El
sujeto encarnado:
Limites devenir e incompletud.

por
Denise Najmanovich.
1.-
¿De que hablamos cuando hablamos del cuerpo?
El
discurso de la Modernidad, y el de la ciencia
clásica en particular, prescinde de la necesidad de dejar en claro quien
es el que habla, desde qué lugar lo hace, con qué propósito y desde qué
perspectiva. La mayor parte de las publicaciones científicas recurren a un
estilo aséptico e impersonal donde abundan los "se sabe" o las
afirmaciones genéricas del tipo "La neurología actual nos dice
(...)" o "la ciencia actual confirma (...)". A pesar de parecer
aparentemente claros, si reflexionamos un poco observamos que los sujetos de
estas enunciaciones son entes abstractos "la neurología" o "la
ciencia" no hablan, solo éste neurólogo, o aquél científico pueden
hacerlo. En suma, en el discurso de la Modernidad el lugar de la enunciación es
ocupado por un sujeto abstracto y universal y de esta manera se escamotea la
responsabilidad de quien habla por su propio decir.
Esta forma
del discurso moderno, característico de la ciencia pero también de la
conversación cotidiana, se ha
instituido sobre un conjunto de supuestos subyacentes y se ha desarrollado a lo
largo de varios siglos desde el Renacimiento, pasando por la Revolución
Francesa hasta la actualidad. No se trata meramente de un "forma de
hablar" sino de una forma de pensar, de
conocer , de sentir y de percibir el
mundo.
En
las últimas décadas los modelos cognitivos, los valores y las prácticas de la
Modernidad han entrado en una crisis que muchos consideran terminal. El
pensamiento contemporáneo se ha abocado a
desenredar la compleja madeja
de conceptos, metáforas, inferencias que han estructurado la concepción
Moderna del mundo. Desde diversas perspectivas que incluyen la lingüística, la
filosofía del lenguaje, la teoría de la categorización, la inteligencia
artificial, la psicología cognitiva, la teoría literaria , la crítica de
arte, la filosofía de la ciencia
se ha cuestionado el discurso moderno respecto del sujeto, el conocimiento y la
producción de sentido.
Este
trabajo se inscribe en una perspectiva conceptual que rompe con los discursos de
la modernidad[1];
exige como punto de partida la especificación del lugar desde el cual se habla.
Este gesto no es un mero señalamiento, ni una regla protocolar. Por el
contrario, se trata de una afirmación a la vez ética -porque indica la decisión
del hablante de hacerse responsable de su discurso-, estética -ya que reconoce
la importancia del contenido de la
forma y de los vínculos específicos que esta crea-, y política -porque
pretende un lugar en el entramado relacional contemporáneo.
Desde
el punto de vista epistemológico este señalamiento del lugar de la enunciación
se relaciona con la necesidad de cuestionar la distinción clásica
sujeto-objeto y su correlativa separación cuerpo-mente. Esto es así porque las
concepciones contemporáneas sobre estas dicotomías clásicas han llegado a un
punto de no retorno al cuestionar la supuesta independencia de cada unos de los
términos constitutivos de estas polaridades que en la modernidad han sido
pensadas como separadas, disociadas, desconectadas. Al cuestionar la polaridad
excluyente sujeto-objeto o su equivalente cuerpo mente avanzamos hacia un nuevo
espacio cognitivo. Ya no
se trata de indicar nuevos lugares en el viejo mapa de la modernidad, sino que
los desarrollos contemporáneos exigen la construcción de un nuevo espacio
cognitivo donde cuerpo~mente, sujeto~objeto, materia~energía son pares co-rrelacionados y no oposiciones de
términos independientes. Sólo en un nuevo espacio cognitivo podrán
cobrar sentido las producciones teóricas e instrumentales de este fin de
siglo: la simulación y la realidad virtual, las redes sociales y las tramas
urbanas, el cuerpo emocional y la mente corporalizada.
Es
hora ya de responder al interrogante que abre este trabajo: ¿de qué hablamos
cuando hablamos del cuerpo? Desde una mirada que rompe con las dicotomías clásicas
y que acepte dar cuenta del lugar de la enunciación, lo primero que tenemos que
darnos cuenta es de qué estamos hablando. Es decir, estamos traduciendo al
lenguaje verbal nuestra experiencia corporal. Esa experiencia corporal es
inconmensurable con el lenguaje: pertenece a otro orden. Sin embargo, y aunque
resulte paradójico, aún cuando
pertenece a otro orden el lenguaje es parte[2]
de esa experiencia corporal. La inconmensurabilidad no implica incomunicación,
lo que indica es la imposibilidad de una traducción completa entre el orden
corporal y el del lenguaje. Entre ambos hay una articulación, una posibilidad
de traducción parcial, que nos permite hablar de la experiencia corporal
(sabiendo siempre que hablar del dolor o del placer, o intentar describirlos más
precisamente es una tarea interminable[3]).
Pero ese "cuerpo"[4]
del que hablamos en el lenguaje no puede identificarse sin más con el cuerpo
que experimentamos. Entre uno y otro ha mediado una transformación ya que el
lenguaje no es un medio inerte. Barnett Pearce ha señalado este aspecto
formativo del lenguaje y destacado nombrar
algo es "en un sentido muy
real, convocarlo a ser como uno lo ha nombrado".
Este
"cuerpo" del que hablamos ha emergido en nuestra experiencia social e
histórica, en un contexto específico y está atravesado por múltiples
imaginarios. Cuando yo hablo del "cuerpo" hablo como bioquímica, como
epistemóloga, como mujer, como madre, como argentina de fines del siglo XX,
como cibernauta, como amante, y en muchos otros registros más. Mi discurso
tiene -en este caso- la forma del lenguaje escrito estructurado por la cadencia
y la consistencia del castellano de Buenos Aires y un estilo académico (con
ciertas liberalidades). Otras personas -y
yo misma en otras circunstancias- producen sentido en relación al cuerpo con y
desde otros lenguajes como la pintura, la escultura, el video, el cine, la
fotografía, la simulación computada, la danza, el ritual, y muchos otros.
Otros lenguaje crearán otros "cuerpos", al igual que distintas
perspectivas dentro de un lenguaje. Los
diversos lenguajes son inconmensurables entre si, y por lo tanto , no hay una
traducción exacta, completa
y mecánica de uno al otro, pero si un proceso de traducción parcial,
metafórico y creativo, como ya hemos señalado al hablar del lenguaje verbal y
la experiencia corporal.
Las
complejas relaciones entre los "cuerpos" expresados a través de los
lenguaje humanos y el cuerpo más alla
de toda representación ha sido uno de los temas claves de investigación de
muchos pensadores en las últimas décadas. Los filósofos positivistas fueron
pioneros en la distinción entre "cuerpo" y cuerpo. Sin embargo su
concepción del lenguaje y el conocimiento, estaba atrapada en la metáfora
cognitiva de la Modernidad. Esta
concepción los llevó a hacer del "cuerpo" una imagen especular
-obtenida gracias a la iluminación objetivista- de un supuesto cuerpo
material, objetivo e independiente. En el próximo apartado exploraremos la
forma en que fue formándose este "cuerpo de la modernidad", que los
positivistas han ayudado a gestar,
propagar y sostener. Consideraremos con especial atención algunas de sus metáforas
constitutivas, tendremos en cuenta los instrumentos y las prácticas que lo
hicieron emerger y los
procedimientos que lo sostienen. Luego exploraremos las alternativas contemporáneas
que permiten abrir nuevos sentidos que abandonan la vieja dicotomía
cuerpo-mente y abren las puertas al pensamiento complejo para producir un
abordadaje que permita pensar una mente
corporalizada y un cuerpo cognitivo emocional.
2.-
El "Cuerpo de la Modernidad":
La
modernidad no descendió del cielo
en paracaídas, ni emergió adulta del océano. No cubrió con su manto de
racionalidad "pura" a todo el planeta, ni atrapó de manera uniforme
el imaginario de Occidente. A lo
largo de varios siglos, en forma despareja e intermitente[5]
se fueron generando, creciendo y desarrollando un conjunto de formas de pensar,
de sentir, de expresarse, de relacionarse, de construir, de viajar, de explorar
, de amar, de valorar, de sufrir,
de hacer la guerra y la paz, que hacia los siglos XVI y XVII constituía una forma de vida y pensamiento humano
radicalmente diferente de aquella que en Occidente dio en llamarse Edad Media.
La
mentalidad moderna no es un sistema homogéneo. Por el contrario es el nombre
genérico de una red compleja de ideas, conceptos, modos de abordaje,
perspectivas intelectuales, estilos cognitivos, modalidades de intelección-acción,
y aptitudes valorativas, sensibles y perceptivas que han caracterizado una época
amplia. Por lo tanto debe ser incluida en una categoría facetada,
multidimensional, con bordes difusos, con infiltraciones de otros modos de
pensar y ser en el mundo.
La forma
específica de la mentalidad moderna no es idéntica en Galileo que en Descartes
o Newton o Leibniz. Aún así es posible abstraer un prototipo, un modelo
ejemplar de aquello que entendemos por mentalidad moderna. Sin embargo, no
debemos olvidar que se trata de un "prototipo abstracto" que no tiene
sentido por si mismo: no es un ídolo para adorar, ni un demonio que destruir.
Por lo tanto, cuando hablemos de la "concepción moderna del mundo", y
especialmente la "concepción moderna del cuerpo",
debemos tener en claro que estos
"prototipos" son
"objetos narrativos". Esto no los hace menos importantes, ni
les quita validez. Al contrario, al hacernos cargo de que somos nosotros los que
hablamos del cuerpo, que nuestra narración depende de nuestro peculiar punto de
vista y que no podemos acceder a la "perspectiva de Dios", ni
pretender privilegios especiales para nuestro modo de entender el mundo y por lo
tanto la corporalidad, abandonamos el campo de las certezas eternas y los
fundamentalismos objetivistas o Deistas, y abrimos la puerta a la pregunta por
la emergencia de la noción de "cuerpo". Al romper con las ilusiones
de una única mirada y una única narración, nos damos cuenta que la pregunta
-al igual que todas las preguntas- por el "cuerpo" está histórica y
socialmente condicionada. Es preciso explorar la noción de "cuerpo de la
Modernidad" porque nos atraviesa y nos constituye y también porque ha
entrado en crisis y esto nos produce tanto malestar como nos impulsa hacia
nuevas búsquedas de sentido.
El
material histórico que nos brinda Occidente a partir del Renacimiento hasta
este siglo es tan rico que nos obliga a elegir sólo algunas de las diversas
perspectivas y narraciones que dan cuenta del
vasto tema del "cuerpo" y las relaciones cuerpo-mente. En el
marco de este trabajo, los elementos que hemos de utilizar para llevar a cabo
nuestro proyecto son de distinta proveniencia:
1)
Del campo del arte nos detendremos en el desarrollo de la perspectiva en el
quattrocento.
2)
Del ámbito de la historia de la ciencia prestaremos particular atención al
desarrollo de la matematización, la teoría y práctica de la medición, y el
análisis de la modelización experimental.
3)
Del área filosófica focalizaremos nuestro interés en el "giro
cartesiano" y en el divorcio entre espíritu y naturaleza, sujeto y objeto,
cuerpo y mente.
He
decidido construir esta narración sobre estos tres ejes porque nos permitirán
abordar el tema del cuerpo desde una perspectiva multidimensional, superando así
los modelos de compartimentos estancos y elaborando una historia que pueda ser
navegada como un hipertexto.
2.1.-
La "racionalización " visual: La perspectiva lineal.
Un
elemento clave para componer una imagen de la Modernidad es darse cuenta que
desde su perspectiva conceptual las coordenadas
son fijas: sólo se reconoce la legitimidad de una única mirada. En la
pintura esta concepción se plasmó a través de la "perspectiva
lineal" . En la ciencia, la mentalidad moderna se expresó a través de la
estandarización y reificación de los sistemas de representación
matemáticos -la geometría analítica primero y luego el Cálculo
Infinitesimal- y el establecimiento del "experimento controlado" como
modalidad clave de interrogación a la naturaleza. La prácticas sociales
ligadas al pasaje del Medioevo a la Modernidad están relacionadas con la
construcción, difusión e imposición de los patrones e instrumentos de medida
( el metro patrón, el kilo patrón etc.), la contabilidad de doble entrada, el
establecimiento de nuevos modelos vinculares sistematizados -especialmente en
las ciudades con la agremiación- y un cambio radical en las relaciones de
poder entre los distintos actores sociales y los modos de fijación de
los nuevos estatus sociales.
Los
conceptos y procedimientos que hoy
nos resultan cotidianos, obvios, naturales, han sido el fruto de una dolorosa revolución intelectual y tecnológica,
ligada a los procesos histórico-sociales que se produjeron en el pasaje del
Medioevo a la Modernidad. Los hombres de Occidente atravesaron varios siglos de transformaciones
de sus valores, de sus modos de representación, de sus sistemas
vinculares, de sus estilos cognitivos, de sus perspectivas teóricas y estéticas.
Estos cambios estuvieron indisolublemente ligados con profundas modificaciones
en las instituciones religiosas, profesionales, legales,
políticas y sociales que condujeron a un nuevo orden social: la Modernidad.
Este proceso tuvo lugar tanto en el imaginario como en el tejido social y
pudo emerger a partir de un cambio de sensibilidad ligado a la aparición de
nuevos modos de representación y de nuevas formas de relación social.
El
desarrollo de la perspectiva lineal en la pintura fue anterior al giro
Copernicano que dió nacimiento a la Ciencia Moderna y a las Meditaciones Filosóficas
de Descartes que abrieron definitivamente las puertas para el establecimiento de
una mentalidad Moderna[6].
Los
hombres modernos creyeron que era posible "encerrar" el tiempo dentro
de los relojes, "capturar" el espacio dentro de un cuadro y el
movimiento en un conjunto de "leyes naturales" necesarias y eternas.
Los productos tecnológicos, las teorías científicas, las obras de arte y las
concepciones filosóficas están inextrincablemente ligadas entre si y con las
prácticas sociales, los modos de sensibilidad y las vivencias de los sujetos.
La
invención de la perspectiva lineal
en el Renacimiento generó lo que hoy podríamos denominar como la
ilusión del realismo. La perspectiva asegura una geometrización
de la representación espacial sobre la base de principios y reglas
claramente explicitados y sistemáticos que son coherentes con una nueva manera de percibir y concebir a la naturaleza, propia
del Quattrocento.
A
diferencia de la concepción
moderna la noción medieval del espacio era cualitativa, diferenciada. El
universo tenía un centro absoluto, un arriba
el Cielo -morada de los ángeles, de Dios, de los astros perfectos- y un
abajo, el Infierno. El nuevo espacio renancentista, en cambio, ya no es
cualitativo sino ilimitado e idéntico en todas sus direcciones, un espacio sin
cualidad pero representable por medio de la técnica de la perspectiva lineal, y
por sobre todo: un espacio anterior e
independiente de los objetos que después se situarán en él: un espacio
abstracto. Este espacio no es
un contexto ni un medio ambiente, sino un soporte
inerte, vacío.
El
cuadro renacentista pretende ser una "ventana" a través de la cual
nos parece estar viendo el espacio. La superficie del cuadro está formada por
la intersección entre el plano (el
de la ventana) y los haces de una pirámide visual, que une un punto o centro
visual con cada punto de la forma espacial a representar. En el cuadro
renacentista la superficie material pictórica, sobre la que aparecen las formas de
las diversas figuras o cosas dibujadas o pintadas, es negada como superficie material y transformada en un mero
"plano figurativo" (...) (Panofsky, E. 1973). Este gesto puede
considerarse como parte de un movimiento que conducirá a la producción de una
corporalidad abstracta, es decir a la paradoja de un cuerpo desencarnado, que irá
impregnando el imaginario moderno.
Ahora
bien, la perspectiva lineal sólo es posible cuando se pre-suponen dos hipótesis
fundamentales: a) que miramos con un único ojo inmóvil y b) que la intersección
plana de la pirámide visual puede considerarse como una reproducción adecuada
de nuestra imagen visual. Estos dos presupuestos implican un aventurada
"abstracción", ya que como nos dice Panofsky "la estructura de
un espacio infinito, constante y homogéneo es totalmente opuesta la del espacio
psico-fisiológico". Es decir, que el espacio de la perspectiva y luego el
espacio cartesiano son sólo una de las formas de concebir el espacio y que
ambas son reducciones de la compleja experiencia espacial que tenemos
los seres humanos. Esta abstracción y reducción de la experiencia es
posible gracias a la transformación del espacio como dimensión corporalmente
significativa -sensible y vivencial- en un espacio matemático estandarizado
gracias a procedimientos normatizados[7].
La
maravillosa técnica de la perspectiva lineal contribuyó decisivamente a
fomentar la ilusión realista. Su estricta estandarización llevó
a crear la confusión entre "mapa y territorio". La
geometrización del espacio posibilitó la creencia en un espacio independiente.
Estos giros conceptuales en cuanto al espacio fueron parte de las condiciones de
posibilidad para la emergencia de una concepción mecánica del cuerpo. A su
vez, jugaron un papel clave en la estructuración de una teoría del
conocimiento objetivista y realista que recién en las últimas décadas ha
comenzado a verse seriamente amenazada.
2.2
.- Mundo mecánico y cuerpos medibles.
El
gran problema de la Modernidad consiste en que sus cultores -pasados y
presentes- sostienen que el espacio matemático (que en ese momento era sólo el
espacio Euclidiano) es una re-presentación realista del espacio físico. Es
decir es la única representación verdadera y valedera del espacio. Sin
embargo, es importante aclarar que la nueva
concepción del espacio no surgió de golpe, no se impuso en un día y
obviamente no se corresponde con ninguna intuición natural humana. Es el fruto
de un largo proceso de geometrización
del espacio en el que el arte llevó
la delantera. Pierre Francastel considera la invención de la perspectiva y la
representación del espacio durante el Quattrocento como la manifestación
concreta de un cierto estado específico de la civilización, de una determinada
forma material e intelectual de la actividad humana. Una
civilización donde la "matematización" de la experiencia se irá
haciendo cada vez más relevante y extendida. Una civilización donde la
ciencia, la filosofía y el arte fueron concebidos como sistemas de
re-presentación de la naturaleza según una peculiar óptica especular. Es
decir que desde esta perspectiva el conocimiento es una imagen virtual de
aquello que está fuera del sujeto y es independiente de él (Paradojicamente el
sujeto de la modernidad no afecta ni es afectado por aquello que conoce, como un
espejo: cuanto menos "aporte" a la imagen mejor, tiene que limitarse a
ser superficie reflectante. Debe tender a desaparecer al igual que la superficie
del cuadro que tenía que desaparecer como tal para ser una "ventana al
mundo" ).
La
historiografía del arte, de las
ciencias y de las ciudades atestiguan los múltiples lazos que produjeron el
entramado social que dará origen al Renacimiento. En el siglo XIII una nueva
matemática venida del mundo árabe se extiende por Occidente
debido -en buena parte- a que los hombres
de esta época estaban sumamente comprometidos en el intercambio mercantil y en
la eficacia comercial. Para los
habitantes de las ciudades europeas de esa época
"contar rápido y bien era una necesidad cotidiana." (Paul
Benoit, 1989). La vida ciudadana es el
escenario en donde el cálculo se va convirtiendo en un
valor indispensable para la vida: en el arte con los desarrollos de
la perspectiva y la música polifónica, en la vida cotidiana merced al
comercio, y también para el nacimiento de las nuevas ciencias que como dijera
magistralmente Galileo sólo conciben un universo escrito por Dios en la
naturaleza con caracteres matemáticos.
Del
espacio sistemático moderno al ideal de la medición "exacta" del
mundo no hay más que un paso. Pero no es conveniente considerar este proceso
como una cuestión netamente práctica. Por el contrario, se trata de un
revolución conceptual y de una
transformación mayúscula de la sensibilidad. Para poder apreciar cabalmente
este fenómeno es imprescindible distinguir el sentido peculiar que se asignó a
la medición en la modernidad. A
diferencia de los griegos, para
quienes la medida se relacionaba fundamentalmente con un orden o armonía interna de las cosas, Galileo
concibió la medida como una
comparación de un objeto como un patrón externo, o unidad fija. Este último
procedimiento, que desde luego se conocía y utilizaba en ciertos ámbitos
restringidos en la antigüedad, era considerado como una forma de exteriorización
de una "medida interna" más profunda y más rica. En cambio, a partir
de Galileo sólo las propiedades medibles según un patrón externo obtendrán
el elevado rango de cualidades
primarias ( la extensión, el movimiento, la inercia) y constituirán el único
objeto de la ciencia. Esta cualidades primarias se tienen por propias de los
cuerpos, anteriores a su medición e independientes del sujeto. Reencontramos
aquí en la sistematización y estandarización de los procesos de medición,
los mismos resortes y las mismas consecuencias cognitivas que veíamos en relación
a la perspectiva lineal: una vez más los "cuerpos" mismos desaparecen
del horizonte cognitivo de la modernidad, para dejar sólo un caparazón de
propiedades mensurables. Los objetos pasan a ser
"masas puntuales", los choques se vuelven elásticos, el
espacio y el tiempo devienen absolutos. Objetos inodoros, incoloros, insípidos:
en fin "objetos abstractos". El "cuerpo de la modernidad" es
un cuerpo físico mensurable y estereotipado dentro de un eje de coordenadas. A
imagen y semejanza del espacio se vuelve abstracto y mensurable. De ser una
criatura de Dios en tránsito hacia la vida eterna, pasa a ser una sustancia
material en el espacio infinito
regido por leyes de la naturaleza inmutables y eternas.
La
perspectiva lineal, la matematización producto de una experiencia controlada y
limitada a la medición de variables que solo cambian de forma regular, nos
conduce a la concepción de un mundo
"desencantado" lavado de
cualidad, gobernado únicamente por leyes matemáticas restringidas al universo
de variaciones lineales, dentro de un pensamiento causa-efecto regido por el
principio de simplicidad. El mundo llamado "objetivo", es un mundo muy
alejado de la experiencia humana, es un mundo inventado por un sujeto que se
piensa a si mismo como "observador neutro". Un universo surgido de los
"modelos ideales" y luego "confirmado" por esa forma
peculiar de relación con la naturaleza llamada
método experimental.
El
cuerpo que surge de este modo de experienciar y concebir el mundo es un cuerpo
eviscerado, una cáscara mensurable, un arquetipo de "valores
normales", un conjunto de "aparatos". Un cuerpo separado de la
psiquis, de la emocionalidad, del conocimiento. Un cuerpo abstracto y
desvitalizado.
Esta
jerarquización de la media y la estabilidad que implican los procesos técnicos
(léase establecimiento de patrones e instrumentos estandarizados de medida) y
político (léase regulaciones rigurosas y legales de los estándares de medición)
también condujeron a el desarrollo de una nueva concepción del conocimiento:
el objetivismo. Los procedimiento de estandarización, junto con la regimentación
experimental de la naturaleza, implican la posibilidad de prescindir del sujeto.
El resultado del experimento no depende de quien lo haga. El experimentador es
un sujeto abstracto, prescindible,
intercambiable. Como la variable matemática puede ser reemplazado por otro
miembro cualquiera del sistema.
La
objetividad supone la capacidad de
unos sujetos para abstraerse. Es decir, para suponer que ni su corporalidad -que
incluye tanto su peculiaridad perceptiva como emocional y su forma de acción en
el mundo-, ni su subjetividad, ni los vínculos que establece, influyen en el
conocimiento del mundo. El cuerpo desde esta perspectiva conceptual es aquello
que puede ser medido, así como el cuerpo de la perspectiva era aquel que puede
ser representado.
2.3.-
El giro cartesiano y el cuerpo maquínico:
René
Descartes puede considerarse el padre de una trilogía fundamental: la
fundamentación metódica-maquínica, la distinción radical cuerpo-mente, y la
geometría analítica. Esta última es la contribución cartesiana a la
geometrización del espacio y al establecimiento de una civilización regida por
lo cuantitativo -ya que establece un sistema de transcripción entre la geometría
y la aritmética-. Le debemos a Descartes la idea de fundamentar el conocimiento
en un método, es decir en un procedimiento sistemático a "imagen" de
las matemáticas. Estos procesos regulares, reglados, fijos,
sistemáticos y previsible son los ingredientes fundamentales del
maquinismo (que estaba poniéndose de
moda en la Francia de aquella época)
La
dicotomía cuerpo-mente es un
producto casi inevitable si partimos de las premisas metódicas de Descartes. En
sus meditaciones este gran filósofo llega a a la conclusión de que
"piensa luego existe", en un movimiento que hace emerger al sujeto
(aquel que piensa). Sin embargo, rápidamente se da cuenta que al fundar la
certeza en su propia actividad pensante encuentra muy difícil darle entidad al
mundo que percibe. En pos de este objetivo requirió la colaboración de Dios,
quien según Descartes no crearía una criatura inteligente para engañarla
siempre. A partir de allí sus meditaciones lo llevan a afirmar que aquellas
cosas que perciba de una manera "clara y distinta" deben ser
necesariamente verdaderas. El paso siguiente de su
método lo lleva a afirmar que los objetos matemáticos son los únicos
que cumplen este requisito. Concluye entonces que el universo es un gran
mecanismo regido por leyes tan rigurosas como las de la matemática formado únicamente
por la sustancia extensa (partículas
materiales que ocupan el espacio), por sustancia pensante (el alma o psiquis humana a la que arribó en su meditación) y la sustancia
Divina (garante epistemológica de la filosofía cartesiana).
Esta
revolución cartesiana ha tenido -y tiene todavía- implicancias fundamentales
para el pensamiento de la corporalidad.
En primer lugar legitima filosóficamente
y explícita una nueva forma de ver y relacionarse con el mundo que habían
abierto el arte -con la perspectiva- , la ciencia -con el método experimental y
la cuantificación-, y la vida ciudadana -con la difusión de las relaciones
mercantiles y las matemáticas en cada vez más amplios sectores sociales. Esta
nueva sensibilidad da alta prioridad a lo "visible" -en tanto fuente
de representación sistemática-; a lo reproducible -en tanto aporta una forma
de eliminar incertidumbres-, a lo mecánico y
previsible -en tanto permite la manipulación.
Desde
esta perspectiva, el cuerpo es un
mecanismo: sustancia extensa regida por leyes inmutables, donde
cada efecto es un producto necesario
de una causa.
La mente es concebida únicamente con actividad racional,
y como una sustancia
independiente.
Aquello
que en la filosofía ha dado en llamarse "problema cuerpo-mente" no
existía antes de este giro cartesiano y es un producto exclusivo que nace al
calor de las premisas dualistas. Estas a su vez se originan en los procesos de
estandarización sociales y tecnológicos, que permiten la generación de
procedimientos estables,
normatizados, repetibles y predecibles, que parecen
ser independientes de los sujetos que los lleva a cabo.
3.-
El sujeto encarnado y la multidimensionalidad de la experiencia.
Las
meditaciones cartesianas están signadas por un objetivo subliminal: la búsqueda
de certezas absolutas. La afirmación de la duda,
no es más que el disparador de una búsqueda metódica de un fundamento
sólido para el conocimiento que permita apartar toda duda, y eliminar toda
huella de incertidumbre. A diferencia de la Fe religiosa, que es punto de
partida de todo creyente, los racionalistas sólo encuentran la Fe tras un largo
camino. Para ellos es la meta a la que hay que arribar. Por lo tanto, más tarde
o más temprano, la Fe fundamentalista iguala a religiosos y "racionalistas".
La
identidad formal entre el espacio físico y el espacio geométrico euclidiano
fue un artículo de Fe durante varios siglos, la autoridad de Newton terminó de
sellar la tarea de sus predecesores en relación a este punto. El espíritu que
se engendró en el Renacimiento, que
dijo sus primeras palabras con Galileo, llegó
a su madurez con Newton. Hacia
fines del siglo XVIII Kant informó a sus contemporáneos que sólo faltaban
conocer algunos detalles de la de la Física del Universo . Un siglo después
las geometrías no euclidianas comenzaron a socavar los cimientos del mundo
newtoniano y sólo unas décadas más tarde la Teoría de la Relatividad terminó
la tarea de demolición del universo de las certezas . Es importante aclarar que
la Relatividad no destruyó a la teoría newtoniana, sino que como planteara
claramente T. S. Kuhn, se trata de teorías inconmensurables entre si, y ambas
producen sentido en diferentes dominios.
Pocos
años después del estruendo producido por la publicación de la Teoría
Especial la Relatividad (1905), Einstein publica la Teoría General (1913). En
una década más el Principio de Indeterminación de Heisenberg
(elemento clave de la Teoría Cuántica, que dió sus primeros pasos con
el siglo) terminará de disolver los últimos ladrillos del basamento de la
ciencia clásica.
La
multiplicidad teórica será parte del
desarrollo de la física durante el resto del siglo: después de la Segunda
Guerra Mundial comenzarán a desarrollarse los primeros modelos no lineales que
harán eclosión en las tres últimas décadas anteriores al 2000. La Termodinámica
no Lineal de Procesos Irreversibles , La Teoría del Caos, así como los Modelos
de Auto-organización y la Complejidad han abierto una brecha en el pensamiento
científico de los últimos años. Todas estas teorías tienen en común el
trabajar con modelos matemáticos no lineales, con los que lidiar era muy difícil
-cuando no imposible-, antes del
desarrollo de los potentes ordenadores digitales.
Como
ya he señalado, la ciencia de la Modernidad fue construida a
partir del supuesto de una exterioridad e independencia del objeto representado
y del sujeto cognitivo. El objeto era
una abstracción matemática, un conjunto de propiedades mensurable y luego
modelizables. Los únicos modelos matemáticos que aceptó la ciencia clásica
eran los lineales. El sujeto era pensado como una superficie reflectante, capaz de
formarse una imagen de la naturaleza
externa, anterior e independiente de él. Conocer era describir y predecir. El sujeto no entraba en el cuadro
que él mismo pintaba. Se hallaba siempre inmóvil, afuera, siguiendo metódicamente
las leyes eternas de perspectiva. La linealidad es la trama subyacente de la modernidad: se
encarna en la perspectiva pictórica, en el cálculo infinitesimal, en el
sistema contable, en la filosofía positivista del conocimiento, en la concepción
mecánica del cuerpo, en la ideología del progreso y la "supervivencia del
más apto".
En
la actualidad estamos comenzando a
legitimar los modelos de pensamiento no lineales, tanto en la ciencia, como en
el arte y en la vida de relación. Sin embargo, no es sencillo hacer lugar a
nuevas metáforas para poder abrir nuestro espacio cognitivo a nuevas
narraciones. Todavía tenemos atado nuestro pensamiento al modelo
tri-dimensional de la lógica clásica con sus principios de identidad, no
contradicción y tercero excluido. El espacio cognitivo debe transformarse
radicalmente para poder hacer lugar al pensamiento no lineal. Este cambio es a
la vez sutil y radical. Los modelos no lineales nos propones pasar del espacio
clásico de tres dimensiones a una
multiplidicad de espacios autorreferentes, algunos en forma de bucles,
otros a tomando como base la cinta de Moebius, otros a partir de los
procesos recursivos fractales.
El
punto de partida para este cambio de nuestro paisaje cognitivo es la afirmación
de la corporalidad del sujeto. El darse cuenta de que nuestra peculiar fisiología,
nuestra experiencia biológica, nuestra sensibilidad diferencial son cruciales
en relación al conocimiento tiene una
primera consecuencia: el "torcimiento del espacio cognitivo". Esta
afirmación hace que el sujeto encarnado entre dentro del cuadro. Se rompe la
perspectiva lineal que lo mantenía afuera, inmovil y tuerto. El sujeto
encarnado participa de una dinámica creativa de si mismo y del mundo con el que
está en permanente inter-cambio. La segunda consecuencia
se relaciona con la aceptación de que la corporalidad implica que
todo conocimiento humano se da desde una
perspectiva determinada. El sujeto encarnado no puede estar en todos
lados al mismo tiempo, y por lo tanto sólo puede conocer en un contexto
especificado, y su conocimiento se estructura
en un lenguaje determinado. Es decir que habrá
siempre un lugar específico de la enunciación. La tercera consecuencia es
que no podemos conocer objetos independientes -sin relación alguna- con
nosotros. Desde esta mirada el conocimiento
implica interacción, relación, transformación mutua, co-dependencia y
co-evolución. La cuarta consecuencia es que tendremos siempre un
"agujero cognitivo", una zona ciega que no podremos ver. Más aún
habitualmente somos ciegos a esta ceguera.
Si seguimos con el ejemplo de la perspectiva lineal, es el sujeto el que cae en
la mancha ciega cognitiva. Una
descripción dinámica permitira una mirada multiperspectivista. Pero esta
diversidad de enfoques es siempre limitada por nuestra corporalidad. Es decir,
podemos componer -y de hecho esto es lo que hacemos en nuestra experiencia
cotidiana- una "imagenería" más compleja, que incluya distintas
fuentes de información pero nunca infinitas fuentes. Solo podemos conocer lo
que somos capaces de percibir y procesar con nuestro cuerpo. Un sujeto encarnado
paga con la incompletud la posibilidad de conocer.
Al
asumir esta posición nos damos cuenta que el "cuerpo" del que estamos
hablando no es el "cuerpo de la modernidad", estamos comenzado a
pensar en una multidemensionalidad de nuestra experiencia corporal. Es por eso
que podemos empezar a pensar una nueva forma de la corporalidad: el "cuerpo
vivencial" o "cuerpo experiencial". No se trata ya de un cuerpo
abstracto, dominado por la visión perspectiva y los las medidas estandarizadas
externas. Ese cuerpo no desaparece totalmente, pero ya no es el único
imaginario corporal. En la contemporaneidad empezamos a poder pensar en un cuerpo multidimensional: un cuerpo
a la vez material y energético, racional y emocional, sensible
y mensurable, personal y vincular, real y virtual (¿un hiper-cuerpo?).
El
"cuerpo vivencial" a diferencia del "cuerpo de la
modernidad" o "cuerpo máquina" no es un objeto abstracto, ni
independiente de mi experiencia como sujeto encarnado. Esa experiencia que todos
tenemos de nuestra propia corporalidad no es fija, ni inmutable. Todo lo
contrario, sentimos de una manera "clara y distinta" que estamos en
permanentemente transformación: de eso se trata estar vivo. El
"cuerpo vivencial" no alude a sustancia alguna, no tiene un referente
fijo fuera de nuestra experiencia como sujetos encarnados. Nuestro
"cuerpo vivencial" es ante todo un límite fundante y una trama
constitutiva de un territorio autónomo y a la vez ligado inextrincablemente al
entorno, con el que vive en permanente inter-cambio. Desde esta
perspectiva, el sujeto encarnado es un linaje específico de
transformaciones.
El
torcimiento de nuestro espacio cognitivo, nos lleva a cuestionarnos las
relaciones adentro~afuera, yo~otro, cuerpo~mente que ya no pueden ser de
mutua exterioridad, sino de complementariedad abierta. La célula es un buen
ejemplo para pensar estas relaciones. La relación de la célula con el medio es
de interpenetración, la membrana celular es un límite semi-permeable[8]:
muchas moléculas entran y salen de la célula, en cambio otras no pueden
hacerlo. Pero cuidado, la célula no es un recipiente contenedor. Al contrario,
al ingresar una molécula dentro de ella pasa a formar parte de la organización
celular. Las moléculas no cobran vida porque la vida no es una propiedad de las
moléculas en si. La vida se relaciona con la organización, con la red de
relaciones y las propiedades emergentes de la interacción. Sin embargo el
atravesar la membrana implica una transformación de la red de relaciones y
genera por lo tanto una transformación de la identidad (que ya no puede
pensarse en sí y por sí misma sino en un entramado relacional co-evolutivo)
Así
como en la cinta de Moebius el adentro y el afuera y el arriba y el abajo,
tienen relaciones topológicas completamente distintas a las del espacio clásico,
así también las relaciones "cuerpo~mente", son radicalmente
diferentes a las que nos proponía la modernidad cuando pensamos el sujeto
encarnado .
Desde la
mirada cartesiana "cuerpo" y "mente" dos sustancias
independientes. Desde la metáfora de la auto-organización se trata de dos
formas diferenciadas de la compleja experiencia del sujeto en un espacio
cognitivo auto-referente.
No sólo ha dejado de tener sentido la distinción clásica de dos sustancias
separadas, sino que la noción misma de sustancia es la que se cuestiona. En el
marco de las teorías auto-organizativas, el concepto de sustancia no tiene
sentido, ya que implica -entre
otras cosas- que podemos conocer algo en si mismo, independiente de nosotros.
La
noción de sustancia está fuertemente emparentada con la de noción de
identidad clásica. Ambas son estáticas e inmutables. El antiguo axioma parmenídeo
que reza que "el ser es, y el
no ser no es". Desde una perspectiva de la auto-organización
"el ser es sólo respecto de un no ser". Esto es así porque el
conocimiento es un modo de relación con el mundo del sujeto encarnado y
sensible a las diferencias, que no puede conocer las cosas en si mismas, sino a
través de la relación diferencial que establece con ellas.[9]
Esta
es la paradoja de todos los sistemas de autoorganización: el ser y el no ser se
definen mutuamente. Las paradojas
son siempre sistemas de autorreferencia.
La famosa paradoja de Epiménides, por ejemplo, dice que él, que era un
Cretense, se paraba en las puertas
de Creta y decía: todos los Cretenses son mentirosos. Si decía la verdad...
mentía, y si mentía ...decía la verdad.
Cualquier sistema de autoreferencia directa o cruzada desemboca en una
paradoja. Desde la lógica clásica,
las paradojas son ofuscaciones de la razón porque violan los axiomas de la lógica
clásica. Para pensadores como Von
Foerster, en cambio, las paradojas son dispositivos creativos. Para mí las paradojas son verdaderas compuertas evolutivas.
Abren nuestra mente hacia nuevas dimensiones. Esto es así porque las paradojas
nos señalan que hemos llevado hasta el límite de un sistema conceptual, y que
si mantenemos las premisas de partida ya no podemos ir más allá. En los términos
en que está planteada la paradoja no hay solución posible. Sólo nos queda una
alternativa. Repensar el espacio cognitivo del que partimos y salirnos por la
tangente o escapar por la compuerta evolutiva hacia un nuevo paisaje donde Epiménides
es la excepción que confirma la regla, o es un mutante veraz, o un extranjero
camuflado, o ....infinidad de nuevos mundos posibles.
Desde
esta mirada, nuestra corporalidad nos define como sistemas autónomos, con límites
semipermeables, una sensibilidad diferencial, y en constante intercambio con el
entorno con el cual estamos "enredados" en una red fluyente de
relaciones que implican que estamos comprometidos en una dinámica de
transformación en co-evolución con el ambiente. Nuestra
corporalidad determina un campo de afectación y la clase de interacciones y de
transformaciones posibles.
El
mundo que conocemos, incluido nuestro "cuerpo~mente" en él, no es un
mundo independiente de nuestro conocimiento, sino que es un mundo
"enactuado". Es decir, un mundo co-creado
en nuestra interacción con el ambiente. Un
mundo que convocamos a ser en nuestra
experiencia interactiva con eso que está afuera pero no separado de nosotros.
La
enacción es un concepto que surge al caer la noción moderna de representación
que está ligada al modelo de la perspectiva lineal que supone
una independencia sujeto-objeto y un conocimiento como imagen interna
(especular) de un objeto externo. La enacción, por el contrario, no parte de la
suposición de un mundo independiente y anterior a la experiencia.
Desde esta perspectiva sujeto y mundo se definen mutuamente. F. Varela,
E. Rosh y E. Thompson han expresado
estas ideas con una claridad
meridiana al afirmar que el "énfasis en la mutua definición nos permite buscar una vía média
entre el Escila de la cognición como recuperación de un mundo externo pre-dado
(realismo) y el Caribdis de una cognición como proyección de un mundo interno
pre-dado (idealismo). Ambos extremos se basan en el concepto central central de
representación: en el primer caso la representación se usa para recobrar lo
externo, en el segundo se usa para proyectar lo interno. Nuestra intención es
sortear esta geografía lógica de "interno/externo" estudiando la
cognición sin pensar en términos
como la recuperación o la proyección, sino como acción corporizada."
(Varela et al, 1992)
La
enacción nos permite pensar la emergencia sincrónica del sujeto y el mundo en
la experiencia contextualizada, corporalizada e histórica. La enacción nos
aleja de las metáforas visuales y nos propone considerar una multiplicadad de
formas de percepción del sujeto
encarnado en co-evolución con su ambiente. El mundo vivencial no tiene una
existencia independiente, no pertenece a una esfera trascendente, sino que como
dice A. Machado: "se hace camino al andar". Tampoco existe una mente o
yo sustancial sede fija e inmutable de la experiencia.
Desde
esta perspectiva no hay un problema cuerpo-mente, porque no estamos pensando en
términos de sustancias independientes. Un problema es un problema sólo desde
la perspectiva particular en la que ha surgido.Al cambiar el espacio cognitivo
el problema se disuelve. Los modelos de auto-organización y enacción nos
proponen participar de esta aventura multidimensional. Muchos de nuestros
contemporáneos, entre los que me incluyo, ya han empezado a disfrutar de estas
navegaciones .
Al
aceptar esta multidimensionalidad de la experiencia nos damos cuenta de que
aquello que llamabamos "cuerpo" o "mente" es algo totalmente
distinto a la concepción del sujeto
encarnado. Esta expresión no
alude a un referente o realidad objetiva independiente sino que emerge al
enfocar la multiplicidad experiencial corporalizada y está atravesada por los múltiples
territorios que se crean a través de nuestro devenir vital.
El
sujeto encarnado es el nombre de una categoría heterogénea, facetada y con
bordes difusos. Una categoría no clásica ya que los elementos que la forman no
comparten un propiedad común sino que tienen entre sí un "parecido de
familia". En el marco de este trabajo sólohe podido mencionar algunos de
los atravesamientos que considero cruciales para pensar al sujeto encarnado en
la contemporaneidad.
Cada
lector compondrá su propia categoría en relación a su experiencia, a los
atravesamientos teóricos, estéticos, éticos, afectivos, eróticos y emotivos
que incluya su propio devenir como sujeto encarnado. En mi devenir personal se
destacan de la trama abigarrada de experiencias la de ser amante y madre, los
dolores de los partos de mis hijas y de mis ideas, el placer gigantesco de dar a
luz, de crear, de nutrir de crecer, el sufrimiento por los seres queridos y la
deleitación por ellos, la pasión amorosa que me une a mi marido y la pasión
dolorosa que me separa de los torturadores, el ritmo de
mi respiración y el de mis hormonas, el disfrute que me produce el arte
y el displacer del ruido o de la podredumbre.
En fin, como todos los sujetos encarnados, nuestras categorías se desarrollan en la trama evolutiva de nuestra vida, están inextrincablemente ligadas a nuestra experiencia social y personal, a las tecnologías cognitivas, sociales , físico-químicas, biológicas y comunicacionales con las que convivimos. El desafío de la contemporaneidad se relaciona con la riqueza de perpectivas y por lo tanto de mundos posible en los que convivir pero también nos exige el hacernos responsables del lugar desde el cual elegimos hacerlo. El sujeto encarnado disfruta del poder de la creatividad y de la elección pero debe hacerse cargo del mundo que ha co-creado.
Bibliografía citada:
Barnett
Pearce, W.(1994) "Nuevos modelos y metáforas
comunicacionales." en "Nuevos Paradigmas, Cultura y
Subjetividad", Buenos Aires, Editorial Paidós 1994.
Francastel, P.
(1950): "Pintura y sociedad" , Madrid, Ed.Cátedra 1984.
Panofsky, E.
(1927) : "La perspectiva como forma
simbólica", Barcelona, Ed. Tusquets 1973.
Varela, F., Thompson, E. y Rosh
(1991) : E. "De cuerpo presente",
Barcelona, Ed. Gedisa 1992.
[1]Sin embargo no pretende inscribirse en esa extraña bolsa de gatos que algunos han dado en llamar posmodernidad.
[2] Es fundamental aclarar que el lenguaje es parte de la experiencia corporal en el mismo sentido en que las células son parte de la mano y no en el sentido en que lo son los dedos. Hay dos formas completamente distintas de "ser parte de" y es crucial poder distinguirlas.
[3]El pasaje de un plano de la experiencia a otro, o de un lenguaje a otro, o de un idioma a otro exige siempre una transformación que implica pérdidas y ganancias. Sin embargo este trabajo de traducción -tomando prestadas las palabras de Derrida-es tan imposible como imprescindible.
[4] El cuerpo del que hablamos aparecerá siempre con comillas a partir de aquí.
[5] Algunas ideas brotaron, germinaron y crecieron, otras colapsaron. Algunos modelos se desarrollaron en algunos lugares exclusivamente y otras se expandieron en todas las direcciones.
[6]En 1425 Bruneleschi se dedica arealizar experimentos ópticos que conducirán hacia la fijación del punto de vista y la creación de la tecnica de la perspectiva lineal . Ese mismo año Masaccio pintó el fresco La trinidad, que se considera la primera aplicación rigurosa del punto de fuga. En 1435 Alberti publica De La Pintura, el primer tratado teórico donde la perspectiva lineal ocupa un amplio espacio en el marco de una concepción global del arte. La gran obra de Copernico se publicó en 1543, Galileo publica su Diálogo sobre los Dos Ssistemas Máximos del Mundo en 1632; Descartes, su Tratado contra el Método en 1637, y Newton, su Principia Mathematica en 1687.
[7] Cualquier similitud con con los "experimento controlados" de la ciencia moderna que estaba naciendo ha sido buscada ex-profeso por la autora.
[8] Los sistemas que la física clásica era capaz de pensar, los sistemas mecánicos, eran sistemas aislados o cerrados. La física de los sistemas abiertos se desarrolló desde mediados de este siglo.
[9] En la oscuridad parcial "todos los gatos son pardos", En la oscuridad total o en la claridad desdmedida no podemos ver ni gatos ni nada. En la claridad parcial vemos multiplicidad de colores. Es decir, vemos únicamente en la zona del espectro en la que somos sensibles y vemos de manera diferencial según la iluminación y nuestra sensibilidad.