Actividad Física y su Relación con las Enfermedades Coronarias

Sonia Sarmiento, Eugenia Carrizo, Jorge Olivera, Jorge Sanagua, Guillermo Acosta, Ricardo Rasmussen
Universidad Nacional de Catamarca, Facultad de Ciencias de la Salud, Catamarca, Argentina

Resumen


Estilos de Vida Sedentarios
Las características de vida en la actualidad, marcadas por la industrialización, la tecnificación, el confort, en donde se evita permanentemente el esfuerzo físico, indican una gran relación con el sedentarismo, comprendido como la “carencia de práctica de actividad física o como una forma de vida con poco movimiento”.

La falta de buenos hábitos alimenticios y de comportamiento, de práctica de actividad física en el tiempo libre inciden fuertemente en el estado de salud y bienestar de las personas, ocasionando en la mayoría de los casos la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes mellitus, osteoporosis, obesidad, etc.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sedentarismo es uno de los flagelos modernos que provoca una situación crítica en la vida de los habitantes en el mundo, potenciando enfermedades crónicas, perjudicando la salud física, psíquica y social, y disminuyendo la longevidad [3]. Asimismo, en su “Informe sobre la salud en el mundo 2002”, la OMS estima que los estilos de vida sedentarios son una de las 10 causas fundamentales de mortalidad y discapacidad en el mundo [4].

En Argentina, aproximadamente el 60% de varones y el 75% de las mujeres entre 25 y 70 años de edad no realizan actividad física regular, y aquellos que participan lo hacen por lo general con una frecuencia y dosificación inadecuada [3].

Un informe de la American Heart Association (AHA) manifiesta que una tercera parte de los estudiantes no pasan más de 20 minutos por día realizando actividades vigorosas, mientras que su tiempo frente a la televisión ha llegado a las 3 horas por día.

Asimismo se ha encontrado evidencia de mayor presencia de enfermedades coronarias entre los sedentarios en relación a otros factores de riesgo como la obesidad, el tabaquismo, hipertensión arterial, etc. [5,6].

Powell, informó que el riesgo de un ataque al corazón en poblaciones masculinas sedentarias es aproximadamente dos a tres veces superior al de los hombres activos, en su trabajo o en sus actividades recreativas. [7]

A partir de estudios epidemiológicos se ha establecido que la inactividad física (sedentarismo) dobla el riesgo de sufrir enfermedad de las arterias coronarias [8].

Una alternativa para combatir los estilos de vida sedentarios actuales es la implementación de programas que incentivan a realizar actividad física moderada [9, 10].

La inactividad física se acompaña de un aumento del riesgo de enfermedad coronaria y de mortalidad por causa cardiovascular. La práctica regular de una actividad física, en cambio, es reconocida como benéfica no sólo a nivel cardiovascular sino también a nivel respiratorio, muscular y psicológico [11].

Son innumerables las investigaciones realizadas en los últimos años sobre los beneficios de la práctica regular de actividad física y la buena nutrición para el desarrollo armónico y equilibrado del niño y del adolescente, y los riesgos de los estilos de vida sedentarios.

El aumento de los niveles de actividad física es una prioridad inmediata, ya que dos tercios de los niños de todo el mundo no practican niveles de actividad física suficientes para cuidar de su salud. (OMS 2002)

Para prevenir el sedentarismo es necesario inculcar desde niños hábitos de actividad física regular destacando la importancia de la misma para la salud y para una mejor calidad de vida. Padres y educadores tienen el compromiso de transmitir el valor de la actividad física a niños y adolescentes, y el estado a través de sus gobernantes tiene la obligación de asistir a la población mediante programas, infraestructura y aportes económicos a fin de promover y conservar la salud de las personas, disminuyendo así también los altos costos para la salud pública.

 

Enfermedades Coronarias
Las enfermedades coronarias (EC), caracterizadas por un aporte limitado de oxígeno al músculo del corazón, presentan manifestaciones clínicas que van desde la angina de pecho al infarto de miocardio (IM) y la muerte repentina. La principal causa de las EC es la aterosclerosis coronaria (ATS), que se produce por la fijación de ateromas fibrolipídicos a las paredes vasculares reduciendo la luz del vaso; provocando pérdida de elasticidad de las paredes de los vasos, aumento de la presión arterial y déficit en el aporte de oxígeno. La enfermedad de las arterias coronarias es la enfermedad más común que ataca al corazón. (Rosalyn Carson-DeWitt, MD)

Factores de riesgo
Un factor de riesgo es algo que incrementa la posibilidad de contraer una enfermedad o padecimiento. Los factores de mayor riesgo son:

- Género: Masculino (los hombres tienen un mayor riesgo de padecer ataques al corazón que las mujeres)
- Edad: 45 años o más en el caso de los hombres, 55 años o más para las mujeres
- Herencia: antecedentes familiares de enfermedades cardíacas
- Obesidad y sobrepeso
- Fumar
- Presión arterial alta
- Estilo de vida sedentaria
- Niveles altos de colesterol (específicamente, altos niveles de colesterol LDL o lipoproteínas de baja intensidad (colesterol malo) y bajos niveles de colesterol HDL o lipoproteínas de alta densidad (colesterol bueno))
- Diabetes
- Stress
- Consumo excesivo de alcohol

Prevención
Para reducir los riesgos de adquirir la enfermedad de las arterias coronarias es conveniente:

- Mantener un peso saludable.
- Realizar un programa de ejercicios seguro con el consejo de su médico.
- Si fuma, dejar de hacerlo.
- Tener una dieta saludable, baja en grasas saturadas y rica en fibra, frutas y verduras.
- Atender y tratar de manera adecuada los problemas de presión arterial alta y/o la diabetes.
- Tratar apropiadamente el colesterol alto o los triglicéridos

 

Actividad Física: Beneficios
La actividad física se ha definido como “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que produce un gasto energético [12].

Numerosos estudios realizados en los últimos años han demostrado que llevar una vida físicamente activa produce muchos beneficios para la salud psíquica, física y mental ya que estimula el buen funcionamiento del sistema cardiovascular, mejora el sistema respiratorio, previene la osteoporosis, disminuye el estrés, fortalece músculos, disminuye la grasa corporal, entre otros.

El practicar ejercicio tiene un efecto positivo a nivel de la salud mental ya que produce la liberación de endorfinas y esto lleva a la reducción de la ansiedad, depresión y estrés, produciendo en uno, una sensación de bienestar general.

Asimismo, la práctica regular de actividad física ayuda a corregir varios factores de riesgo: el sobrepeso/obesidad, la hipertensión arterial, el perfil de lípidos con una reducción del nivel de LDL colesterol y aumento de la fracción HDL, mejora el ciclo vigilia-sueño [11], etc.
Apoyándose en estudios que muestran una sobremortalidad (riesgo relativo de enfermedad coronaria entre 1,5 y 2,4) en sedentarios (un 12 % de 950 000 muertes por causas cardio-vasculares podrían ser el resultado de la falta de actividad física), las sociedades y federaciones de cardiología recomiendan la práctica de una actividad física en forma regular y de intensidad al menos moderada [11].

Se considera actividad física moderada aquella que resulta en un gasto energético que va entre 3 a 6 METS (índice metabólico de trabajo/índice metabólico de reposo) o de 150 a 200 kilocalorías (kcal) por día. Lo que puede ser equivalente a caminar rápidamente a 4-6 kilómetros en 30’ o más por día, preferentemente en forma diaria, o 30 minutos de jogging por día, 3 horas de tenis o 6 horas de golf por semana, etc.

Con estas recomendaciones, de intensidad moderada, para sujetos de edad media o ancianos, la práctica de una actividad física tiene efectos favorables sobre la sobrevida en general, disminuye la mortalidad cardiovascular y previene los eventos coronarios [13].

Existe una relación estrecha entre el ejercicio, la actividad física y la aptitud física, pero cada uno de estos términos poseen diferentes significados. Por ejercicio se entiende al movimiento corporal planificado, estructurado y repetitivo realizado para mejorar o mantener uno o más componentes de la aptitud física. La aptitud física es “un conjunto de atributos que las personas poseen o alcanzan relacionados con la capacidad de realizar actividad física” [12].

En investigaciones epidemiológicas se han demostrado los efectos protectores de intensidad variable entre la actividad física y el riesgo de varias enfermedades crónicas como enfermedades coronarias (EC), hipertensión [14], etc. Según los resultados obtenidos en estas investigaciones el riesgo de EC aumenta conforme se disminuye la realización de actividad física.

La Actividad física reduce el riesgo de EC a través de ciertos mecanismos fisiológicos y metabólicos, éstos incluyen: el potencial para aumentar el nivel de colesterol de lipoproteínas de alta densidad; reducir los niveles de triglicéridos séricos; reducir la presión sanguínea; aumentar la fibrinólisis y alterar la función de las plaquetas, de este modo se reduce el riesgo de una trombosis aguda; aumentar la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina; y reducir la sensibilidad del miocardio ante los efectos de las catecolamina, disminuyendo el riesgo de arritmias ventriculares [14].

La posibilidad de padecer EC; que actualmente afecta a gran parte de la población adulta en el mundo, también está teniendo su incidencia en niños y adolescentes, así, en un estudio realizado por Andersen y col sobre la necesidad de que los niños realicen más ejercicio para evitar problemas cardiacos futuros; afirmaron que un "conjunto de factores de riesgo de enfermedad cardiaca aparece incluso en niños sanos y éste es más de tres veces superior entre los niños sedentarios, en comparación con los que son físicamente activos” [15].

Numerosos estudios confirman la relación existente entre enfermedades coronarias y de hipertensión en la edad adulta con antecedentes durante la niñez y la adolescencia [16, 17,18,19].

 

Recomentación de Actividad Física para Adultos
Para realizar una correcta prescripción de actividad física, resulta fundamental efectuar una evaluación inicial médica, de la capacidad funcional y del sistema músculo-esquelético, de las personas, con el propósito de prevenir una sobrecarga del sistema cardiorrespiratorio o lesiones del aparato locomotor Todos los pacientes deberían ser motivados y apoyados de forma profesional para que aumenten su actividad física de una forma segura, hasta un nivel de actividad asociado al menor riesgo de enfermedad vascular [20]

A partir de los numerosos estudios de investigación que relacionaron la actividad física y la salud cardiovascular, se sugiere que para disminuir el riesgo es necesario un gasto energético que varía entre 700 a 2000 kcal por semana.

Para gastar estas calorías, se puede realizar algunas de las siguientes actividades físicas: caminata de 3 kilómetros de forma rápida, danza aeróbica (alto y bajo impacto, «step»), patinaje en hielo, andar en bicicleta (al aire libre o bicicleta fija), ski (cross-country), baile (no incluye pausas), fútbol, excursión, trote (aire libre, cintas sin fin), pesas, karate, natación, saltar la cuerda, ejercicios aeróbicos en agua, remo (canotaje), tenis, volleyball, buceo, etc. durante 30 minutos o más por día, preferentemente todos los días de la semana.

Los 30 minutos de actividad recomendados también se pueden acumular en sesiones cortas de actividad cotidiana: subir las escaleras en lugar de tomar el ascensor, caminar en lugar de manejar en distancias cortas, hacer calistenia o pedalear en una bicicleta estacionaria mientras ve televisión. Arreglar el jardín, hacer labores domésticas, rastrillar hojas, bailar y jugar activamente con niños también pueden contribuir a lograr el total de 30 minutos diarios si es que se realizan con una intensidad correspondiente a caminar rápido.

También se ha reportado que la realización de actividad intermitente produce beneficios considerables en pacientes con EC [21,22,23,24].

El ejercicio con sobrecarga ha sido puesto en discusión acerca de los beneficios que representaría para personas con EC [25]. No obstante, Halsam y col., demostraron que si se trabajaba a una intensidad moderada entre el 40 y 60 % de 1 RM (repetición máxima realizada con un peso determinado) las presiones intraarteriales se mantenían dentro de los límites prudentes en personas con ésta patología [26].

Algunas investigaciones demostraron que en el tratamiento de personas con EC, se puede combinar el ejercicio de sobrecarga con el aeróbico [27,28].

Para iniciar un tratamiento con ejercicios de sobrecarga en personas con EC, se recomienda utilizar intensidades de entre 40 a 60 % de 1 RM, con una progresión hacia el 80% de 1 RM de acuerdo a la tolerancia, necesidades e intereses del paciente [26].

Antes de comenzar con el entrenamiento de sobrecarga se sugiere realizar un periodo de 2-4 semanas de entrenamiento aeróbico.

La Tabla 1 presenta los criterios de la Asociación Cardíaca Americana para la selección de los individuos con enfermedad cardiovascular que pueden participar en programas de sobrecarga.

Tabla 1. Criterios de selección para la participación en ejercicios de sobrecarga por parte de personas con enfermedad coronaria. (LaFontaine, T. 2006)

 

La Tabla 2 resume las recomendaciones generales de 3 asociaciones profesionales respecto a la prescripción básica de ejercicios de sobrecarga para personas con EC estable.

Tabla 2. Guías generales para la realización de ejercicios de sobrecarga en personas con enfermedad cardíaca coronaria. (LaFontaine, T. 2006)

 

Modo o tipo de ejercicio
Al iniciar un plan de actividad física para personas con EC se podrá incluir ejercicios de marcha lenta y progresiva, elongaciones y movimientos de rango articular, además de ejercicios tendientes a desarrollar la coordinación y el equilibrio.

Pueden realizarse ejercicios aeróbicos: aquellos que utilizan oxígeno para proporcionar energía. Estos son dinámicos, globales e isotónicos que involucran grandes grupos musculares, tanto de extremidades inferiores como superiores. Como por ejemplo: marcha, trote, escala, remo, natación, etc. Pueden ser realizados en forma continua o intermitente.

1. Método continuo: consiste en realizar un ejercicio aeróbico determinado por un período de tiempo definido. El ejercicio aeróbico más simple es la caminata, la cual deberá ser de velocidad constante según la tolerancia del paciente al esfuerzo y la FC de trabajo. También se pueden emplear bicicletas ergométricas, escaladores u otros aparatos de ejercicio aeróbico.
2. Método de circuito: consiste en el entrenamiento rotatorio por estaciones con distintos aparatos o implementos. Se recomienda este método cuando se desea trabajar algunos ejercicios contra resistencia; se pueden utilizar máquinas de ejercicio, bolsas o botellas con arena de 1 a 3 kilos, balones, aros, step o cajones de aproximadamente 15 a 20 cm de altura, peldaños de escalera, etc.
3. Método de intervalos: consiste en la realización de períodos cortos de ejercicio (5 minutos aproximadamente) seguido por períodos de descanso (1 a 3 minutos). Se recomienda este método en pacientes ancianos o con muy mala tolerancia al esfuerzo. Durante esta etapa debe controlarse y registrarse la FC y PA a partir de los 7 a 10 minutos de iniciada la actividad. (29).

 

Conclusiones
Los estudios analizados durante esta revisión confirman una fuerte relación entre la práctica regular de actividad física moderada a vigorosa y la disminución de riesgo coronario. Entre los programas de entrenamiento propuestos para el tratamiento terapéutico de EC, están los de tipo aeróbico, los de sobrecarga y los combinados (aeróbico-sobrecarga). Es necesario realizar nuevas investigaciones a fin de establecer los programas de entrenamientos más apropiados para pacientes con esta patología.

Bibliografía

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  29. E Díaz B y col. Programa de Actividad Física para la Prevención y Control de los Factores de Riesgo Cardiovasculares. Santiago. 2004

Fuentes Adicionales de Información
American Heart Association
http://www.americanheart.org
Heart and Vascular Diseases Homepage
Nation Heart, Lung, and Blood Institute
http://www.nhlbi.nih.gov
- OMS, Conferencia de prensa del Día Mundial de la Salud, La actividad física y los jóvenes, 7 de abril de 2002.
- JH Wilmore, DJ Costill. Fisiología del Esfuerzo y del Deporte. 2ª Ed. ISBN: 84-8019-348-4

Resumen
Las enfermedades cardíacas y circulatorias matan cada año a 17.500.000 personas en todo el mundo, mientras que más del 60 % de los decesos por causas coronarias ocurren en países en desarrollo, según datos aportados por médicos de 10 países de Latinoamérica reunidos en Bs. As. en el encuentro “2007 Partners International Cardiovascular Conference”.
Si bien hay factores de riesgo para enfermedad de las arterias coronarias que no pueden ser controlados ni modificados como, por ejemplo, la herencia, el sexo, y el envejecimiento, existen otros factores que si son modificables como el estilo de vida, la dieta, la inactividad física, el tabaquismo, etc.
La prevalencia de estilos de vida sedentarios es cada vez mayor en la actualidad, con las consecuencias que ésto implica: riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, hipertensión, obesidad, osteoporosis, etc. Los hábitos sedentarios son responsables de una porción sustancial de muertes causadas por enfermedades coronarias [1].
Asimismo múltiples estudios confirman que la práctica regular de actividad física moderada a vigorosa otorga grandes beneficios en la salud, la condición física y la calidad de vida. También se ha demostrado que es efectiva en la reducción del riesgo de enfermedades de las arterias coronarias.
La práctica de actividades físicas como vía para mejorar el funcionamiento del organismo ante las afecciones que puede sufrir, ha sido ampliamente demostrada y sustentada en la literatura médica [2]
Más de 200 especialistas que participaron de la “2007 Partners International Cardiovascular Conference” señalaron que el 75 % de las enfermedades cardiovasculares pueden evitarse con un programa estricto de actividad física, una dieta más sana y abandonando el hábito de fumar.
El objetivo de esta revisión es realizar un aporte sobre la importancia de la actividad física en la prevención y tratamiento de las enfermedades coronarias (EC).

 

 

"La información proporcionada en el sitio de la Federación Argentina de Cardiología ha sido planteada para apoyar, no reemplazar, la relación que existe entre un paciente/visitante de este sitio web y su médico"

Publicación: Octrubre de 2007