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Enfoque Globalizado del Impacto Médico Social
de la Enfermedad de Chagas grupos II y III

Dra. María Cristina Evequoz
Hospital Nacional de Clínicas, Córdoba, Argentina

Dr. Roberto Chuit
Fundación Mundo Sano. Buenos Aires, Argentina

Introducción

En 1911 Carlos Chagas ya se refiere a la cardiopatía chagásica, incluyendo menciones de arritmias y falla miocárdica. Llama la atención de las autoridades sobre aspectos epidemiológicos y sociales de la enfermedad, a la que se refiere como "Problema del Estado" (II Conferencia Académica Nacional de Medicina, Río de Janeiro, 1911): "... espero en la demostración práctica de los hechos, hacer irrecusable mi convicción de que este asunto, la tripanosomiasis, constituye un problema del Estado, cuya solución es impuesta por los deberes de la civilización, además del interés mismo del progreso económico de grandes zonas del país"(1).

El 10 de diciembre de 1980 se aprueba en nuestro país la ley 22.360 "por la que se declara de Interés Nacional la Lucha Contra la Enfermedad de Chagas, disponiéndose en consecuencia una serie de medidas tendientes al control y erradicación de este flagelo en todo el territorio de la República. El Programa Global de acción anti-Chagas, en cuanto al sector salud, debe desarrollarse en tres planos: lucha contra el vector, tratamiento y detección de enfermos y educación sanitaria, en particular de los sectores de la población más expuestos a riesgo". "El planeamiento y el desarrollo de un programa de estas características determinan la preeminente responsabilidad de la autoridad sanitaria nacional en la dirección y coordinación de actividades"(2).

Se estima que un veinticinco por ciento de los 484 millones de habitantes de América Latina están en riesgo de contraer la infección por el Trypanosoma cruzi. Estudios de prevalencia epidemiológica en la década de 1980-1990 mostraron que existen en el continente 16 millones de personas infectadas por el parásito y cerca del 25% de ellas desarrollan lesiones cardíacas crónicas y digestivas irreversibles (3).

Además, el resultado de estudios longitudinales(4 a 9) efectuados a través de distintas encuestas clínicas, con estudios electrocardiográficos, serológicos y entomo-epidemiológicos complementarios, coinciden en que no menos de 6.200.000 personas (25% de los parasitados) que viven en medios rurales de nuestro continente han desarrollado, además de la infección, síntomas de enfermedad chagásica crónica, en especial debido a daño cardíaco causado por la enfermedad en su prolongada evolución (10). Estas cifras, referidas a la infección de Trypanosoma cruzi y a la enfermedad propiamente dicha, son lo suficientemente elocuentes como para mostrar la gravedad del problema.

Informes recientes publicados(11) estiman que en Argentina existen 2.046.667 personas infectadas por T. cruzi, de los cuales 409.333 presentarían algún grado de miocardiopatía.

La cardiopatía chagásica excede el ámbito médico para transformarse en una responsabilidad social, que por el número de afectados produce repercusiones en el conjunto de la sociedad que no son percibidos.

Es nuestro objetivo mostrar un análisis de costos, creyendo que es necesario establecer que la enfermedad de Chagas, además de su costo de atención médica, tiene una fuerte carga social, que está dada por todo aquello que el individuo enfermo deja de producir y que debe ser cargado al costo total de la enfermedad, resultante de la sumatoria de los costos directos (atención médica) e indirectos (carga social y económica).

Material y métodos

En el Hospital Nacional de Clínicas (Universidad Nacional de Córdoba) de la ciudad de Córdoba funciona desde 1975 el Consultorio Externo de Chagas, dependiente del Área de Técnicas no Invasivas.

En 1990 se inició un proyecto específico de estudio de seguimiento y tratamiento del paciente con diagnóstico de MChCr. con dilatación ventricular y/o insuficiencia cardíaca congestiva clínica (grupos II y III). El protocolo de atención de estos pacientes se corresponde a las normas nacionales e internacionales existentes(12). En noviembre de 1993 se realiza el relevamiento de datos de todos aquellos ingresados durante 1990-1992 que hayan cumplido un año de seguimiento al momento del relevamiento de datos. El grupo quedó constituido por 128 pacientes con edad promedio de 51,3 años, 89 pertenecientes al grupo II y 39 al grupo III. La distribución por sexo fue de 68 varones y 60 mujeres. El período de seguimiento fue de 1 a 3 años (promedio 2,4 ± 0,8) para el grupo total. Los datos se obtuvieron en base a las Historias Clínicas y los estudios especializados realizados a cada uno de los pacientes.

a) Evaluación clínica. Se realizó teniendo en cuenta las alteraciones electrocardiográficas, clasificación de la cardiopatía grupo II (dilatación ventricular) y III (insuficiencia cardíaca clínica) de Kuschnir y col.(13), clase funcional según NYHA, medición de parámetros hemodinámicos.

b) Estimación de costos directos. El cálculo se hizo en base a consultas médicas ambulatorias cardiológicas y no cardiológicas, prácticas realizadas e internaciones hospitalarias. Se efectuó el análisis detallado del consumo de medicamentos del paciente ambulatorio.

Los costos se calcularon según valores de aplicación de la asistencia de la seguridad social vigentes en noviembre de 1993, según nomenclador globalizado SAMI (Sistema de Atención Médica Integrada), por diagnóstico, días de internación y prácticas especializadas.

Para el gasto farmacéutico fue considerado el precio de venta al público según nomenclador Kairos, número 181, tomo 2, INSSN 0327-641, octubre de 1993.

c) Estimación de efectos y costos indirectos. Son los derivados de la morbilidad y mortalidad atribuibles a la enfermedad. Se evaluó la importancia de la MChCr., grupos II y III como causa de Años Potenciales de Vida Perdidos (APVP), utilizando la esperanza de vida como límite de edad, según censo período 1985-1990(14). También se calculó la cifra de Años Potenciales de Vida Productiva Perdidos (APVPP), con un límite de edad de 62 y 65 años para mujeres y varones, respectivamente, según jubilación autónoma de la Reforma Previsional del año 1967, expresada a través de la promulgación de la ley 16.038 (15).

Para medir la carga de la morbilidad se utilizó el Año de Vida Ajustado en función de la Discapacidad (AVAD), medida que combina los años de vida saludables perdidos a causa de la mortalidad prematura y los perdidos como resultado de la discapacidad. La pérdida total de AVAD se conoce como Carga Global de Mortalidad. Posteriormente se transformaron los APVPP en unidades monetarias, aplicando las tasas de ocupación y la media de ingresos por grupo de edad y sexo para este tipo de población (16). Dado el tipo de población que padece la enfermedad, esto fue establecido teniendo en cuenta los salarios de acuerdo a Ley, obrero de la construcción y empleada doméstica.

Dado que se trata de un grupo de pacientes que presenta un grado de discapacidad importante desde el diagnóstico, se hicieron los cálculos a partir de la edad de ingreso al servicio.

No se estimaron los costos de transferencia debido al ausentismo laboral y los gastos por incapacidad transitoria por falta de datos, ya que se trata de una población que generalmente carece de trabajo estable y, por lo tanto, no realiza los aportes a la Caja de Previsión Social.

Resultados

Resultados clínicos: En el cuadro Nro 1 se muestran las características del grupo. El mismo quedó constituido por 128 pacientes con una edad promedio de 51,3 años (34-67). Ochenta y nueve Grupo II y 39 Grupo III, 68 varones y 60 mujeres, con número similar en ambos grupos. El seguimiento fue de 1 a 3 años (promedio 2,4± 8 años). En el cuadro Nro 2 se muestra la distribución etárea de los pacientes; el 76,6% de los mismos se encuentra en el rango de edad entre 40 y 59 años.

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Cuadro Nro. 1

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Cuadro Nro. 2

Al analizar las alteraciones electrocardiográficas, encontramos que el 64,8% de los pacientes presentan bloqueo de rama derecha y el 11,7% bloqueo aurículo ventricular completo, los cuales sumados muestran que el 76,6% tienen un severo deterioro de las vías de conducción.

En cuanto a la prevalencia de arritmias, es de recalcar que las mismas pueden estar subestimadas, ya que los estudios fueron realizados según la necesidad clínica de los pacientes y se tabularon los diagnósticos resultantes.

De las arritmias supraventriculares, la bradicardia y la enfermedad del nódulo sinusal son las entidades con mayor frecuencia en ambos grupos, sin diferencia entre los mismos (BS. < 50; lpm 33,6%; ENS. 32,0%).

La fibrilación auricular crónica tuvo mayor frecuencia en el grupo III (25,6%) con respecto al grupo II (3,4%). La fibrilación auricular paroxística no mostró diferencias entre ambos grupos (3,1%).

Las taquiarritmias supraventriculares fueron más frecuentes en el grupo III (23,1%) que en el grupo II (9,0%).

Las arritmias ventriculares severas (TV) se presentaron con mayor frecuencia en el grupo III (69,2%) que en el grupo II (34,8%) (P < 0,05).

De los parámetros hemodinámicos utilizados para evaluar el grado de disfunción cardíaca, está universalmente aceptado que, como indicador único, el que mejor refleja la función ventricular es la Fracción de Eyección del Ventrículo Izquierdo. La misma fue de 0,42 para el grupo II y de 0,36 para el grupo III.

Pacientes portadores de marcapasos cardíacos: El 35,9% (46 pacientes) del grupo total eran portadores de marcapasos; 14 fueron implantados durante el período de seguimiento. La edad de implante fue de 45,3 ± 9,7 años, no existiendo diferencia entre los grupos. El motivo de indicación fue en el 67,4% la ENS (edad 48,5 ± 7,9) y el BAVC o Avanzado en el 32,6% (edad 38,6 ± 9,6). La arritmia ventricular repetitiva fue de 94,7% (TV 68,4%) en el grupo III y 77,8% (TV 55,5%) en el grupo II.

La fracción de eyección fue de 0,42 ± 0,05 para el grupo II y 0,36 ± 0,05 para el grupo III.

Análisis de la mortalidad

En este grupo de pacientes con cardiopatía avanzada se registraron 13 defunciones (10,1%). Merece destacarse el predominio de los varones (12/13) y el mayor grado de cardiopatía, ya que el 61,3% correspondió a pacientes del grupo III. Sin embargo, la muerte aconteció en el 61,5% de los casos en pacientes con buena capacidad funcional NYHA clases I y II.

Todos los pacientes tuvieron severos trastornos de la conducción intraventricular, y el 64,5% de ellos mostraron severo deterioro de la función ventricular (FEVI < 0,35).

Todos los pacientes tuvieron arritmias ventriculares repetitivas, habiéndose diagnosticado en 12 de 13 de ellos la presencia de múltiples episodios de taquicardia ventricular. Nueve de estos pacientes eran portadores de marcapasos cardíaco definitivo.

El 38,4% del grupo tenía antecedentes de síncope, y otro 38,4% episodios de tromboembolismo previo.

Los pacientes que fallecieron tuvieron una edad promedio de 47,8 ± 8,3 años (entre 34 y 67).

Entre los 52 pacientes del grupo en estudio menores de 50 años fallecieron 9 (17,3%), mientras que de los 76 pacientes mayores de 50 años sólo fallecieron 4 (5,3%) (P < 0,05).

En el análisis de estos aspectos clínicos no se consideró la forma de muerte, la que según datos indirectos, fue habitualmente súbita, pero no se registraron informes confiables para su posterior análisis.

En la cuadro Nro 3 se muestran los distintos factores de riesgo, sensibilidad y especificidad y valor predictivo de los mismos. Mostrando mayor sensibilidad en el riesgo la TV, mientras que la FEVI < 0,35, el síncope, la embolia y la edad menor de 50 años muestran más alta especificidad.

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Cuadro Nro. 3

Análisis de la expectativa de vida

En el cuadro Nro 4, la expectativa de vida calculada según método de Kaplan-Meier, se establece que luego de 36 meses de seguimiento, la expectativa de vida de este grupo de pacientes es de 82,6%, o lo que es lo mismo decir que hay una probabilidad de morir del 17,4%.

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Cuadro Nro. 4

Costos de Atención Médica

En el cuadro Nro 5 se observa que la demanda de los servicios médicos, tanto en el grupo II como en el grupo III fue estable, debiéndose recalcar que estudios como el Holter y Ecocardiograma tuvieron una mayor utilización en el año 1990, dado que en los años 1991-92 el hospital no contó con dichos servicios por desperfectos en los equipos. Los mismos fueron subrealizados.

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Cuadro Nro. 5

El promedio de consultas anuales por grupo tendió a disminuir a lo largo del seguimiento, tanto en el grupo II (8,0 ; 5,5 y 5,0) como en el grupo III (10,4 ; 8,6 y 7,2) en los años 1990, 1991 y 1992, respectivamente.

Los pacientes tuvieron mayor número de consultas al inicio del tratamiento hasta la estabilización del cuadro clínico (período de diagnóstico y terapéutica inicial). Las consultas realizadas suman un total de 2.018, con un costo de $ 14.126, y las prácticas cardiológicas especiales, laboratorio y radiología ascienden a la suma de $ 128.499.

Las consultas no cardiológicas fueron 143 (37 pacientes), con un costo de $ 1.001 Las prácticas especiales para esta demanda de atención ascendieron a un costo de $ 1.554. De esta manera, en este grupo de pacientes la atención de la patología no cardiovascular asociada ocupó el 6,6% de consultas y el 1,2% de los costos de los estudios complementarios realizados.

En el cuadro Nro 6 se muestran los costos de internación, módulos de implante de marcapasos, módulos quirúrgicos, internaciones en terapia intensiva y en sala general. Los costos del total de las prestaciones ascienden a $ 66.520.

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Cuadro Nro. 6

Merece especial mención el módulo de marcapasos cardíacos, ya que al mismo se le debe sumar el costo de las prótesis: 13 marcapasos nuevos por un valor de $ 35.100, 2 marcapasos del Banco de Usados y uno reutilizado del propio paciente, ya que se le realizó un reimplante. Se debe sumar el costo de dos catéteres bipolares endocavitarios, que fue de $ 400. De este modo, el total del costo de la necesidad de implantes de marcapasos cardíacos ascendió a $ 47.230.

Es importante recalcar que del costo de internaciones en terapia intensiva, $ 23.422 (74,2% del gasto total de la terapia) fueron utilizados por tres pacientes, dos de ellos con gran alteración de la excito-conducción; el otro paciente presentó episodios tromboembólicos repetitivos.

Las internaciones más los costos adicionales de marcapasos cardíacos y electrodos suman $ 102.020.

Del costo total de las internaciones, excluido el valor de las prótesis, 17,2% fue insumido por la atención de patologías no cardiovasculares asociadas. La colecistectomía (por litiasis biliar) fue la patología asociada más frecuente, requiriendo el 8% del costo total de internaciones y el 72% del costo de las internaciones por causa no cardiovascular.

En el cuadro Nro 7 se muestra la necesidad de los distintos tratamiento farmacológicos, los cuales fueron indicados según las normas y conductas adoptadas por el servicio en este período, predominando la utilización de diuréticos y vasodilatadores en la mayoría de los pacientes.

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Cuadro Nro. 7

El uso de Digital (para tratamiento de las taquiarritmias) y el tratamiento anticoagulante predominó en los pacientes del grupo III.

Los mayores costos están dados por la medicación antiarrítmica, la que fue utilizada en el 53,9% de los pacientes del grupo II y en el 82% de los del grupo III. Sumando los costos de amiodarona, flecainide, mexiletine y propafenona, esto asciende a $ 2.416 para el grupo total. El promedio mensual de costos de agentes antiarrítmicos fue de $ 14,32 para el grupo II y $ 29,25 para el grupo III.

Las consultas cardiológicas realizadas en este grupo representaron el 12,7% del total de las mismas en el Hospital Nacional de Clínicas, y el 0,5% del total de las consultas externas hospitalarias.

Las internaciones tuvieron muy poca repercusión en la utilización del servicio, ocupando tan sólo un 0,5% del mismo.

La atención médica de estos pacientes demandó un costo de $ 247.200. Los costos de productos farmacéuticos ascendieron a $ 103.421 para el grupo total en el tiempo de seguimiento. Sumando los costos de atención médica y productos farmacéuticos, el gasto ascendió a $ 350.621 para el total del grupo en el período de seguimiento.

En el cuadro Nro 8 se muestran los costos directos calculados año/paciente. Total año/paciente $1.081.

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Cuadro Nro. 8

Efectos y costos indirectos

En el cuadro Nro 9 se muestran los costos indirectos. El cálculo de Años de Vida Perdidos (AVP) por defunción para este grupo de pacientes (13 casos) suma un total de 257 años, con un promedio de 19,77 por paciente fallecido.

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Cuadro Nro. 9

Se estimaron en 1.358 los Años Potenciales de Vida Productiva Perdidos (APVPP) atribuibles a MChCr., grupos II y III, correspondiendo 730 y 629 para varones y mujeres respectivamente.

Los costos indirectos por mortalidad prematura ascienden a $ 986.880. Los costos por morbilidad ascendieron a $ 2.791.680 para los varones y $ 2.423.040 para las mujeres.

Actualmente, para medir la carga de morbilidad de una enfermedad se utiliza el Año de Vida Ajustado en función de la Discapacidad (AVAD), medida que combina los años de vida saludables perdidos a causa de la mortalidad prematura y los perdidos como resultado de la discapacidad. La pérdida total de AVAD se conoce como carga global de morbilidad, la cual fue estimada en 1.605 años para este grupo de 128 pacientes (12,5 años/paciente).

Al transformar los AVAD en unidades monetarias, estimamos una pérdida de capacidad productiva para este grupo de $ 6.201.600 ($48.450 /paciente).

Comentarios

Es de destacar que los pacientes con MChCr son más jóvenes que en las otras patologías; la edad promedio de este grupo es de 51,3 ± 8,3 años, de los cuales el 41% son menores de 50 años.

En el estudio de Framinghan, la edad media en el diagnóstico de ICa fue de 70 ± 10,8 años, habiéndose observado en los 40 años que lleva el estudio que la edad media de comienzo de la ICa en la década del 50 fue de 57 ± 7 años, edad que fue incrementándose progresivamente, para en la década del 80 presentarse la ICa con una edad promedio de 76 ± 10 años (17).

Los 25 años de diferencia en el comienzo de la ICa en otras poblaciones con respecto a estos chagásicos tiene trascendentes repercusiones sobre el costo social, laboral y de atención médica.

Es importante recalcar que este grupo es una población joven, en plena edad productiva. En general, la ICa en la MChCr aparece después de la cuarta década de vida (Incor y Bambui) Cuadro Nro 10.

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Cuadro Nro. 10

En este grupo, el 76,6% de los pacientes se encuentra en el rango de los 40-59 años, y el mismo porcentaje presenta un severo deterioro de las vías de conducción, lo cual es acorde al criterio diagnóstico de la MChCr, ya que la presencia de alteraciones electrocardiográficas identifica a los pacientes que han salido de la fase indeterminada o grupo 0.

Estos datos concuerdan con los ya conocidos de la muy alta prevalencia de trastornos de la éxito-conducción que caracterizan a la MChCr, siendo digno de resaltar que la presentación de arritmias de baja frecuencia condicionan la muy alta necesidad de estimulación eléctrica definitiva.

La presencia de taquicardia ventricular se relaciona con la frecuencia de muerte súbita aún en pacientes con moderado deterioro funcional.

Con respecto a la función ventricular, si bien todos los pacientes tenían un evidente deterioro funcional, debe destacarse que el grupo de chagásicos, comparado con otros grupos de insuficientes cardíacos de ensayos multicéntricos internacionales (18, 19), que utilizaron como criterio de inclusión la FEVI menor de 0,35, resultan portadores de disfunción ventricular leve a moderada, ya que los promedios de FEVI estuvieron por encima de estos valores. A pesar de que una proporción importante de pacientes tuvieron una disfunción leve a moderada, la mortalidad global fue elevada: 10,1% en 2,4 años de seguimiento. La mortalidad del grupo con FEVI > 0,35 fue del 5%, y de 38,9% en el grupo con FEVI < 0,35. Si comparamos estos índices con la mortalidad de la población general según las Tablas de Estadísticas de Salud del año 1985, de 1,8% para este grupo etáreo, resulta que los chagásicos con leve a moderado deterioro de la función ventricular tienen 3 veces mayor mortalidad, y con severo deterioro es 9 veces mayor.

La precisión en la medida de los efectos económicos estimados en el análisis del costo de la MChCr depende directamente del grado de conocimiento epidemiológico que se tenga de la enfermedad en la población de referencia, así como de la información disponible para poder contabilizar los costos generados por ella en cada uno de los subsectores del sistema sanitario. A este respecto, las lagunas de información, fundamentalmente epidemiológicas, obligan a estimar algunos de los parámetros necesarios a partir de datos parciales. Estas estimaciones son, sin lugar a dudas, fuente de limitaciones que hay que tener en cuenta a la hora de valorar la precisión de los resultados (16).

Casi todas las evaluaciones de la importancia relativa de las enfermedades se basan en el número de muertes que causan. Esta convención tiene algunos méritos; la muerte es un acontecimiento sin ambigüedades, pero a pesar de eso en la Enfermedad de Chagas existen subregistros muy importantes, y se desconoce en nuestro país y en toda Sudamérica el número real de muertes que esta endemia ocasiona.

La Enfermedad de Chagas provoca grandes pérdidas en términos de vida saludable. Las arritmias cardíacas, tanto el bloqueo aurículo-ventricular completo o avanzado, la Enfermedad del Nódulo Sinusal, la Taquicardia Ventricular como la Insuficiencia Cardíaca, provocan importantes pérdidas en vida útil y plantean fuertes demandas en los sistemas de salud.

Este grupo generó además altos costos en productos farmacéuticos y en terapéuticas especiales, como la colocación de marcapasos cardíacos definitivos. Esto está justificado por la alta frecuencia de arritmias supraventriculares severas y arritmias ventriculares malignas. Los pacientes que presentaron estas arritmias produjeron mayor número de consultas médicas no programadas, así como los días de internación en sala general y de cuidados intensivos.

El grupo III, que es el que presenta mayor deterioro miocárdico, tuvo una mayor demanda de los servicios de cuidados intensivos.

En este trabajo, los costos directos fueron los calculados en la demanda de servicios y atención médica realizada en el Hospital Nacional de Clínicas, que fueron los datos disponibles.

El impacto de la MChCr en la incapacidad laboral, como los costos de morbilidad, no están evaluados en nuestro país. Existen dificultades importantes para que éstos puedan ser estimados.

Los costos directos reflejan la magnitud de la transferencia de recursos procedentes de otros sectores de la economía que deberían ser trasladados al sector salud para poder proporcionar la asistencia sanitaria necesaria para cubrir la demanda que la Enfermedad de Chagas genera, sobre todo en la etapa final de la cardiopatía grupos II y III, con una importante demanda de servicios cardiológicos especializados y alto costo terapéutico específico, principalmente los que presentan insuficiencia cardíaca clínica.

Los costos indirectos representan la pérdida de capacidad productiva que esta enfermedad endémica causa a la sociedad y al país.

Además de la mortalidad prematura, la carga que impone la Enfermedad de Chagas, y específicamente la MChCr, consiste en gran parte en la discapacidad que causa, desde la no aceptación en ingresos laborales a personas serológicamente reactivas, arritmias cardíacas con riesgo de muerte súbita, la dilatación cardíaca y la insuficiencia cardíaca crónica.

Un informe del Banco Mundial indica que la enfermedad de Chagas es la cuarta causa de pérdida económica debida a la morbilidad en América Latina, cuando se mide en años de vida perdidos por discapacidad (AVADS). La preceden las enfermedades respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas y el SIDA. Actualmente, se pierden 3,1 millones de hombre/año de actividad económica (19) (Gráfico 1).


Gráfico 1

Desde este punto de vista, tanto los costos directos como los indirectos nos proporcionarían una estimación de los recursos que se liberarían para otros usos en el caso hipotético de la desaparición de la enfermedad, ya que los costos generados por la Enfermedad de Chagas podrían interpretarse como los beneficios, en forma de ahorros de costo sanitario, que generaría un programa de prevención y control. Si bien las actividades de la prevención de nuevos chagásicos con los datos aquí presentados se muestra más barata, y suponiendo que no existiera más transmisión vectorial, materno-fetal y transfusional, quedarían más de 2.000.000 de infectados que en los próximos 30-40 años estarían aportando cardiópatas con compromiso miocárdico avanzado. Esto obliga a efectuar estudios que permitan establecer una mejor calidad de vida al infectado; en este sentido, los cardiólogos tienen la responsabilidad de encarar programas de control donde sea necesario, así como la reubicación social y laboral de este tipo de pacientes.

De mantenerse las condiciones actuales, es imposible reducir los costos de atención médica si no se encuentran herramientas diagnósticas y terapéuticas para cambiar la historia natural de la Enfermedad de Chagas, por lo que la misma debe discutirse bajo un esquema epidemiológico-social que pone al hombre infectado en el centro del problema con niveles de interacción inmediatos (vector y cuadro clínico), mediatos (hospital, vivienda y trabajo) y contextuales (mecanismos de poder y sistemas ideológico-políticos) (20).
 
Resumen

Este estudio es un análisis documental retrospectivo y se realizó en el período 1990-92.

El grupo quedó constituido por 128 pacientes con edad promedio 51,3 años; 89 pertenecientes al grupo II (dilatación ventricular) y 39 al grupo III (insuficiencia cardíaca clínica). La distribución por sexo fue de 68 varones y 60 mujeres. El período de seguimiento fue de 1 a 3 años (promedio 2,4± 0.8) para el grupo total.

El 76.6% de los pacientes presentó severo deterioro de la conducción ventricular. Las arritmias ventriculares severas se presentaron con mayor frecuencia en el grupo III (69.2%) y en el grupo II (34.8%) la FEVI fue de 0.42 para el grupo II y 0.36 para el grupo III. El 35.9% de los pacientes eran portadores de marcapasos cardíacos definitivos. En los 36 meses de seguimiento se registraron 13 defunciones, la expectativa de vida de este grupo fue de 82.6%. Los costos directos de atención médica fueron de $1.084 año/paciente. Los costos indirectos medidos en AVADS fueron de $6.201.600 ($48.450/paciente).

Estos resultados que son el producto del seguimiento y estudio de un grupo de pacientes tratados bajo normas, hablan del gran impacto que tiene la Enfermedad de Chagas sobre las personas y la sociedad toda, obligándonos a efectuar mayores esfuerzos en las tareas de prevención, diagnóstico precoz y tratamiento oportuno.
 


BIBLIOGRAFÍA

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