficientes. Algunos estudios sugieren que los betabloqueantes pueden reducir la isquemia perioperatoria y con ello las tasas de infarto de miocardio y de mortalidad.

Estarían indicados para el control de síntomas de angina o en pacientes con arritmias sintomáticas o hipertensión, y en aquellos cuya evaluación preoperatoria identifica una hipertensión no tratada, una cardiopatía coronaria conocida u otros factores de coronariopatía.

Nitroglicerina endovenosa 24
Antes de plantear el uso posible de la nitroglicerina parenteral intraoperatoria es necesario evaluar las interacciones con los agentes anestésicos y el estado del paciente con respecto al volumen de líquido, para evitar la hipotensión que podría agravar la isquemia. Estaría indicada en aquellos pacientes de alto riesgo tratados anteriormente con nitroglicerina que presentan signos de isquemia miocárdica activa sin hipotensión, y como profiláctico en pacientes de alto riesgo con el objeto de prevenir la isquemia miocárdica y la morbilidad cardíaca, especialmente en los enfermos que han necesitado tratamiento con nitratos para el control de la angina.

Profilaxis de la endocarditis infecciosa
Las recomendaciones para la profilaxis de la endocarditis infecciosa se resumen en la Tabla 8.

Profilaxis del tromboembolismo pulmonar
Una de las complicaciones que pueden ocurrir en el postoperatorio es el tromboembolismo pulmonar, por lo cual se recomienda profilaxis de acuerdo con las normas del American College of Cardiology/American Heart Association descriptas en la Tabla 9.

Es difícil resumir un método para la valoración preoperatoria de fenómenos de isquemia. Lo justifican muchos algoritmos existentes 2,4,5,33,34 . La valoración clínica minuciosa, teniendo en cuenta los riesgos y beneficios del procedimiento y la competencia de la instalación para la realizacón de intervenciones quirúrgicas, deben permitir al consultor identificar a los pacientes en los cuales es posible proceder con seguridad.

SUMMARY
CARDIOVASCULAR PREOPERATIVE ASSESSMENT IN PATIENTS UNDERGOING NON-CARDIAC SURGERY
In general, non-cardiac surgeries have been associated with low mortality (0.15-0.30%) and complications occur at very low rates.
It is a job of the consultant doctor to identify patients with low risk, that can undergo a surgical operation with low probability of suffering any complication, and to separate them from those who have intermediate and high risk by means of clinical criteria, and under special circumstances, by means of specialized cardiac test.
Clinical problems must become stabilized, and it is necessary that the surgical staff have guides for the application of heart medicines, heart perioperative watchfulness, and postoperatory attention of any cardiovascular complication, which cause many deaths and morbid phenomena, as well as all other combined causes (organ insufficiency, apoplexy, infection).
In virtue of the aforesaid, it is necessary that consultant doctors keep close contact with antesthetists and surgeons before undertaking any kind or non-cardiac surgery.

Bibliografía

  1.  Mangano DT: Perioperative cardiac morbidity. Anesthesiology 1990; 72: 153-184.
  2.  Detsky AS, Abrams HB, McLoughlim JR y col: Predicting cardiac complications in patients undergoing non cardiac surgery. J Gen Intern Med 1986; 1: 212-219.
  3.  Browner WS, Mangano DT: In hospital long term mortality in male veterans allowing non cardiac surgery. JAMA 1992; 268: 228-232.
  4.  Goldman L, Caldera DL, Nussbaum SR y col: Multifactorial index cardiac risk in non cardiac surgical procedures. N Engl J Med 1977; 297: 845-850.
  5.  Larsen SF, Oleson KH, Jacobsen E y col: Prediction of cardiac risk in non cardiac surgery. Eur Heart J 1987; 8: 179.
  6.  Blaustein AS: Clínicas Cardiológicas de Norteamérica. Vol. 2, 1995.
  7.  Yeager M, Glass D, Neff R y col: Epidural anesthesia and analgesia in high risk surgical patients. Anesthesiology 1987; 66: 729.
  8.   Goldman L, Cladera DL, Southwick F y col: Cardiac risk factors and complications in non cardiac surgery. Medicine 1978; 57: 357.
  9    Foster E, Davis K, Carpenter J y col: Risk on non cardiac operation in patients with defined coronary disease. (CASS) Registry experience. Ann Thorac Surg 1986; 41: 42-50.
10.   Tihal CS y col: The role of myocardial revascularization preceeding non cardiac surgery. Prog Cardiovasc Dis 1998; 40: 383-404.
11.   Charlson ME, MacKenzie R, Gold JP y col: The preoperative hemodynamic predictors of postoperative myocardial infarction of ischemia in patients undergoing noncardiac surgery. Ann Surg 1989; 210: 637-647.
12.   Goldman L, Caldera D: Risk of general anesthesia and elective surgery in the hypertensive patients. Anesthesiology 1979; 50: 283.
13.   Prys-Roberts C: Hypertension and anesthesia. Fifty Years on Anesthesiology 1979; 50: 281.
14.   Alberti KG, Thomas DJ: The management of diabetes during surgery. Br J Anesthesiol; 51: 639-709.
15.   Goldman L: Multifactorial index of cardiac risk in non cardiac surgery. Ten Years Status Report. Dardio Thorac Anesthesiol 1987; 1: 237-242.
16.   O’Keefe J, Shub C, Rett KE: Risk of non cardiac surgical procedures in patients with aortic stenosis. Mayo Clin Proc 1989; 64: 400.
17.   American Colege of Cardiology/American Heart Association guidelines for the management of patients with valvular heart disease. J Am Coll Cardiol 1998; 32: 1486-1588.
18.   O’Keefy B, Browner W, Mossie B y col: Ventricular arrhythmias in patients undergoing non cardiac surgery: the Study or Perioperative Ischemia Research Group. JAMA 1992; 264: 217-221.
19.   Goldman AH: Supraventricular tachyarrhythmias in hospitalized adults after major non cardiac surgery. Chest 1978; 73: 450-454.
20.   Carliner NH, Fisher ML, Plotnick GD: The perioperative electrocardiogram as an indicator of risk in major non cardiac surgery. Can J Cardiol 1986; 2: 134-137.
21.   Hallenberg J, Morgan L, Browner WS y col: Predictors of past operative myocardial ischemia in patients undergoing non cardiac surgery. JAMA 1992; 268: 205-209.
22.   Morris CK, Veschima K, Kawaguchi T y col: Pronostic valve of exercise capacity: a review of the literature. Am Heart J 1991; 122: 1423-1431.
23.   Crique MH, Langer RD, Franek A y col: Mortality over a period of ten years in patients with peripheral arterial disease. N Engl J Med 1992; 326: 381-386.
24.   Eagle J, Coley C, Newell JB y col: Combining clinical and thallium data optimises preoperatives assessment of cardiac risk before major vascular surgery. Ann Intern Med 1989; 110: 850-866.
25.   ACC/AHA guidelines for perioperative cardiovascular evaluation for non cardiac surgery. Circulation 1996; 93: 1280-1317.
26.   Dejani AS, Bisno AI, Ghung y col: Prevention of bacterial endocarditis. JAMA 1990; 264: 2919-2924.

"Siempre trato a los necios y a los pícaros con la mayor reverencia: las auténticas buenas maneras no
constituyen suficiente barrera contra ellos."

LORD CHESTERFIELD

Tope

© CETIFAC Bioingeniería UNER 1994-2001. Reservados todos los derechos.