Diabetes, Actividad Física y su Influencia en el Sistema Cardiovascular

 

Jorge Olivera, Maria Eugenia Carrizo, Sonia Sarmiento, Jorge Sanagua, Guillermo Acosta
Universidad Nacional de Catamarca, Facultad de Ciencias de la Salud, Catamarca, Argentina.

Resumen

Introducción:
Características de la DM Tipo I y II
Hay dos formas principales de (DM). La (DM) Tipo I es causada por la destrucción de las células beta pancreáticas debido a ya sea, un proceso auto inmune, o es usualmente diagnosticada durante la niñez y la adolescencia, y es requerido el reemplazo exógeno con insulina para sobrevivir. Cerca del 10% de los pacientes diabéticos tienen DM Tipo I. La (DM) tipo II: La padece el 90% de los diabéticos y se caracteriza por dos mecanismos: disminución de la producción de insulina y resistencia a la acción de la insulina. Es decir que el paciente con diabetes tipo 2 si bien tiene insulina, esta cantidad no le alcanza para cumplir con su función porque las células no responden a su acción

La (DM) Tipo I, se caracteriza por la pérdida total de la capacidad del organismo para producir insulina (una hormona originada en el páncreas). Sin la presencia de insulina, el azúcar no puede entrar en las células para producir energía y queda acumulada en la sangre (hiperglucemia). Este exceso de azúcar se elimina por la orina y genera aumento de la diuresis (los pacientes diabéticos no controlados orinan más) y mucha sed. Además, el exceso de azúcar en sangre va lesionando las arterias y, si no se controla, puede producir las "complicaciones de la diabetes". Este tipo de diabetes es difícil de prevenir. Suele aparecer bruscamente, en jóvenes y requiere la utilización de insulina inyectable durante toda la vida. La padecen alrededor del 10% de los pacientes diabéticos [9].

La (DM) Tipo II, Se acumula exceso de azúcar en la sangre. Esta forma de diabetes comienza gradualmente y en mucha gente no da síntomas. Su tratamiento no siempre requiere insulina. Suele aparecer en gente más grande y se asocia frecuentemente con obesidad, hipertensión arterial, aumento de colesterol y de triglicéridos y antecedentes familiares. A diferencia de la diabetes de tipo 1, se puede prevenir.

Diagnóstico
La (DM) está diagnosticada de acuerdo a los siguientes criterios:

  1. Exceso de orina, sed excesiva, y pérdida de peso no explicada sin una pérdida del apetito.
  2. Una concentración de glucosa casual y sin ayuno previo ≥ 200 mg/dl.
  3. Una concentración de glucosa plasmática en ayuno ≥ 126 mg/dl, siendo el ayuno definido como la ausencia de ingesta calórica por lo menos por 8 horas.
  4. Una concentración de glucosa plasmática ≥200 mg/dl durante un test oral de tolerancia a la glucosa (OGTT) usando una carga de glucosa de 75 g disuelta en agua.

Aspectos Fisiológicos
Si bien realizar una alimentación adecuada es crucial en el tratamiento de la diabetes, este será mucho más efectivo si se acompaña con un estilo de vida activo. El ejercicio físico ayuda a mantener bajos los niveles de azúcar en sangre, haciendo que el organismo responda mejor a la insulina y aumente la cantidad de calorías que se gastan. Realizado en forma regular, el ejercicio físico aporta beneficios para la salud de cualquier persona, y especialmente a quien padece de diabetes. Mejora el funcionamiento del corazón, la circulación sanguínea, la capacidad respiratoria de los pulmones y la oxigenación de todos los órganos y tejidos.

El ejercicio aeróbico es el más efectivo porque tiene el mayor impacto sobre el control del nivel de azúcar. La contribución relativa de los carbohidratos y las grasas al gasto energético durante el ejercicio, depende de varios factores, incluyendo la intensidad y duración del esfuerzo, la alimentación previa al ejercicio y el entrenamiento. (Figura 1) [10]

Algunos estudios como lo Figura 1. A medida que aumenta la intensidad del ejercicio y disminuye su duración, el combustible alimenticio predominante se desplaza hacia los hidratos de carbono.

En la (DM) Tipo I se encuentra una dificultad particular para regular la glucosa sanguínea durante el ejercicio, mejor entendida en relación a las respuestas metabólicas normales a la actividad física en los individuos no diabéticos (Kemmer & Berger, 1983; Larsson, 1984; Vranic & Berger, 1979).

Durante series agudas de ejercicio, las demandas energéticas por la mayor contracción muscular son cubiertas a través de un mayor aporte de oxígeno (aumento en la ventilación y volumen minuto cardíaco), y mayor fuente de combustibles (glucosa, ácidos grasos). Cuando comienza el ejercicio, la glucosa derivada del glucógeno almacenado dentro de las células musculares sirve como principal fuente de energía. Con el aumento en la intensidad del ejercicio, esta fuente se vacía, y los músculos buscan la glucosa sanguínea y los ácidos grasos circulantes. (Figura 2)[11].

Figura 2. Participación de los hidratos de carbono y las grasas en el aporte energético durante la realización de ejercicio físico.

Cuando estos pacientes realizan ejercicios en un estado de buen control metabólico (niveles adecuados insulina y concentración normal de glucosa sanguínea), normalmente, muestra una disminución gradual en glucosa plasmática con el ejercicio prolongado, la que puede producir eventualmente una hipoglucemia sintomática. En esta situación, el consumo de glucosa por el músculo aumenta en forma adecuada, pero los niveles de azúcar en sangre disminuyen, ya que la ausencia de la insulina plasmática inducida por ejercicio inhibe la producción de glucosa hepática (glucogenólisis, gluconeogénesis), así como movilización de los ácidos grasos desde las reservas de lípidos. Es decir, la maquinaria de ejercicio funciona normalmente, pero la línea de aporte de energía esta cortada [20].

El hígado sirve como donante de la glucosa necesaria durante ejercicios prolongados, siendo su nivel de producción bastante similar al de su utilización a través de la ruptura del glucógeno hepático (glucogenólisis) y la formación de glucosa por conversión a partir de las proteínas (gluconeogénesis). Una falla en la producción de glucosa hepática durante el ejercicio, provocaría hipoglucemia y agotamiento [11].

Cada paciente diabético necesita conocer su propia respuesta personal al ejercicio a través del monitoreo de la glucosa sanguínea, ya que el riesgo de hipoglucemia con el ejercicio puede variar notablemente de una persona a otra. Basados en esta información, se pueden formular estrategias para aumentar la ingesta de carbohidratos y ajustar las dosis de insulina, de manera de permitir una participación total en las actividades deportivas.

Sin embargo a esta altura del estudio, es necesario ahondar sobre la (DM) y los efectos nocivos sobre el sistema cardio-circulatorio, El mayor peligro para los diabéticos es la muerte prematura por enfermedad vascular aterosclerótica (infarto de miocardio, ataque, etc.). La enfermedad de las arterias coronarias es la causa subyacente de muerte en, aproximadamente el 40 % de los individuos con diabetes, con una incidencia del doble, con respecto a la población no diabética. Es menos probable que los pacientes diabéticos sobrevivan a un infarto de miocardio, y aquellos que lo logran tienen pronósticos más reservados qué los no diabéticos (Bennet, 1981) [11].

Para resumir los factores de riesgo de la Enfermedades Coronarias expondremos la siguiente tabla elaborada por Enric Esmatjes y Josep Vidal [31].

Tabla 1

Revisión de Antecedentes
En 1980, Dahl-Jorgensen; Meen, Hanssen, y Ajena utilizaron por primera vez los niveles de Hemoglobina Glicocilada (HbA1) para evaluar el efecto del entrenamiento físico en los niños diabéticos. La hemoglobina glicosilada es aquella porción de la hemoglobina total que está unida a una molécula de glucosa, y la concentración de (HbA1) en la circulación es un reflejo de los niveles de glucosa sanguínea durante el período de vida medio de los glóbulos rojos. Por lo tanto, expresada en porcentajes de hemoglobina total, la (HbA1) sirve como un marcador valioso del control glucémico durante las 4 a 6 semanas, antes de su determinación. En consecuencia, los niveles de (HbAl) se han convertido en medios útiles para controlar a los pacientes.

Dahl-Jorgensen y cols. (1980) estudiaron los efectos de un programa de ejercicios de 5 meses sobre los niveles de (HbAl) en 14 niños diabéticos, con edades entre 9 y 15 años. A pesar de que durante el entrenamiento disminuyeron los niveles de (HbAl), los resultados se vieron debilitados por varios problemas metodológicos. Al final del programa el VO2 máx. no aumentó, sugiriendo que la intensidad del ejercicio fue baja. Las muestras de sangre fueron congeladas, y se determinaron los niveles de (HbAl), 5 meses luego de que finalizara el estudio. En 7 de los 8 sujetos del grupo control, la (HbAl) también disminuyó, y no se evaluó en este grupo el nivel de actividad física regular.

Campaigne, Gilliam, Spencer, Lampman, y Schork (1984) observaron un efecto beneficioso del ejercicio regular sobre el control metabólico, en nueve niños diabéticos de 5 a 11 años de edad. En estos niños, los niveles de (HbAl) y glucosa sanguínea en ayuno disminuyeron en forma significativa, luego de un programa de entrenamiento de 12 semanas. Sin embargo, en un segundo estudio de entrenamiento con 14 adolescentes con diabetes juvenil, no se observaron mejorías en el grupo control (Campaigne y cols., 1985). Los niveles medios de (HbAl) permanecieron sin cambios en un 12% (normal 7.1±0.11 %), luego de un programa de 3 meses de ejercicios aeróbicos, tres veces por semana.

Resultados similares fueron observados por Rowland, Swadba, Biggs, Burke, y Reiter(1985) en 14 niños, entre 9 y 14 años (la duración promedio de la diabetes era 4.2 años). No se vieron cambios significativos en los niveles de (HbA1), luego de un programa de ejercicios aeróbicos, a pesar de los aumentos en el VO2 máx. El (HbA1) antes del entrenamiento era del 9.9 %, indicando un grupo razonablemente bien controlado de sujetos. Durante el programa no se observaron cambios significativos en las dosis de insulina (basados en el monitoreo de la insulina en el hogar).

Baevre, Sovik, Wisnes, y Heiervang (1985) no encontraron cambios en la HbAl, luego de 6 meses de ejercicios (dos veces por semana), en un pequeño grupo de adolescentes (16 años) con diabetes. Stratton, Wilson, Endres, y Goldstein (1987) evaluaron las respuestas metabólicas de 8 adolescentes insulino-dependientes, a un programa de ejercicio supervisado. Los valores de (HbAl) no disminuyeron, pero se observó una reducción significativa en la albúmina plasmática glicosilada, considerada por los autores como un índice más sensible del control glucémico.

Los resultados de estos tipos de estudios también son diversos en los adultos. Peterson, Jones, Esterly, Wantz, y Jackson (1980) observaron una reducción en la (HbAl), luego de un entrenamiento aeróbico en 10 sujetos adultos con diabetes de tipo I (promedio de edad, 25 años). Sin embargo, en este estudio la mejoría en el control metabólico podría ser resultante de la introducción concomitante del monitoreo de la glucosa sanguínea en el hogar. Zinman, Zuniga-Guajardo, y Kelly (1984) no encontraron cambios en la (HbA1), luego de 12 semanas de ejercicio en bicicleta, en un grupo de 13 adultos con diabetes insulino-dependiente. Del mismo modo, Wallberg-Henriksson y cols. (1982) no observaron cambios en la (HbA1), en la excreción urinaria de glucosa en 24 horas, o en los tests de orina monitoreados en el hogar, en 9 adultos, luego de un programa de ejercicios de 16 semanas [11].

Mayer-Davis, E.J., R. D'Antostino, and A.J. Carter y Pan, X., G. Lei, and Y. Hu.,(2,3) demostraron, que la actividad física de moderada a vigorosa está asociada con una frecuencia reducida de DM. Un estudio reciente de 70102 mujeres enfermeras examinó la relación entre la actividad física y la incidencia de DM Tipo II como lo demostró Rice, B., I. Janssen, R. Hudson, and R. Ross en su estudio Effects of aerobic or resistance exercise and/or diet on glucose tolerance and plasma insulin levels in obese men. [5]. A través de 8 años de seguimiento, fueron identificados 1419 casos de DM Tipo II. Luego de ajustar la edad, el hábito de fumar, uso de alcohol, hipertensión, colesterol alto, índice de masa corporal (peso en kilogramos dividido por la talla en metros al cuadrado) y varias otras variables, el riesgo de diabetes fue un 24% menor en los más activos en comparación con las enfermeras menos activas. El beneficio fue aparente entre las enfermeras que se ejercitaban moderadamente o más vigorosamente. La cantidad de actividad física aeróbica necesaria para obtener este beneficio fue similar a los 30 minutos o más en la mayoría de los días de la semana, tal como es recomendado por numerosas organizaciones, incluyendo el Colegio Americano de Medicina del Deporte y el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades.

Un segundo estudio longitudinal de 577 pacientes con tolerancia a la glucosa deteriorada (glucosa plasmática en ayunas entre 110 y 125 mg/dl) mostró que aquellos sujetos aleatoriamente asignados a una dieta, ejercicio aeróbico o a una dieta más ejercicio tenían reducciones de 31, 46 y 42% en el riesgo de padecer DM Tipo II, respectivamente, a través de un seguimiento de 6 años [6]. Los hallazgos de este y otros estudios sugieren fuertemente un beneficio protector de la actividad física aeróbica regular en la prevención de la DM tipo II. Numerosos otros estudios han demostrado un efecto hipoglucémico del ejercicio aeróbico regular entre los pacientes con DM Tipo II documentada [7].

Recientemente, Rice et al. [4] publicaron los resultados de una prueba aleatoria que comparó los efectos de un grupo que solo realizó dieta (n=9) con un grupo que realizó dieta más ejercicio aeróbico (n=10) o dieta más ejercicio de sobrecarga (n=10) entre hombres obesos en riesgo de padecer DM Tipo II [9]. El estudio duró 16 semanas. El grupo de ejercicio aeróbico asistió a un promedio de 92% de las sesiones planificadas (5 d/semana). La duración media de cada sesión fue de 37 minutos a una intensidad media de 77±4% de la frecuencia cardiaca máxima predicha (220-edad del paciente). El grupo de entrenamiento con sobrecarga (entrenamiento en circuito, 1 serie de 8-12 repeticiones hasta el fallo en 7 máquinas Nautilius más flexiones del tronco) asistió al 96% de las sesiones asignadas (3 d/semana). Cada grupo tuvo un déficit de energía promedio de 968-1132 kcal/d). Las calorías provenientes de la grasa promediaron 20.2, 21.6, y 23.2 % en los grupos solo dieta, dieta más ejercicio aeróbico y dieta más ejercicio de sobrecarga, respectivamente.

Fueron observadas reducciones en la insulina en la condición de ayuno, y insulina durante el test de tolerancia a la glucosa oral (OGTT), también el índice insulina/glucosa disminuyó significativamente y en forma similar en los 3 grupos. El área de la insulina bajo la curva durante el OGTT mejoró significativamente (p<0.05) más en los grupos de dieta más entrenamiento aeróbico y dieta más entrenamiento de sobrecarga en comparación con el grupo de solo dieta. Los autores concluyeron que: (a) la pérdida de peso inducida por la dieta y el ejercicio aeróbico o de sobrecarga tiene efectos positivos similares sobre la disminución de los niveles de insulina en condición de ayuno o en OGTT, los cuales son mayores que los observados con dieta sola y (b) las reducciones en la grasa abdominal visceral y subcutánea son importantes para lograr mejoras en los niveles plasmáticos de insulina. Sería interesante investigar si hay beneficios adicionales sobre el control glicémico en la realización de una combinación de ejercicio aeróbico y de sobrecarga en pacientes que padecen o que tienen riesgo de padecer DM tipo II.

Fabiana Farjat en su estudio "Efectos del entrenamiento aeróbico en el control metabólico de pacientes diabéticos insulino-dependiente", comprueba que a través de ocho semanas de ejercicio aeróbico se mejora el control metabólico del paciente diabético tipo 1, verificado por la disminución de HbA 1c test recomendado para controlar esta patología [21].

Los estudios con diabéticos adultos utilizando cateterismo cardíaco, intervalos de tiempo sistólico, y angiografía con radionúcleotidos han revelado una alta incidencia de disfunción cardiaca con el ejercicio, que aparentemente, es independiente de la enfermedad aterosclerótica (Cooper, 1984). Los resultados histológicos de proliferación del endotelio, fibrosis miocárdica y engrasamiento basal capilar, apoyan también la existencia de una marcada miocardiopatía diabética (Fein & Sonnenblick, 1985), el mismo autor analiza los estudios de Baum, Levitsky, y Englander (1987) quienes evaluaron la función cardiaca, inmediatamente después del ejercicio, en 30 diabéticos insulino-dependientes entre 10 y 19 años de edad. Se observaron anormalidades en el acortamiento fraccional y en la velocidad de acortamiento de las fibras circunferenciales, al realizarse ecocardiogramas dentro de los 3 minutos, luego de un ejercicio máximo en una bicicleta ergométrica. Estos resultados sugirieron a los autores que “la disfunción del miocardio (durante la infancia y la adolescencia) podría ser el puerto de partida de la miocardiopatía severa de la diabetes de largo plazo” [11].

Estudios prospectivos (Lakka et al., 1994; Paffenbarger et al., 1994) sugieren que el ejercicio regular y la aptitud física medida a través del consumo máximo de oxigeno tienen un efecto protector contra las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad. Sin embargo no se han estudiado a pacientes con diabetes, y los mecanismos por los cuales el ejercicio reduce la mortalidad por enfermedades cardiovasculares todavía son poco claros [29].


Recomendaciones
DM Tipo I
Se debería aconsejar a los niños diabéticos de participar en actividades físicas por las mismas razones que para los sujetos no diabéticos - agregar entusiasmo a la vida, sentirse bien con uno mismo, controlar la obesidad, mejorar la capacidad de esfuerzo, y disminuir los riesgos de la enfermedad cardiovascular adulta. A partir de lo expuesto anteriormente, es evidente que, de hecho, estos beneficios podrían tener una mayor relevancia para las personas diabéticas. Al mismo tiempo, muchos niños y adolescentes con diabetes, un grupo con un riesgo particular por su estilo de vida sedentario, son reacios a participar en actividades vigorosas por miedo a una hipoglucemia inducida por el ejercicio. Aquí, el rol para los médicos es doble: estos pacientes necesitan ser motivados para comenzar actividades deportivas en forma regular, y al mismo tiempo, necesitan ser educados en las maneras en que esta participación sea segura.; lograr el segundo objetivo requiere que el paciente diabético tenga un claro conocimiento de las relaciones entre la insulina, la dieta, y el ejercicio.

La tarea de ayudar al niño diabético a adaptar la insulina y la dieta a la actividad física, seria más simple si el entrenamiento fuera regular y planificado (como las comidas). La vida para los diabéticos también sería más fácil si sus respuestas metabólicas a un determinado ejercicio fueran previsiblemente similares. En la ausencia de tan buena suerte, el ajuste de la dieta y la insulina al ejercicio para un determinado niño, requiere de un enfoque de ensayo y error con un cuidadoso control de la glucosa sanguínea antes, durante, y después del ejercicio. La experiencia educará a cada paciente en cuanto a qué respuesta metabólica debe esperar con cada intensidad y duración del ejercicio. Durante este proceso de aprendizaje se pueden utilizar los consejos resumidos en el siguiente cuadro.

DM Tipo II
Este paciente diabético presenta ciertas características que debemos tener en cuenta. En primer lugar la referencia de la frecuencia cardiaca como elemento control, no es aconsejable y menos aun cuando estos pacientes poseen algún fármaco hipoglicemiante o bloqueador y menos cuando presentan neuropatías autonómicas que alteran la frecuencia cardiaca de reposo y también de esfuerzo. La percepción del grado de esfuerzo o cansancio al que el paciente es instruido, es muy importante a considerar.

Las cargas de trabajo para que conserven intensidades importantes pueden ser llevadas a cabo de manera continua o intermitente ya que para efectos de corrección de alteraciones directas e indirectas de la diabetes no insulino dependiente, ambas formas cumplen de manera indistinta dichos objetivos.

Caminar es la forma mas comúnmente recomendada sin embargo cuando a esta patología está asociada con sobrepeso, no es simple lograr adaptaciones funcionales importantes de índole metabólico y los montos de calorías gastadas es mínima. Por otro lado las neuropatías periféricas o artritis degenerativas propias de este tipo de pacientes, lo ponen en riesgo de lesiones que se complican significativamente en este tipo de pacientes.

Elementos parecidos a considerar son los relacionados con las complicaciones de la retina y cardiovasculares por lo que ejercicios que eleven la presión arterial o impliquen grados de fatiga o cansancio importante deben ser manejados cuidadosamente.

Otra consideración importante es que los diabéticos presentan una predominancia de fibras musculares del tipo II ( Marin, P., Bjontorp, P., 1994) lo que implica una menor capilarización de la fibra muscular y una menor predisposición para el metabolismo oxidativo por que los ejercicio de larga duración y baja intensidad no son confortables para ellos en los inicios del programa.
Finalmente es interesante recomendar al paciente diabético (Tipo II), sometido a ejercicio físico que las medidas precautorias en cuanto a ingesta de hidratos de carbonos y líquidos glucosados no son necesarios si el ejercicio es dosificado y no durara mas de 60 minutos.

Las recomendaciones a este tipo de pacientes en relación a lo descrito no difieren del sujeto normal.

La existencia de lesiones macrovasculares y micro vasculares no es en absoluto una contraindicación al ejercicio físico. Todo depende del modo de ejercicio físico a utilizar. Por otro lado las alteraciones autonómicas que los pacientes presentan, no revisten riesgo si un electrocardiograma de esfuerzo es solicitado con control continuo de la respuesta presora y de la frecuencia cardiaca pudiendo así determinar zonas límites de estimulación o esfuerzo [12].

Carlos Saavedra Ejercicio Físico Adecuado y Diabetes Tipo 2 No Insulino Dependiente-Chile, realiza una serie de sugerencias en cuanto a etapas para planificar actividad física para diabéticos. Etapa 1: Estudio de la capacidad funcional con análisis de la aptitud física y metabólica. Etapa 2: Determinación de los objetivos mediatos e inmediatos. Etapa 3: Fortificación de los grupos musculares esenciales por separado. Etapa 4: Transferencia de las capacidades adquiridas a los hábitos de vida. Etapa 5: Desarrollo de la capacidad aeróbica submáxima. Etapa 6: Evaluación de las variables fisiológicas obtenidas y readecuación de las carga de trabajo.

Por otro lado, la dra. Claudia Chaufan también reveló que un control óptimo de la glucosa sanguínea puede reducir hasta en un 70% la incidencia de las terribles "patías" –nefro, retino, neuro o angiopatías. En verdad es muy importante ser un ‘buen diabético”, y esbozó las siguientes sugerencias [31].

  1. Controle su nivel de glucosa, antes y después del ejercicio; para saber cómo lo afecta la actividad.
  2. Las sesiones de ejercicio de larga duración o de gran intensidad pueden necesitar una ingesta adicional de hidratos de carbono para reponer el glucógeno gastado. Tenga siempre a mano una bebida con azúcar, jugo de frutas o caramelos.
  3. Si tiene tendencia a episodios de hipoglucemia (baja de glucosa en sangre) consulte con su médico sobre cómo ajustar la dosis de insulina ante de iniciar el ejercicio.
  4. Evite el ejercicio extenuante si el medio ambiente es muy caluroso, frío o húmedo. A menudo, sentir demasiado frío o calor puede confundirse con síntomas de hipoglucemia.
  5. Para disminuir el riesgo de lesiones use un equipo adecuado y calzado apropiado para el ejercicio.
  6. Haga ejercicios de elongación o estiramiento antes y después de la actividad.
  7. Tenga en cuenta que algunas medicaciones pueden enmascarar los síntomas de hipoglucemia.
  8. Beba líquidos antes de sentir sed, especialmente si las sesiones de ejercicio son de más de 40 minutos.
  9. Deje de hacer ejercicio si se siente mareado, experimenta dolor o le falta el aliento.

Medidas de precaución

A. Consulte con su médico sobre el tipo de ejercicio a realizar, especialmente si:

1. Ha tenido diabetes durante muchos años.
2. Si su vida ha sido sedentaria por mucho tiempo.
3. Si tiene una historia familiar de problemas cardíacos, además de diabetes.

B. Revise sus pies diariamente:

1. Examine sus pies, busque cortes, lastimaduras, callos, ampollas u otras lesiones.
2. Trate cualquier problema inmediatamente. Vea al pedicuro.
3. Use medias gruesas y zapatos apropiados.

C. Esté atento y preparado para tratar la hipoglucemia:

1. Deje de hacer lo que estaba haciendo inmediatamente.
2. Lleve siempre con usted un alimento que contenga azúcar.
3. Prefiera líquidos fríos (jugo de fruta o una gaseosa).
4. Descanse al menos 15 minutos para que sea absorbido.
5. No continúe con la actividad física hasta que el nivel de azúcar sanguíneo retorne a niveles normales (80/100).

D. Seleccione el área apropiada donde aplicar la inyección de insulina:

1. No es importante en qué área la aplica si se ejercita una hora después de la inyección.
2. Si se ejercita inmediatamente después, aplíquela en el abdomen.

E. Nunca haga ejercicio físico si:

1. Su análisis de orina es positivo en cetonas.
2. Si la diabetes no está bien controlada.
3. Si está resfriado, tiene gripe o alguna infección o enfermedad.

F. Mantenga una hidratación adecuada:

1. Evite el ejercicio extenuante en tiempo caluroso.
2. Beba abundante líquido, especialmente agua.
3. No beba alcohol después de hacer ejercicio.

G. Comunique su diabetes:

1. Haga ejercicio acompañado.
2. Use una identificación que indique su condición diabética y el servicio de ayuda médica al que está asociado.
3. Hágale saber a su instructor y a sus compañeros que tiene diabetes y cómo reconocer y tratar el nivel bajo de azúcar (hipoglucemia).


Efectos Beneficiosos
Surge en esta impronta, la necesidad de sintetizar el por que es útil el llevar a cabo (AF), y entre tanta bibliografía, "Hipócrates" logra el cometido en todo el sentido:
“Todas aquellas partes del cuerpo que tienen una función, si se usan con moderación y se ejercitan en el trabajo para el que están hechas, se conservan sanas, bien desarrolladas, y envejecen lentamente, pero si no se usan y se deja que holgazaneen, se convierten en enfermizas, defectuosas en su crecimiento y envejecen antes de hora”
Siguiendo con la temática central, Eliana Terrera en "En Efectos de la actividad física sobre la diabetes", sostiene que en pacientes diabéticos “controlados” es decir, con niveles normales de insulinemia y valores cercanos a los normales de glucemia generan:

  1. Aumento de la captación de glucosa muscular y disminución de los requerimientos de insulina.
  2. Aumento de la síntesis de glucógeno.
  3. Normalización de niveles de ácidos grasos libres y de cuerpos cetónicos a los valores de sujetos no diabéticos o cercanos a ellos.
  4. Aumento de la actividad enzimática oxidativa.
  5. Mejoramiento de la actividad cardiovascular y respiratoria.
  6. Disminución de la trigliceridemia y el riesgo de la aterosclerosis.
  7. Aumento de HDL-colesterol que permite remover el colesterol de las paredes arteriales, trasladándolo al hígado y disminuyendo la posibilidad de enfermedad cardiovascular.
  8. Disminución de la presión arterial sistólica y diastólica en pacientes diabéticos con hipertensión.
  9. Neocapilarización y recapilarización.

Chipkin SR, Klugh SA, Chasan-Taber L. Department of Medicine, Tufts University School of Medicine, USA. stuart.chipkin@bhs.org en “ Exercise and diabetes” (16) resume las siguientes ganancias y los efectos adversos de la actividad física.

  1. Disminuye los niveles de glucemia
  2. Disminuye los requerimientos de insulina al mejorar la sensibilidad.
  3. Aumenta el gasto calórico y mejora la imagen corporal
  4. Mejora el perfil lipídico
  5. Disminuye los factores de riesgo cardiovascular
  6. Mejora la sensación de bienestar y buen humor
  7. Puede propender a la integración social.

Posibles Efectos Adversos

  1. Posibilidad de aparición de hipoglucemia precoz y/o tardía hasta 24 horas después de practicarlo.
  2. Hiperglucemia inducida por el ejercicio: En el niño diabético la respuesta al ejercicio intenso e inhabitual es anormal y puede producir hiperglucemia.
  3. Hiperglucemia y cetosis, especialmente en niños con déficit de insulina o mal controlados.

Conclusiones

  1. Actividades de ejercitaciones intensas podrían provocar hipoglucemias o cetoacidosis, dependiendo del nivel de suficiencia insulínica, el conocimiento de cómo manejar y contrarrestar estos parámetros, hace que el individuo diabético no prescinda de los mismos y se convierta en un "sedentario", potenciando así, los posibles efectos de su enfermedad sobre la función cardiovascular y otros órganos vitales. La participación deportiva regular es importante también en el aspecto psico-sociológico, contrarrestando los efectos emocionales negativos de la diabetes, a través del aumento del auto imagen, de la autoestima, y de la plena integración social, reduciendo estados de stress, angustia y depresión.
  2. Si bien es cierto que en general no están claros los efectos directos y beneficiosos de la (AF) sobre el sistema cardiovascular, se sabe que si influye positivamente sobre otros aspectos de la salud como promover la pérdida de peso, normalización de hipertensión arterial, como el control de la glucemia en los diabéticos, control de los triglicéridos y colesterol plasmáticos en valores normales, todos ellos de suma importancia para un funcionamiento óptimo del sistema.
  3. En la diabetes Tipo 1, aunque reduce los requerimientos de insulina, no suele modificar el control glucémico y son los que tienen a menudo dificultades para regular los niveles de glucemia durante y después de las sesiones de entrenamiento
  4. Entre las (AF) más recomendadas en personas con (DM), están aquellas de baja a mediana intensidad e impacto como el caminar, ciclismo, la natación el trote, correr, bailar, etc., no siendo imposible realizar actividades de alta intensidad si se toman ciertos recaudos ya mencionados, aunque si, menos recomendados.

Bibliografía

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Resumen
Introducción: La Diabetes Mellitus, (DM) enfermedad considerada la 6ta. causa de muerte en el mundo, cuya población se encuentra afectada en un 7% sin distingo de edad, sexo, raza y nivel socio-económico en países desarrollados o en vía de desarrollo, a concertado la preocupación y ocupación de la ciencia en busca de mitigar las causas de este flagelo. La (DM) es una de las enfermedades que mayor riesgo comporta para el desarrollo de enfermedad coronaria, estimándose que en relación a la población general es entre dos y cuatro veces superior. La existencia de diabetes empeora el pronóstico de la enfermedad coronaria y así, la mortalidad postinfarto en estos enfermos duplica a la observada en los pacientes no diabéticos. La Actividad Física (AF) es utilizada actualmente como uno de los medios terapéuticos para mantener y mejorar la calidad de vida en gral. de las personas, tanto las sanas como las enfermas. El sistema cardio-circulatorio es sin dudas el principal beneficiado con la misma, puesto que su buen estado y funcionamiento, minimiza los efectos catabólicos que la enfermedad produce.
Objetivos: Indagar sobre (DM) cuánto, y que tipo de (AF) impartida de manera regulada, sistematizada, continua y con evaluación permanente, sugiere la literatura mundial como conveniente para ayudar a mantener ideales niveles de calidad de vida, y si previene (en que medida) o retarda, posibles complicaciones cardiológicas en personas con (DM)
Material y Método: revisión bibliográfica científica y actualizada sobre la (AF) en diabéticos (Tipo I y II) de diferentes poblaciones, edades y sexo, y su incidencia en el sistema cardiovascular.
Conclusiones:
1-Actividades de ejercitaciones intensas podrían provocar hipoglucemias o cetoacidosis, dependiendo del nivel de suficiencia insulínica, el conocimiento de cómo manejar y contrarrestar estos parámetros, hace que el individuo diabético no prescinda de los mismos y se convierta en un “sedentario”.
2- La participación deportiva regular es importante también en el aspecto psico-sociológico, reduciendo estados de stress, angustia y depresión.
3- Si bien es cierto que en general no están claros los efectos directos y beneficiosos de la (AF) sobre el sistema cardiovascular, se sabe que si influye positivamente sobre otros aspectos de la salud como promover la pérdida de peso, normalización de hipertensión arterial, control de la glucemia en los diabéticos, control de niveles de triglicéridos y colesterol plasmáticos en valores normales; todos ellos, de suma importancia para un funcionamiento óptimo del sistema.
4- Entre las (AF) más recomendadas en personas con (DM), están aquellas de baja a mediana intensidad e impacto como el caminar, ciclismo, la natación el trote, correr, bailar, etc., no siendo imposible realizar actividades de alta intensidad si se toman ciertos recaudos ya mencionados, aunque si, menos recomendados.

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Publicación: Noviembre de 2007